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Las Plumas del Mukululu

El baile con elementos del arte plumario rescatado de aves muertas es practicado cada vez por menos gente.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Pomar Crespo

00:00 / 09 de agosto de 2015

En la población de Yaurichambi, municipio de Batallas, provincia Los Andes de La Paz, viven don Francisco Mamani y don Serapio Quispe, comunarios residentes de esta región agrícola del lago Titicaca y antiguos intérpretes del Mukululu, danza que aún contiene elementos del arte plumario, a manera de tocados, llamados panqarillas (en aymara).

Según el antropólogo Milton Eyzaguirre, jefe de Extensión del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), la danza que tiene su origen en la interpretación de la qina pusip’ias (aerófono de cuatro agujeros), simboliza la “caza del zorro”, aunque otras investigaciones dicen que el término mukululu significa “hormigas pacíficas”, de ahí el estilo de la vestimenta. “Esta danza se origina en evocación a una wak’a, que posteriormente, durante la colonia y por el proceso de sincretismo religioso, es identificada con la Virgen de la Natividad”, se lee en un documento de la Dirección de Culturas de la Gobernación de La Paz, elaborado en 2009.

Don Francisco comenta que ya quedan pocos intérpretes de la danza, él recuerda que en los años 40 del siglo pasado la veía ejecutada por sus papás, especialmente en la Fiesta de la Cruz, el 3 de ­mayo de cada año. Actualmente quedan 12 de los 20 componentes que solían representarla en Yaurichambi. “Ocho han fallecido, creo que la danza va a morir con nosotros, los jóvenes ya no quieren aprender a tocar ni a bailar”, afirma desconsolado.

Actualmente, la danza del Mukululu “está identificada como danza ritual y ceremonial, ligada al ciclo agrícola, de tal modo que su interpretación constituye una súplica y petición a las deidades aymaras. El acompañamiento del k’usillo simboliza la incertidumbre del futuro de la comunidad respecto a la cosecha de cada año”, se explica en el catálogo de danzas autóctonas publicado por la exprefectura paceña.

En su ejecución participan mujeres y hombres formados en dos filas. Estos últimos tienen doble tarea: deben interpretar y bailar los ritmos musicales, que se asemejan a los huayños pero más lentos. Para el Mukululu, indica don Serapio, “primeramente los varones deben aprender a tocar el pusip’ia, instrumento que acompaña los compases del baile, luego se debe elaborar la vestimenta”. La de los varones lleva borlones multicolores, tejidos con lana de llama y oveja, que destacan en la indumentaria compuesta por un pantalón negro, camisa blanca, chaleco y una sobrefalda plisada blanca, llamada sawanilla, que se sujeta a la cintura.

Sobresale también la pankarilla, que se lleva en la cabeza ajustada a un sombrero. Este arreglo, a manera de tocado, es confeccionado con un armazón de cañahueca. Simboliza a la flor de papa y sus follajes verdes, representados con plumas de wallata, un ave de la zona, y algunas veces se agregan flores del lugar.

Las plumas de estas aves son utilizadas una vez muertas, descartando su caza furtiva. Según don Serapio, las restricciones establecidas en las leyes del cuidado de la avifauna impiden la elaboración de los adornos de los sombreros. En ese sentido, la XXIX Reunión Anual de Etnología (RAE), dedicada este año a “La Rebelión de los Objetos, Arte Plumario” —a realizarse en el Musef del 17 al 21 de agosto en la ciudad de La Paz y el 3 y 4 de septiembre en Sucre— dialogará en forma horizontal sobre la creación, producción, uso y distribución de los objetos plumarios, que desde tiempos ancestrales se emplean a manera de adornos o tocados en el área rural de las tierras altas y bajas de Bolivia.

La RAE tiene un carácter científico y académico, y es el evento más antiguo en el área de la Antropología y las Ciencias Sociales en Bolivia. En los últimos años, este evento se ha dedicado a los objetos que contiene el Musef: en 2013 se estudió la cadena operativa del tejido y en 2014 la cerámica. Este año el arte plumario será estudiado desde su producción y la vida social que cumple. “Los objetos interpelan constantemente a sus usuarios y observadores, no como cosas acabadas sino como sujetos construidos desde cadenas operativas. La propuesta se aproxima a los procesos de elaboración, para examinar los materiales usados y sus formas de tratamiento, las técnicas y tecnologías empleadas, además de los cambios y continuidades registrados a través del tiempo y según la región”, se lee en el catálogo de la convocatoria. Una de las mesas abordará las consecuencias de los objetos en diversas áreas: la legislación nacional e internacional con respecto a la biodiversidad y el negocio de objetos prohibidos. Como testimonio se presentará un libro de las investigaciones que se ponen a consideración del público. Don Francisco y don Serapio sonríen por la noticia.

Lo que dice la ley

Según la Ley 1333 de Medio Ambiente, el uso de plumas en indumentarias folklóricas u otras está prohibido porque atenta contra la biodiversidad. La Constitución Política del Estado limita el uso de estos elementos a los usos y costumbres de los pueblos originarios, prohibiendo su uso comercial en las entradas folklóricas. Existen productos alternativos que pueden ser utilizados para los bailes. Los artesanos suelen fabricar plumas y pieles sintéticas, así como quirquinchos de madera.

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