Escape

Rantés: rock paceño

El grupo cumple 14 años de trayectoria en los que se han reinventado para seguir pisando duro.

La Razón (Edición impresa) / Gemma Candela

00:00 / 02 de diciembre de 2012

Un día, llegó al hospital psiquiátrico del doctor Julio Denis un joven que decía ser mensajero de otro planeta. Todos lo trataban como loco, pero él hizo que el médico empezara a replantearse su propia vida personal y profesional. El joven se llamaba Rantés, y soltaba perlas del estilo: “Yo soy más racional que ustedes. Respondo racionalmente a los estímulos. Si alguien sufre, lo consuelo. Si alguien me pide ayuda, se la doy”. Éste es, resumidamente, el argumento de Hombre mirando al sudeste, una película argentina de 1986 dirigida por Eliseo Subiela. Del personaje aparentemente chiflado tomaron el nombre los Rantés paceños: una banda de rock compuesta por los hermanos Álvaro Gaviota (34) y Juan Pablo Flores, (37), bajista y vocalista y guitarrista, respectivamente, y por Mingo Ramírez (30), también guitarrista, y el batería Omar León (20).

Los hermanos son los únicos integrantes de la primera formación, compuesta también por Mauricio Ulloa, Iván Tórrez y Daniela Pabón. Entonces, venían salidos del conservatorio y tocaban folklore y nueva trova. Poco a poco, cuenta Juan Pablo, adoptaron un formato más “ecléctico” que, con los años, se ha ido electrificando. Ahora, hacen power rock, comenta Juan Pablo. Él compone el 99% de las letras, que también han ido variando con los años. “Antes tratábamos de hacer algo más poético. Ahora, es más vivencial”. También tienen algunas canciones de protesta, pero no es lo habitual.

Han ido abriéndose un nuevo camino, en todo caso. “Venimos de ser una banda de boliche”, aseguran. El Equinoccio y el Target Urbano son lugares habituales donde verles y escucharles. Ahora, están tratando de llevar el rock al teatro, para que llegue a otro tipo de público.

El 27 de noviembre cumplieron 14 años como banda rockera. Al principio, se dieron a conocer en el desaparecido Café de las Artes (donde hoy está el Espacio Simón I. Patiño). Algunos les han preguntado por qué celebran esta fecha y no una más redonda, por ejemplo, los 15. “Por ahí dentro de un año no estemos aquí”, explica Álvaro. Pero parece que los Rantés están “aquí” para largo, porque se han repuesto de la deserción de varios de sus miembros, se han reconvertido y, hace apenas un año, han dejado de lado la vestimenta “estándar” rockera para salir al escenario haciendo una performance, dicen ellos, vestidos de kusillos. Además, han sacado provecho de la diferencia de edad entre los miembros. Con la llegada de Omar han logrado que las nuevas generaciones de amantes del rock vayan a verlos. “Él solo tiene su propio club de fans”, bromea Mingo.

Cuenta Álvaro que no fue fácil conseguir las máscaras de kusillo, sólo había para alquilar. Pero lograron hacerse de cuatro. En un momento de efusividad durante una actuación, uno de ellos lanzó la careta al público. Luego, hubo que bajar a recuperarla. Por suerte, no fue difícil: “La gente estaba borracha”, cuenta el bajista.

Del batería cuentan (porque él es más callado que el resto) que fue la última “adquisición” de la banda, hace dos años.Todo empezó en un concierto al que faltó el entonces baterista, y Omar ayudó.

En cuanto a Mingo, era seguidor de Rantés. Era músico, pero de cumbia. “Le hicimos un favor, le libramos de ganar dinero”, ríe Álvaro. “Hay una cultura de que el rockero toca porque quiere”, señala Juan Pablo. Los chicos aseguran que, de la gente que conocen del ámbito musical, muy pocos viven de esto. Y también les pasa a ellos: el bajista y el batería sí se dedican al negocio, pero produciendo para otras bandas; el vocalista es odontólogo y el guitarrista es “contrabandista”, dice Álvaro, riéndose sin hacer aclaración alguna. Él tiene el estudio de grabación, donde produce y en el que la banda ensaya.

El 14 cumpleaños lo celebraron en el Equinoccio, allí donde presentaron su primer álbum, Cuentos Bizarros (2000). Entre los invitados hubo figuras de la esfera rockera boliviana.  

Después de Cuentos vinieron Túneles (2004, premio al mejor disco Rock and Bol), Antídoto (2008) y el último, Perros (2011), que es el que promocionan ahora .

El rock es un afrodisíaco

Los hermanos cuentan que sobre el escenario han conocido a sus esposas. Ahora, dejan la cancha libre para las nuevas generaciones de Rantés. Mingo se desmarca, dice que todas las nenas van a verlos por Omar. Éste asiente de forma vehemente al preguntarle si el ser rockero ayuda a ligar. Y la mitad del cabello que lleva largo y lacio, que le cae hasta media mejilla, se agita. Cuando sale a tocar, lo lleva transformado en cresta.

Como el Rantés de la película, estos chicos buscan tocar la fibra sensible de la gente, pero para que disfruten con ellos de la música y de sus vivencias, que el año que viene estarán recopiladas en un libro, para el 15 aniversario. Porque, seguro, estarán aquí para el siguiente cumpleaños.

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