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Renacer juntos: Momento difícil en la vida

El grupo congrega a padres que han perdido a sus hijos y que se apoyan mutuamente.

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre

00:00 / 01 de diciembre de 2013

Ni el cielo que luce gris ni la lluvia que amenaza con caer desanima a las aproximadamente 50 personas que van llegando, poco a poco, al memorial Marcelo Quiroga Santa Cruz, en el Parque Urbano Central paceño.

Los que asisten tienen algo en común: son madres o padres que han perdido hijos y que se congregan una vez al mes para apoyarse y realizar un acto simbólico en memoria de quienes ya no están: hacer volar globos con mensajes de amor.

“Se me reventaron las bolsas y perdí a mis gemelos que nacieron prematuros, de cinco meses. La médica que me atendió fue muy fría e irresponsable porque no hizo que pararan las contracciones. Sólo recuerdo que mi padrastro me dijo que ellos se fueron y yo no encontraba explicación ni consuelo a mi dolor”, recuerda Danitza Alarcón, una de las principales gestoras del grupo Renacer. Dolida y sin consuelo, la mujer de 28 años buscó ayuda. Internet fue el canal que le permitió ubicar en Argentina a una organización de padres que habían perdido a hijos.

“En el grupo hallé a una boliviana con quien tomé contacto y juntas hicimos nuestra primera soltada de globos. Con ella decidimos armar este grupo de apoyo”,  cuenta vestida con una polera en que está estampada la imagen de la ecografía de los primeros meses de gestación de sus bebés.

Juana Mayta y Manuel Marín son esposos, ambos caminan de la mano y cargan juntos la pena de la pérdida de su hija de 20 años. “Murió el año pasado, un chofer en estado de ebriedad fue el culpable, nuestra hijita ya iba a egresar de la universidad, pero nos dejó”, dice el padre.

Renacer desarrolla varios eventos en el transcurso del año. “El 15 de diciembre, hace un año, hicimos la ola de luz que consiste en encender velitas por los angelitos y este diciembre lo repetiremos”, anuncia Danitza. Cada acto se prepara en honor de los hijos fallecidos y  tiene el objetivo de dar esperanza y consuelo a quienes sienten el dolor de la pérdida.

Sonia Lima lleva la inscripción del nombre de su bebé en su gorra y en su polera, una foto estampada. Sebastián falleció hace tres años y ella siempre lo tiene presente. “Mi bebé contrajo una bacteria en la guardería y los médicos no lograron determinar de qué tipo era; cada vez mutaba y se hacía más fuerte, el 11 de diciembre mi bebé abrió sus alas y se fue”, recuerda mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

Sonia y Danitza sienten que se fortalecen al brindar amparo a las personas que experimentan el mismo dolor que ellas vivieron. “En las reuniones expresamos nuestros sentimientos y ayudamos a los padres nuevos que nos visitan. Sabemos qué están sintiendo porque hemos sufrido lo mismo que ellos”, agrega Sonia.

En sus dinámicas, los asistentes recuerdan a los hijos que ya no están (bebés, niños, adolescentes o adultos) porque el grupo congrega a personas de distintas edades y experiencias de vida. Incluso hay progenitores que lloran a sus hijas víctimas de feminicidios o hijos que partieron por efectos de la inseguridad ciudadana o enfermedades terminales como cáncer.

“Quizá todos los días nosotros los lloramos en silencio. Decir no lo llores es una frase trillada. Sabemos que ellos están con nosotros y que aunque físicamente no podemos abrazarlos, en espíritu permanecen a nuestro lado”, explica Sonia.

Fin del duelo

Llorar a un hijo es bueno, recordarlo también, afirma Patricia Prada, psicóloga especializada en tanatología, la disciplina que estudia la muerte. Pero un aspecto que la especialista resalta es que no se debe alimentar el drama para seguir adelante.

“Una pérdida no se olvida, siempre vamos a llevar en el recuerdo y en el corazón a quien se fue, pero se trata de aprender a caminar con la pena y eso es el duelo”.

A veces, agrega, los consejos que recibe un doliente no son objetivos dado que el otro no ha experimentado el dolor que sufre. A eso se añade que socialmente “no soportamos la tristeza y para muchos la muerte es un tabú del que no se habla”.

Para llegar a la resilencia, o fin del duelo tras caminar con el dolor, Prada hace énfasis en que se precisa de apoyo psicológico. “La resilencia es salir del narcisismo y del aislamiento para auxiliar al otro y mostrar solidaridad. Cuando uno es capaz de ayudar a una persona que experimenta un dolor parecido, se ayuda a sí mismo”, indica la terapeuta que asiste a grupos de apoyo.

Al principio del duelo cuando se habla del ser querido que ha partido, la persona está cargada de drama. “No se trata de no llorar, las lágrimas siempre sanan y purifican  las emociones y dan alivio, pero muchas personas piensan que sólo se puede homenajear a quien ha partido con la pena; cuando están mejor hasta se sienten culpables”. Amar y recordar a quien se fue no implica que la persona no sienta alivio o se sienta bien por la pérdida.

“Nos han enseñado a sentirnos culpables cuando vamos saliendo del dolor y eso nos perjudica”, advierte.

La tanatóloga acota que los actos que realiza el grupo Renacer son simbólicos y son una forma muy optimista de homenajear y recordar a los hijos que partieron.

Es más de mediodía en el Memorial Marcelo Quiroga Santa Cruz, las gotas de lluvia se han ido y los miembros del grupo Renacer ya no se refugian del agua.

Con marcador en mano, globos blancos se tornan en el lienzo en los que escriben mensajes de amor para quienes partieron.

Una vez listos, todos sueltan las esferas infladas con helio que se elevan en el cielo como una caricia para aquellos que los miran desde las alturas.

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