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Plan FÉNIX Compromiso ciudadano de paz

La iniciativa apuesta por la solidaridad y la reconstrucción no solo de inmuebles, sino de lazos sociales entre bolivianos.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 15 de enero de 2020

Yo lo hice”, dijo con honestidad la vendedora que había sido filmada agrediendo a un manifestante, durante los días de conflicto, en noviembre del año pasado.

Lo afirmó haciéndose responsable de lo que  había sucedido. Desde ese momento, la sorpresa de Claudia Cárdenas ante la actitud conciliadora de las comerciantes que trabajan en la 21 de Calacoto (esq. Pankara) no dejó de crecer. La cochabambina que vive en La Paz hace tres décadas escuchó los relatos de quienes además le mostraron otro video donde también se retrataba aquel momento tenso. 

“El video que circuló por redes sociales fue editado con malicia. Ella también había sido agredida. Aunque eso no la justifica, admitió que reaccionar así había sido un error y la asociación la castigó. Durante dos semanas no pudo salir a vender”, relata la economista que se dedica a administrar fondos de responsabilidad social, para diferentes empresas.

Escuchar la versión de las vendedoras fue una de las actividades del Plan Fénix —iniciativa ciudadana liderada por Claudia— que se ha propuesto ayudar a reconstruir los lazos sociales que se rompieron en los enfrentamientos y a colaborar con quienes salieron afectados médica y económicamente.

La distancia se transformó en los lentes a través de los cuales Claudia vio los momentos más álgidos de la crisis política que Bolivia atravesó. Esto porque se estaba en Estados Unidos como invitada en un encuentro de mujeres líderes que dialogaban sobre experiencias de cultura de paz.

“Fuimos a conocer iniciativas que trabajan en la frontera entre México y Estados Unidos, que tienen experiencias con grupos muy violentos.  Aprendí que como ciudadanos podemos hacer mucho. Ahí paré de llorar”.

Retornar a La Paz se convirtió en una peripecia que le dio tiempo para pensar en qué es lo que quería hacer. Luego de más retrasos en Santa Cruz, encontró a cerca de 300 personas bloqueando las puertas del aeropuerto de El Alto. Allí logró negociar con los manifestantes y esto le mostró con hechos que escuchar las ideas de los otros y conversar sobre las de uno tiene un resultado sobrecogedor: la movilización la dejó pasar, con algo más de esperanza y muchos abrazos.

Ya el 14 de noviembre, tenía un grupo de más de 30 personas en su sala, dispuestas a escucharla y apoyar el proyecto. “Al principio solo queríamos ayudar a reconstruir las casas que habían sido quemadas, sin fijarnos en los partidos políticos de los dueños. Las redes sociales estallaron y los insultos y mentiras comenzaron. Poco después teníamos más del doble de dinero recaudado, gracias al apoyo de la gente y las empresas que me conocen”.

A las dos semanas, el proyecto había crecido, así que replantearon lo que querían hacer. Ya no se trataba solo de colaborar a reconstruir casas, sino aportar con las emergencias médicas, negocios vandalizados, cocinas solidarias, rehabilitación de retenes y “fomentar escenarios para reconstruir el tejido social paceño”, detalla. Para ello pidieron donaciones, organizaron una kermesse y una fiesta y vendieron poleras y escudos de la resistencia. 

Ver caer los muros calcinados del  módulo policial de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de El Alto se transformó en un momento simbólico para los miembros del Plan  Fénix, entre los que se encuentran Víctor Espinoza, Marcela Pallaoro, Adriana Espinoza y Álvaro Ugalde. Las ruinas eran un monumento dejado por la violencia y derribarlas, para dejar el espacio limpio para construir algo nuevo, fue un bálsamo tanto para los voluntarios como para los policías.

Con cada actividad la iniciativa dejó de ser un programa de emergencia para transformarse en un sueño a largo plazo. Una propuesta que desea permanecer 100% ciudadana, para que lo  aprendido de la crisis no se pierda. “La meta es ser la mejor versión de nosotros mismos, los bolivianos. Que la empatía y el respeto sean valores cotidianos, que no pierdan su lugar. Por eso vamos a seguir ayudándonos”.

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