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Roberta Yujra

El duro trabajo en la mina le permitió sacar a sus dos hijas profesionales. Gracias al coraje que demostraba en las asambleas, las bases sindicales la eligieron dirigente consecutivamente. Lideresa minera

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 25 de enero de 2015

La entraña de la mina fue la principal fuente de manutención para sus dos hijas, desde que tenía 19 años. Ahora, tres décadas después, la orureña Roberta Yujra es una de las dirigentes de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras de Bolivia (Fencomin).

Su trabajo consiste en fortalecer y empoderar a las mujeres mediante talleres de capacitación para formar lideresas en el campo minero.Yujra fue nombrada dirigente por primera vez a sus 22 años, en la cooperativa Karazapato de Huanuni, donde trabajó 11 años en total. “En las asambleas no me dejaba dominar con los varones porque el sufrimiento me ha enseñado a trabajar fuerte como ellos lo hacen”.

Su primera labor en la mina fue como palliri —que viene de la palabra quechua “pallar”, que significa “recolectar”—. Las palliris, por lo tanto, son mujeres que recolectan en las afueras de las minas y entre los desmontes mineros, piedras que aún conservan algo de mineral.

Yujra se inició como palliri debido a que su mamá también realizaba la misma actividad. Pero solo duró ocho meses, ya que no ganaba lo suficiente como para hacer estudiar a sus hijas. Así que decidió entrar a la morada del Tío.

“A la fuerza he tenido que entrar a la mina y me he agrupado con otras seis mujeres. Hemos sufrido, porque hemos entrado sin conocer. Íbamos tras los hombres, persiguiéndolos para recoger, como hacíamos antes de palliris, lo que botaban. Pero como era poco lo que recolectábamos, hemos ido agarrando parajes y empezamos a trabajar como varones”.

Diez años después, las cotizaciones de los minerales empezaron a bajar, por lo que Yujra decidió marchar con sus hijas a la ciudad de Oruro. En ese ínterin se dedicó a la venta de comida. Sin embargo, Yujra cuenta que fue gracias a los choferes, los principales clientes de su puesto, que se enteró que estaban tomando la mina San José, en la cooperativa 10 de Febrero, donde terminó trabajando 14 años seguidos.

Con caídas y lesiones en la espalda, que la dejaron postrada por ocho meses, todo por cargar los minerales rescatados, Yujra recuerda, con lágrimas escurridizas, los avatares de sus compañeras y los propios dentro de la oscuridad de la mina.                    

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