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Qotzuñi Urus: En pos de un lenguaje en común

Los ‘hombres del lago’ de Urus Chulluni (Puno, Perú) recibieron a sus hermanos de Chipaya, Irohito de Jesús de Machaca y Poopó. Los niños aprendían la letra ‘e’ con la imagen de un elefante, hoy la educación uru busca ser intracultural.

La Razón (Edición impresa) / JORGE QUISPE

00:00 / 14 de julio de 2013

En la isla flotante de Uru Patani, en Puno (Perú), a unas cuatro horas de la ciudad de La Paz (Bolivia), los niños no tienen ningún problema en saludar  en inglés, francés, español, aymara y quechua. Pero, cuando se les pregunta si hablan uru, el idioma de esa nación peruano-boliviana, agachan la cabeza y dicen que no.

El patio de la escuela “70682”, según la nomenclatura peruana, se zarandea  con el correr de medio centenar de escolares. Y así es todos los días, porque está asentada en un islote flotable, de los 76 que existen en la bahía puneña, construido sobre bloques de raíces de totoras. Hace muchos años, el idioma nativo de los urus peruanos florecía en estos lugares, pero luego se tambaleó y finalmente desapareció.

En 2008 se publicó un estudio de Survival International, organización mundial que trabaja por los derechos de los indígenas, y que daba cuenta de que cada dos semanas muere una lengua nativa.

El uru aún se habla en Bolivia, pero el peligro de la desaparición está latente. “Si un idioma muere, muere el pueblo”, reflexiona Alberto Cuadros, director del colegio Urus Chulluni, comunidad del mismo nombre, anfitriona del Primer Encuentro Binacional de Educadores y Sabios de los Pueblos Urus, que se hizo la pasada semana en Puno, con el lago Titicaca de fondo, y que reunió además a los Irohito Urus, de Jesús de Machaca de La Paz, Uru Chipayas y Urus del lago Poopó, de Oruro.

La palabra uru es aymara y significa los del aurora o amanecer y, según el arqueólogo Arturo Posnansky, así los llamaban los aymaras por su afición a cazar y pescar por las noches y durante las madrugadas (uru). No obstante, los urus se consideran qhas qotzuñi (hombres del lago).

Sobre el Titicaca, en el pueblo de Urus Chulluni, nació y se formó Rita Suaña Coila, que ahora se dice ilusionada de que un día los niños urus de las islas peruanas de esa municipalidad puedan hablar el idioma de sus abuelos. “Éste es el comienzo de una nueva era; ahora sólo esperamos que los sabios urus bolivianos puedan ayudarnos a recuperar nuestro lenguaje”.

Según Isaac Ticona, director de Machaqa Amawta, los urus fueron invisibilizados—por los aymaras y quechuas hasta hace unos diez años— y, si bien ahora han sido reconocidos como Nación Uru en Bolivia, por las normas educativas y las misma Constitución Política del Estado, queda mucho por hacer en la parte pedagógica para que sus conocimientos, por ejemplo de la antigua lengua y otros como sus ciencias, pervivan.   

Machaqa Amawta, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Educación sin Fronteras (ESF), Liechtensteinischer Entwicklungs Dienst (LED), junto al Consejo Educativo de la Nación Uru en Bolivia organizaron este primer encuentro en la municipalidad turística de Urus Chulluni, donde los qhas qotzuñi de ambos países se volvieron a encontrar con el Titicaca como testigo.  

El balserito de Puno/ ya va surcando/ las aguas del Titicaca/ soportando las oleadas/ sin conocer peligro... Así dice parte de la letra del tema El balserito del Titicaca, que los niños de la escuela “70682” cantan para dar la bienvenida a sus pares bolivianos en el patio de su unidad educativa.

La elección de la canción no es casual, porque allí cada uno de sus pobladores se consideran verdaderos hombres del lago. “Nuestros abuelos decían que sus paisanos vivían en Perú y ahora estamos en el proceso de recoger los conocimientos y seguimos queriendo incluso reunirnos”, había dicho en 2005 Siriaco Inda, presidente del Consejo Educativo de la Nación Uru en Bolivia.

Tres años después, en 2008, los niños de los cuatro pueblos se dieron cita en Puno en el Primer Festival Infantil Educativo, pero no fue hasta la pasada semana en la que se habló de crear un solo sistema curricular para toda la Nación Uru en Bolivia y Perú, en conjunto.

“Tenemos que recuperar nuestro idioma y nuestra educación, pero respetando nuestra identidad”, explica Suaña Coila mientras invita a los bolivianos a participar del apthapi, la mesa común donde los karachis, las papas, el chuño y la oca son los ingredientes de lujo de la comilona andina lacustre.

Suaña, como la mayoría de los urus peruanos, aprendió a leer y escribir con el español, pero le hubiese gustado hacerlo con su uru ancestral. “Queremos aprender de los sabios bolivianos urus”, reitera la mujer que viste una pollera verde fosforescente y una chaqueta fucsia, la vestimenta tradicional de los urus peruanos.

A dos metros de ella, Germán Lázaro, lingüista uru proveniente de los Urus del lago Poopó de Oruro, saborea un suculento wallaque. Éste cree que la enseñanza del idioma propio debe partir también de la familia. “Mis primeros maestros fueron mi papá y mi mamá. Ellos me decían: así se hace un corral, así se saca la excavación de los canales para el río, esto no se dice, así se respeta a los mayores, y yo los imitaba. Yo aprendí jugando”, resume Lázaro enfundado en un poncho de lana de llama y un sombrero hecho de totora.  

Germán hace esa reflexión porque hubo un momento en el que algunos maestros llegados de las ciudades les enseñaban al abecedario con animales que los niños ni habían imaginado que podían existir. “Nos enseñaban la letra ‘e’ con el dibujo del elefante, un animal que jamás habíamos visto”, recuerda Juan Bautista, director distrital de Educación de Jesús de Machaca, territorio donde están asentados los Irohito Urus.

Entre los cuatro pueblos urus, los chipayas son los más adelantados al poseer incluso un alfabeto, mientras que los Irohito de Jesús de Machaca hablan poco la lengua, porque predomina el aymara; algo similar pasa con los urus del lago Poopó, y en Chulluni ya no quedan personas que hablen el uru ancestral.

Bautista admite que existen diferencias dialectales en pronunciación en cada uno de los pueblos, pero añade que no habría mucho problema en unificarlos teniendo como base el uru de los chipayas.

A la par del idioma, Bautista habla de rescatar también otros conocimientos.

Etnomatemática y más

A partir del encuentro con los urus peruanos, los educadores bolivianos creen que se debe pensar en una sola malla curricular binacional y por eso hablan incluso de recuperar la etnomatemática.

La forma de enseñanza es considerada una disciplina de la matemática educativa que se enriquece con los saberes históricos, filosóficos, geográficos y antropológicos de los pueblos. Por eso, y sin saber del sistema métrico occidental, los indígenas y en particular los urus —según Bautista— utilizaban otras medidas como la chía, que equivale a unos 20 centímetros; la brazada,  a un metro y la legua que es comparable a los cinco kilómetros.

“Todo esto también debe estar en el currículo que pretendemos armar y que consiste en aplicar los conocimientos de cada pueblo”, precisa el educador ante aproximadamente un centenar y medio de educadores y sabios urus de Perú y Bolivia, de ambos sexos, reunidos todos en el patio de la escuela puneña.

Así como la etnomatemática debería ser implementada en el currículo educativo uru, Germán Lázaro considera que es necesario recuperar la ciencia cósmica. “La lógica de ver las khanas y las chakanas (constelaciones estelares de la cosmovisión andina) para aprender sobre el tiempo y lo que vendrá después, es algo que se está perdiendo”, reflexiona mientras fija su mirada en el cielo azul de invierno.

“La relación con el agua y el cielo es vital”, precisa Lázaro, y añade que, en los años 80, el caudal del río Lauca, por cuyas inmediaciones viven los urus del Poopó, daba en abundancia líquido límpido y peces para sus moradores, pero en los años 90 el nivel de las aguas se redujo. “Ahora ya no tenemos casi nada en los ríos y eso quizás es porque ya dejamos de ver en las estrellas que antes nos avisaban todo; no lo hicimos más y ahora tenemos que readecuarnos y apuntar a la agricultura”, puntualiza el uru.  

Rafaela Lázaro Mamani pasó la barrera de los 60 años, pero aparenta tener 50 o menos. “El secreto es comer sano y curarse con la medicina natural”, revela la mujer chipaya, el pueblo más representativo de los urus y que habita en las riberas del río Desaguadero. Éste nace en La Paz y llega al departamento de Oruro.

Detrás de un unku o traje color tierra con capucha que esconde su cabellera trenzada, Rafaela es una de las sabias llegadas de Bolivia para el encuentro en Puno. “Hablan de nuestra lengua, pero lo primero que tienen que hacer nuestros hermanos peruanos es organizarse como lo hicimos nosotros una vez”, adelanta la mujer. Así nació el Consejo Educativo de la Nación Uru en Bolivia.

Para ella, la medicina natural es el mejor regalo que recibió de sus padres y abuelos. Tal sería la razón por la que hasta ahora jamás ha necesitado acudir a un hospital. “No conozco eso, pero sí conozco la castillura, una pequeña planta que alivia el dolor de cabeza, la lampaya y la khaya que curan el dolor de estómago”, enumera la mujer en castellano.

Y una a una, cita plantas y las aplicaciones en el cuerpo humano. “Somos mujeres de agua, pero la medicina viene de la tierra que nos da la llarita (pequeña hierba),  por ejemplo, que es buena para aliviar el dolor de muela”.

Lázaro Mamani va más allá. “Cuando al niño o a la niña les ha “dado aire”, hay que usar la caquita (heces) de la llama”, sorprende la mujer. En la medicina natural, el “aire” es un cuadro que se manifiesta con un decaimiento general, para el que la medicina tradicional suele no encontrar remedio, como dan ejemplos los asistentes a la reunión.  

En el pueblo de los Urus de Chulluni, cuando los niños tienen alguna complicación médica, los padres usan las lanchas con motor fuera de borda para que sean atendidos en las clínicas de Puno. “Pocos recuerdan cómo podemos curarnos con la medicina de los abuelos, por eso también quisiéramos que los sabios urus bolivianos vengan para enseñarnos”, desea Suaña desde una de las tres aulas de la escuela “70682”, donde los educadores hablan de éste y otros temas.

Así como los urus peruanos y bolivianos desean recuperar sus saberes, otros creen que también se debe pensar en la mama qota, madre lago que cada vez está más contaminada. “Sería muy lindo que nos enseñen a cuidar el medio ambiente, porque nosotros vivimos de la pesca y así lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos”, sostiene el maestro Alberto Cuadros. Su mirada se fija esta vez en la bahía de Puno, uno de los sectores más contaminados del lago Titicaca.

El 20 de junio, en el diario peruano La República se publicó que se necesitarían más de 10 millones de dólares para descontaminar el puerto puneño, un sector donde los desechos y las aguas servidas de los pobladores de unos 350.000 habitantes desembocan en el Lago Sagrado.

“Pasa lo mismo en el lado boliviano; el río Desaguadero (que desemboca en el Titicaca) está cada vez más contaminado, el nivel de las aguas ha bajado y ya no hay peces como antes”, confiesa Feliciano Álvarez, que vive en las riberas de la corriente. Además, la Bahía de Cohana, siempre en el lado boliviano, es uno de los sectores más dañados, según estudios de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).  

Álvarez cree también que los urus bolivianos deberían reclamarle mayor participación, a favor de la nación uru, al asambleísta nacional Benigno Quispe Mamani, que a su juicio hizo poco por sus paisanos. “El (Quispe) debería promover nuestra cultura”. El asambleísta Quispe es fácil de reconocer, pues asiste a las sesiones de la Asamblea Legislativa vestido como uru chipaya.

De las palabras a los hechos

Luego de dos días de intenso debate, celebración e intercambio —jueves 4 y viernes 5 de julio de 2013, para que conste en actas— , el director ejecutivo de Machaqa Amawta, Isaac Ticona, se muestra y se dice feliz. Se han sentado las bases para que los cuatro pueblos urus trabajen de manera conjunta con sus propios educadores y sabios, a los que se sumarán las autoridades originarias.

“Los urus han decidido recuperar su identidad lingüística, política y cultural, eso es lo más valioso de estas dos jornadas”, sintetiza el educador.

Se ha dado, efectivamente, el primer paso; la red de educadores ha quedado conformada con 70 representantes urus tanto de Bolivia como de Perú. Que todo marche según lo previsto dependerá de los coordinadores: Fausto Felipe Condori en suelo boliviano y Nicolás Chique Velasco en el lado peruano.

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