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Postales de Corocoro

A través de imágenes se hace un recuento de los inicios de los ch’utas en el municipio paceño.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 26 de febrero de 2020

Una, dos, tres, cuatro fotos… poco a poco la mesa de madera se llena de imágenes antiguas, la mayoría en blanco y negro, mientras que otras están pintadas con acuarela. De esa manera, Roberto Verástegui Machicado muestra recuerdos de los ch’utas de Corocoro, su pueblo natal.

Junto con el Pepino, el Ch’uta se ha convertido en el personaje infaltable del Carnaval paceño, quien baila y salta por las calles con su pantalón ancho y chaqueta ajustada al cuerpo. Y para ocultar su identidad lleva en el rostro una máscara de alambre, que muestra a una persona de ojos azules y barba rubia.

Los municipios de Corocoro y Caquiaviri se disputan la paternidad de esta danza desde hace mucho tiempo. Por ello, como salida salomónica, el Gobierno Autónomo Departamental de La Paz emitió   —en noviembre de 2011— la Ley 184, que declara Patrimonio Histórico Cultural e Inmaterial del Estado de Bolivia a la Expresión Artística Cultural Viva del Ch’uta, que reconoce a la provincia Pacajes —donde están los dos municipios enfrentados— como la cuna de esta danza.

Si bien la controversia seguirá, no es óbice para que Verástegui muestre fotos y recuerdos de los ch’utas de su Corocoro querido. Para comenzar, de la mesa que está repleta de libros, revistas, recortes de periódico y archivos fotográficos, el exdirector de Cultura y Turismo de aquel municipio saca la imagen de su pueblo de inicios del siglo XX, donde, entre las casas de techos de teja, hay un espacio que parece ser la plaza principal, donde gran cantidad de personas se reúne para, aparentemente, compartir una fiesta.

“Llegaban de todo lugar por la codicia del cobre, que por entonces era fundamental para la electricidad”, cuenta. La región es un importante reservorio cuprífero, explotado desde la época prehispánica y que alcanzó importancia en la economía boliviana en las primeras décadas del siglo pasado. Gracias a ese apogeo, pese a estar a casi 100 kilómetros de la sede de gobierno, Corocoro llegó a tener 20.000 habitantes, con gente proveniente de Alemania, Francia, Inglaterra, Libia, Siria, Suiza, Turquía, Chile y Perú,  además de colonias judías, describe Verástegui.

El otro habitante del pueblo era el pongo, quien, de acuerdo con el escritor boliviano Tristán Marof —pseudónimo de Gustavo Navarro—,  era considerado “un sirviente de ínfima calidad, sin derechos, pero con un rosario de obligaciones que no terminan jamás”.

Una manera de insubordinarse de los hacendados —de manera indirecta e irónica— fue a través de la danza, específicamente en el Carnaval. “Por eso se bailaba ch’utas, para rebelarse contra el patrón”, confirma Verástegui.

Durante su estadía en el pueblo, los extranjeros llevaron sus costumbres y tradiciones. Por ello, los lugareños se copiaron la chaquetilla de torero español para confeccionar la parte superior del traje del Ch’uta, mientras que el pantalón era abombado y apretado en la cintura. En aquel entonces sobresalieron las familias Altamirano, Coriza y Jiménez, entre otras, como artesanas de estos disfraces. “Los bordadores compraban el paño para el traje de la empresa Soligno, con el rojo y verde como colores recurrentes”, recuerda Verástegui, quien interrumpe la entrevista para entrar a una habitación de su casa y sacar varios trajes antiguos de ch’utas.

En efecto, cada vestimenta tiene esas tonalidades, además de innumerables bordados, que muestran, principalmente, toros, ovejas, figuras de mujeres y canastas para cosechar papa, además de ramas y flores. “Es que también es una celebración por la abundancia, en la época del Jallupacha (época de lluvias)”, explica.

Por su parte, Santiago Chavarría —y ahora sus descendientes— se encargó de hacer las caretas, indica Verástegui. Tomando en cuenta que los patrones extranjeros eran la tez blanca, el artesano empleaba los desechos de malla milimétrica que se usaba para cernir mineral en el ingenio, la que prensaba en un molde de madera para formar un rostro humano.  Para hacerse la burla de la piel blancoide del patrón, las caretas eran pintadas de rosado, con ojos celestes, azules o verdes.

Con el fin de simular la barba y el bigote tipo kaiser que estaban de moda entre los foráneos, los artesanos iban a la pulpería —donde se distribuían los alimentos para los mineros— para recolectar las colas de los toros faenados, que las remojaban durante al menos dos semanas con el fin de dominar los pelos del animal y formar con ellos unos bigotes y barbas rubios.

Para completar la mofa a los patrones, los ch’utas —con voz de falsete— hablaban en aymara y les decían aka khuchi achachi (“este viejo cochino”) o los señalaban y les calificaban de k’ara ppekke (de cabeza pelada o calva). “Como el patrón desconocía el significado, solo se reía”, comenta el exfuncionario municipal.

Es por esa razón que los pobladores disfrutaban de las carnestolendas. Por ello es que se reunían en la plaza principal, para bailar, beber, compartir y mofarse de los patrones extranjeros.

“El traje de ahora ya no es como el del Ch’uta de Corocoro. Ahora bailan saltando, hay otros que se mueven como si fuera llamerada, lo han estilizado mucho”, asevera el exempleado municipal, quien vuelve a la mesa y muestra cada una de las imágenes de Corocoro de antaño, donde se ve a los ch’utas reunidos en las afueras del campamento minero o en el campo.

Verástegui se detiene en una de las imágenes, donde, en medio de un grupo de empleados, aparece una persona de tez blanca, de ojos claros y bigote, similar a la careta de los ch’utas.

A pesar de atesorar hasta el momento más de 200 fotografías, varios libros, revistas y recortes de periódico, el exempleado municipal asegura que existen muchos más documentos sobre el Carnaval, que tal vez desaparezcan entre los recuerdos de otras familias del lugar. Por ello es que convoca a los corocoreños para reunir todo el material disponible y, tal vez dentro de poco tiempo, abrir un museo del Ch’uta en el pueblo de Corocoro.

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