Escape

Puenting ¿Por quién saltarías?

Andean Treck ofrece la salida a un puente, para desafiar al temible vértigo.

Intrepidez. No hay vuelta atrás. Ya ha saltado y ahora disfruta de la caída, o quizás no tanto. La experiencia dura unos cuantos segundos, pero parecen más; mientras los demás aventureros observan y sacan fotos y videos de esta prueba que pocas veces se repite. Foto: Edwing Romay

Intrepidez. No hay vuelta atrás. Ya ha saltado y ahora disfruta de la caída, o quizás no tanto. La experiencia dura unos cuantos segundos, pero parecen más; mientras los demás aventureros observan y sacan fotos y videos de esta prueba que pocas veces se repite. Foto: Edwing Romay

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández / La Paz

00:00 / 11 de junio de 2017

Atentos!”, grita Óscar Sandóval a la muchedumbre que aguarda su turno para practicar este deporte extremo. El primer osado ya está parado sobre la baranda de uno de los puentes que conecta La Paz con los Yungas, exactamente en el kilómetro 79, donde se encuentra la plataforma más larga y la caída más honda de este sector. Lo que está a punto de hacer no se lo practica cualquier día, sino una vez al mes, por intermedio de la empresa Andean Treck, que organiza una imperecedera jornada de puenting.

El puenting o puentismo consiste en hacer un salto al vacío, con la seguridad de tener puesto un arnés que, a su vez, está conectado a una cuerda dinámica de escalada. Una de las características de esta actividad es que el descenso se realiza como si fuera un péndulo. Al saltar, el aventurero tiene que alejarse la mayor distancia posible. Para cuando la cuerda se tensa, el cuerpo se balancea por debajo de la estructura y queda suspendido en el aire.

A punto de saltar, Lucía se amilana y no consigue su objetivo.

La teoría es muy diferente en la práctica. Prueba de ello es que la comitiva que se encuentra en el puente, cuando se acerca el turno, siente ansiedad y una carga emocional intensa, una liberación de adrenalina. “Solo quiero subir y que se haya terminado esta cuestión”, comenta la cada vez más acongojada Lucía López, una diseñadora gráfica que aceptó el desafío que su amiga le hizo a través de Facebook.

En cuanto Óscar le ajusta el arnés de cintura y pecho, a Lucía se la siente más afligida, lo cual se nota en la sonrisa que exuda nerviosismo. El casco de seguridad ya protege su cabeza y los guantes de goma ya cubren sus manos, señal de que está todo listo para que suba a la baranda. “No sé qué va a pasar”, dice ella, mientras no deja de mirar el suelo que está lleno de árboles, vegetación y el sonido del río que acompaña el silencio de la espera.

Con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en la baranda, una muchacha está a punto de sentir la experiencia de hacer puenting.

Lo mejor segundos previos al salto es no pensarlo mucho, aunque cueste demasiado. En cierto momento se dejan de escuchar los gritos de apoyo de los compañeros de viaje y en su lugar se siente el latir cada vez más rápido del corazón, mientras la respiración se agita más y más. La seguridad está garantizada, ya que para practicar este deporte se utilizan tres cuerdas dinámicas (que pueden estirarse hasta un 40%), mientras que cada viajero tiene puesto dos arneses y tres mosquetones, con el objetivo de que se evite cualquier posible falla.

“Quiero que se termine”, suplica Lucía para sí misma. Todavía no ha hecho el impulso definitivo. Ni lo hará. “¿Estás lista?”, pregunta el guía con más de 15 años de experiencia. “Sí”, responde con determinación, aunque su mirada delata el miedo a las alturas y al riesgo de saltar 30 metros. Entonces sus ojos parpadean de manera constante, sus pensamientos se entremezclan hasta convertirse en un peso que no deja dar ningún paso ni mover los brazos. “¿Vas a saltar”? El suspenso se apodera de Óscar y de todos los que aguardan la respuesta. Una de las principales reglas de Andean Treck es no obligar a saltar del puente. Y Lucía desiste.

Con el pelo suspendido en el aire, el salto desde el puente del kilómetro 79 de Coroico es perfecto.

En cambio, Tatiana Zabala está tranquila. La administradora de empresas ha dejado en una gaveta sus múltiples actividades para formar parte del grupo que se encuentra en el puente. Con los brazos cruzados y apoyada en la baranda, espera el momento de estar debajo del precipicio. “Los nervios los sientes ahí arriba”, aclara al momento de ajustarse el arnés de la cintura. Su tranquilidad también se explica porque hizo su primer salto en el mismo lugar hace un mes. “La sensación de adrenalina es increíble, me encantan los deportes extremos y éste me parece algo alucinante, que debía repetir”.

“Queremos que este emprendimiento crezca, que el boliviano conozca que se puede vivir de otra forma y disfrute de la naturaleza”, afirma Óscar, el creador de Andean Treck junto a unos amigos afectos a esta clase de actividades, en especial el puenting, que lo organizan, aparte de Coroico (La Paz), en Mizque (Cochabamba) y en la carretera a Samaipata (Santa Cruz).

María José Quiroga fue quien retó a Lucía para inscribirse en este desafío a la altura. “Voy a saltar después de ella. Con todo”. Está decidida a hacerlo, aunque tampoco deja de pestañear constantemente y de mostrar una sonrisa nerviosa.

Ya encima de la baranda, la concentración apunta a un lugar difuso, cuando los pensamientos se entremezclan con el aire y ponen tensos todos los músculos. María José lo siente, pero se sobrepone. Agita los brazos en vaivén como para darse ánimos.

“¿Estás lista?, pregunta el guía. “¡Sí!”, grita ella, mientras sigue moviendo los brazos. “¿Vas a saltar?”, consulta. “Sí”. Ese momento es determinante, como si se hubiera dado el primer paso. “¿Por quién?”. Muchas veces no interesa por quién o por qué. Sale en ese instante y ayuda a distenderse. “Tres, dos, uno... ¡Salta!”. El miedo, la motivación para saltar y el grito son diferentes, pero la emoción es la misma. ¿Lo harías? lTexto: marco Fernández R.

Empezó con dos puentes

El nacimiento del puenting tiene fecha y lugar exactos. De acuerdo con puenting.net, ocurrió el viernes 15 de junio de 1973, en la frontera entre Cruseilles y Allonzier-la-Caille, unos 20 km al norte Annecy (Francia). Sucede que Helmut Kiene, un escalador alemán, ató una cuerda a uno de los dos puentes existentes sobre el río Les Usses, con el objetivo de llegar a la otra estructura. La distancia entre ambas plataformas es de 50 metros, por lo que preparó un enorme péndulo, ante una profundidad de 147 metros. Después de haber hecho el salto subió a través de progresión especial y los rudimentarios útiles de aquellos tiempos, aunque igual necesitó la ayuda de dos amigos, quienes no se atrevieron a acompañarlo en la aventura. Como cualquier ser humano, Helmut sentía miedo y temía que podía pasar lo peor, así que antes de ir a los puentes consultó a su cuñado si la cuerda podía aguantar el tirón de la caída. Las cuerdas de escalada, según le explicó su familiar, están fabricadas para descensos de hasta factor 2, es decir que aguanta lo suficiente. Así que no hubo excusa para que no lo hiciese.

DATOS

La jornada de puenting en Coroico suele llevarse a cabo una vez al mes. El paquete cuesta  Bs 220, incluye transporte ida y vuelta entre La Paz y el puente del kilómetro 79, guías especializados y equipo de primera calidad. El principal requisito es que el participante sea mayor de edad y tenga condiciones físicas aceptables. Obviamente, no es recomendado para mujeres en etapa de gestación ni personas con problemas cardiacos.La gente que esté interesada en tener una jornada imperecedera puede contactarse al teléfono celular 78336644 o en la red Facebook a través del muro de Andean Treck.

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