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Rostros. Fotos contra la violencia

‘La idea del proyecto es dignificarlas. Han tenido el valor de posar frente a una cámara, de mostrar su rostro y decir: ¡Basta!’ ‘El cuerpo tiene un papel importante porque es lastimado. La piel le da cierta fragilidad a su personalidad’.

La Razón / GEMMA CANDELA

00:00 / 14 de abril de 2013

Con el cabello suelto sobre los hombros, rizado o lacio; recogido en dos trenzas; corto; con la melena cubriendo el rostro... De diferentes formas, la fotógrafa Karina Muench muestra a 19 mujeres que han sufrido la misma experiencia: la violencia de los hombres sobre sus cuerpos, por el hecho de ser del sexo femenino.

Los retratos, junto con las imágenes de prendas de ropa de mujeres adultas y niñas víctimas del feminicidio, conforman la muestra El grito del silencio, que se inaugurará el 19 de abril en el Patio de Cristal del Museo Nacional de Arte (Comercio y Socabaya). La artífice es Karina Muench, fotógrafa mexicana que llegó a Bolivia en 2011. Se formó en la Escuela Activa de Fotografía, estudios que complementó en el Centro Fotográfico Álvarez Bravo, en Oaxaca y, lugo, en Suiza. Tras ocho años en el país europeo, “quería regresar a Latinoamérica porque quería volver a hablar español”, se ríe, “y porque tenía una necesidad muy grande de hacer algo aquí en Latinoamérica, sabiendo que hay tanto que denunciar y que mostrar. El destino me trajo a Bolivia”.

Entre todas las temáticas posibles sobre las que llamar la atención, ella eligió la violencia contra la mujer. Y empezó a trabajar en el proyecto de la muestra. Para llevarlo a cabo, se puso en contacto con el Cidem (Centro de Información y Desarrollo de la Mujer), “porque (hacerlo) sola hubiera sido muy difícil”. Presentó su propuesta a la institución y, al cabo de dos meses, recibió una respuesta positiva. Le cedieron un espacio en El Alto, donde habilitó su estudio fotográfico y, tres veces por semana, acudía a esa ciudad para participar de los talleres organizados por el centro con mujeres alteñas. El Centro también la puso en contacto con dos personas de La Paz.

“Tenía que conocerlas, mostrarles mi trabajo, que me vieran en los eventos del Cidem”, explica Karina, que reconoce que el proyecto ha sido difícil. “Poco a poco me fui ganando su confianza”.

Ya en el estudio, la idea era retratarlas del modo más natural posible. Y, para ello, prescindió de las prendas de vestir. “El tema del cuerpo tiene un papel muy importante porque el cuerpo es lastimado. Quería mostrarlas no desnudas, pero sí que se viera un poco de su piel, porque eso le da cierta fragilidad a su personalidad”. La artista las presenta no como números de una estadística sobre el maltrato, sino como personas, de ahí la sobriedad de las imágenes. Algunas muestran sólo el rostro; en otras, tomadas hasta la altura del pecho o de la cadera, las protagonistas cubren una parte de su cuerpo con una simple tela blanca o de color crudo, similar al tono de su piel.

Lograr que una persona cuente su dura historia a una desconocida, y que se deje retratar mostrando parte de su cuerpo, sujeto del maltrato, no se logra en cuestión de horas ni de días. “Ha sido difícil en el sentido de que he necesitado mucho tiempo para lograr la confianza de ellas”, reconoce la artista, quien necesitó armarse de paciencia porque, ocasionalmente, las mujeres faltaban a las sesiones por problemas en casa (a veces, la persecución del marido).

“Para mí ha sido el primer proyecto en el que me he involucrado tan íntimamente y que me ha llegado a afectar”, reconoce Karina.  Ahora que la muestra está lista para llegar al público, la fotógrafa, que aún se quedará en Bolivia por un año, va a hacer una pausa en su trabajo o, tal vez, se dedique a capturar otro tipo de imágenes. Quizás paisajes, todavía no lo ha decidido. “Ha sido un reto poder mostrar la violencia de una forma sutil, necesito un descanso”. Las fotografías se tomaron entre septiembre de 2011 y noviembre de 2012, y estarán expuestas hasta el 16 de mayo. La Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) ha financiado el proyecto.

La complicidad y la confianza que las “modelos” depositaron en la fotógrafa han hecho posible la muestra. Esos rostros son de personas que “han tenido el valor de posar frente a una cámara, de mostrar su rostro y decir: ‘¡Basta!’”.

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