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Rezar con Lutero. La iglesia en La Paz cumple medio siglo

La Iglesia Evangélica Luterana de Habla Alemana estrenó su sede, en Sopocachi, el 2 de diciembre de 1962.

La Razón (Edición impresa) / Mabel Franco

00:00 / 09 de diciembre de 2012

En 1870, comerciantes alemanes se animaron a dar el salto desde Tacna, Perú, hasta La Paz. Vinieron con sus mercancías, sus ideas de negocio y, por supuesto, con su idioma y costumbres. Pronto sintieron la necesidad de asociarse, de hacer comunidad. Y en ese afán fueron creando instituciones como la precursora del Club Alemán y el colegio Alemán (1923). A la par, los migrantes germanos iban dando forma a empresas esenciales para los bolivianos: embutidos Stege (1910), Lloyd Aéreo Boliviano (1925), entre otras.

Como parte del bagaje de los migrantes hay que contar la fe. Luteranos muchos de ellos, se reunieron finalmente, en 1923, en torno del primer pastor que llegó a La Paz, Hugo Schneider, para dirigir el colegio Alemán. Las ceremonias religiosas se celebraban, cada domingo, en el establecimiento ubicado entonces en la zona de Sopocachi. Que esos alemanes habían decidido quedarse en Bolivia, aquerenciarse, se tradujo también en la apertura de un cementerio que está desde 1952 en Villa Copacabana.

En 1958 se fundó, legalmente, la Iglesia Evangélica Luterana de Habla Alemana, y un año más tarde sus impulsores adquirieron un terreno en la esquina de la avenida Sánchez Lima y Rosendo Gutiérrez. Allí iba a erigirse la iglesia “Martín Lutero”.

Un teólogo reformista

En 1520, el exsacerdote agustino que había nacido en el seno de una familia de campesinos de Eisleben, de apellido Luther, quema la bula del papa León X en la que se le declara hereje, se le condena y excomulga. La ruptura está sellada y el fraile que apuntó contra una estructura que él veía cada vez más lejos de la Biblia, emprende la Reforma. Sus seguidores tienen una base teológica en que asentarse: la doctrina luterana, inspirada en escritos de San Pablo y San Agustín, dice que el ser humano puede salvarse por su fe y por la gracia de Dios, sin que las buenas obras sean necesarias ni mucho menos suficientes para alcanzar la salvación del alma (es la respuesta a la venta de indultos que la Iglesia Católica había hecho costumbre). Se vuelve a la Biblia (Lutero la traduce al idioma alemán), para que cualquier creyente la lea, sin intermediaciones, sin interpretaciones de clero alguno.  

Martín Lutero niega la necesidad del celibato, él mismo llega a casarse, y acude a los evangelios para afirmar que los únicos sacramentos son el bautismo y la eucaristía. Y, por si hiciese falta asentarlo, que Cristo es el centro de la fe.  

“Somos una iglesia en cambio, dinámica, abierta, ecuménica”, sostiene el pastor Christian Reiser, uno de varios que han asumido esta responsabilidad ante los fieles luteranos de La Paz, incluida una mujer. Natural de Colonia, presentó su solicitud, entre otras, para cumplir la misión de tres o seis años, y la asamblea local analizó las propuestas, votó en secreto y eligió.

Benita Schauer, miembro del directorio, además de ser la esposa del Embajador de Alemania en Bolivia, aclara la relación que hay entre pastor y fieles: “No hay jerarquías; se podría decir en sentido estricto que el pastor depende del directorio; pero en verdad es un miembro más y las decisiones se las toma en conjunto, en forma coordinada, siempre”.

Unas 60 familias de alemanes residentes o en misión temporal en La Paz, así como esposos, hijos y otras relaciones de origen boliviano, son parte de la iglesia luterana. Hay otros grupos organizados en Santa Cruz y Cochabamba.

Las ceremonias se cumplen en domingo, cada 14 días; pero las puertas del templo están abiertas para otras actividades sociales y culturales de los vecinos de La Paz. Conciertos, ferias y otros eventos públicos hallan acogida en esa esquina de Sopocachi. Claudia Kuruner, expresidenta del directorio y actual vocal, explica que todo género musical es admitido, sólo hay que presentar la solicitud y convenir el pago de un monto de alquiler. El lugar se adecua bien a presentaciones para 100 personas como público o, si es necesario, más del doble, pues sólo hay que correr la cortina de madera y ampliar el espacio hacia la sala de reuniones y exposiciones.

Adviento, como hace medio siglo

En el terreno adquirido en 5.062 dólares —reza la historia de los luteranos de habla alemana en La Paz—,  se comenzó a construir la iglesia en 1960.

Cuatro arquitectos presentaron diseños y el directorio “aprobó los planos de una construcción hexagonal del arquitecto Hutter”. Las obras de ingeniería las asumió Rafael Gisbert —el padre de la arquitecta Teresa Gisbert— y, la estructura flamante, con su fachada de madera que apunta al cielo, se abrió para un primer adviento: el domingo 2 de diciembre de 1962.

El domingo reciente, también 2 de diciembre, el lugar acogió la celebración del Adviento número 50. Fue una fiesta matutina que, como cada día de culto, terminó con un refrigerio en el área verde y charlas entre quienes comparten una fe que, aclara el pastor, los acerca a los católicos y a todos quienes comparten su mensaje de amor.

Pero vale la pena detenerse en el edificio para apreciar su estilo. Lo primero que llama la atención, al ingresar al espacio hexagonal, es la luz que se filtra por los bloques de vidrio de colores de los muros. Y de inmediato la mirada se posa en el mosaico del altar, una obra de cinco piezas que toma como tema las revelaciones de san Juan. La artista holandesa Maria Sunniva Geuer de Saavedra es la autora y su sello, que está ahí desde 1962-1963, es inconfundible. Ella misma es la autora de los vitrales de la Catedral de Oruro y de la sede de Los Amigos de la Ciudad (frente al Teatro Municipal).

Otra joya de la iglesia luterana es el órgano, que fue adquirido en 1965. “Es el mejor que hay en La Paz”, sostiene Benita Schauer, que, disculpándose por no ser una experta, ejecuta en el teclado una canción alemana de Adviento, aquella que no puede faltar para dar inicio a ese tiempo de celebración.

Fiesta con aires navideños

El instrumento es de la constructora alemana Detlef Kleuker, que está en la ciudad de Brackwede. Tiene 11 registros y 794 tubos; “es el órgano funcional más grande de la ciudad”.

Desde el reciente 2 de diciembre, las actividades festivas se han sucedido y hay más, pues no todos los días se cumple 50 años y tan cerca de Navidad.

Benita Schauer dice que hay bolivianos entre los fieles y que sería muy bueno si algún momento éstos llegasen a superar en número a los alemanes. Y, en un castellano que Reiser todavía se esfuerza por dominar, el pastor invita a asistir “a todos los que lo deseen”, el 24 de diciembre a las 17.00, a una representación teatral infantil del nacimiento de Jesús. Y con todos los animalitos que el Papa católico acaba de desalojar del pesebre.

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