Escape

Ruido de motorcitos

Lo que surgió como una inquietud se convirtió en una pasión por autos a escala radiocontrolados.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 02 de agosto de 2015

Faltan 20 días para la próxima competencia. Es por eso que el piloto Fabián Egüez sale temprano los fines de semana hacia la pista de carreras, a 32 kilómetros al norte de la urbe cruceña, donde practica con su auto, todo el día, los arriesgados saltos y recorre zigzagueantes curvas. A la par verifica que el motor esté regulado, y que las llantas y la suspensión respondan al tipo de terreno. No lleva casco ni guantes, pero sí una pequeña máquina que envía señales inalámbricas hacia un pequeño motorizado, en lo que parece ser un vehículo a control remoto. Para él, el automodelismo radiocontrolado, como se le llama de manera correcta,  es un juego de los serios, pues participa en competiciones nacionales e internacionales de este hobby que gana más adeptos que recorren las rutas bolivianas.

Carlos Guerra, otro piloto pero de La Paz, afirma que esto del automodelismo es como tener un coche de carreras de verdad aunque en miniatura, y que en lugar de gastar 250.000 dólares en uno de rally, se pueden invertir tan solo 1.500.  Para Fabián, la afición por estos coches a escala comenzó cuando viajó a Estados Unidos en 1999. Quedó impresionado al verlos y, como todo niño ansioso, quería tener uno propio. Es la misma sensación que experimentó Bryan Böhrt, iniciador de las carreras en la ciudad de La Paz junto a Carlos. Bryan afirma que su gusto por estos coches en miniatura nació cuando un primo le mostró uno que tenía conectado un cable para el control remoto.

A sus diez años, viajó con su familia a Miami, Estados Unidos, donde Bryan conoció la revista especializada en autos a escala RC Car Action.Mediante esta publicación descubrió que el automodelismo radiocontrolado (RC) era un juego de verdad, ya que incluso existen pilotos que son patrocinados por las empresas dedicadas a esta industria del motor.

Dos años después, sus padres le regalaron su primer “autito”. “La diferencia es que a un juguete no le puedes hacer más arreglos, ni cambiar llantas; si se rompe algo, chau auto. Pero a estos a escala,  aparte de que tienen una tecnología y un trabajo de ingeniería mucho más rigurosos, les puedes cambiar repuestos”.

“He sido tuerca toda mi vida”, sostiene Carlos para argumentar su pasión por las carreras, fanatismo que lo llevó a hacerse ingeniero mecánico.

Como todo niño, cuando le compraban autos de juguete quería saber cuánta altura podían alcanzar y para eso armaba pequeñas rampas de madera. Cuando rompía el juguete no tenía más remedio que tirarlo, pues no existían repuestos. Es por ello que se aficionó a los motores, a las bicicletas y por el automodelismo en la actualidad.

La devoción de Bryan por estos coches pequeños hizo que convenciera a sus padres para construir una pista en una propiedad de la familia, el Kañuma Club Resort de Achocalla. Fue por ello que en 2003 dejó un anuncio en el periódico para convocar a más amantes del hobby sobre ruedas. “Por fin encontré a quienes les gustaba lo mismo”, comenta para recordar que respondieron al llamado Carlos Guerra, Renán Villafuerte y Danilo Alborta, tres jóvenes que estaban deseosos de compartir amistad y aventuras en torno a los motores. Después de conocerse se citaban los fines de semana para practicar en la pista y también buscaban más personas con el fin de que creciera el grupo de fans.

Ya habían pasado los días en que los jardines y plazas servían para correr entre estos pequeños motorizados, que podían  alcanzar hasta 60 kilómetros por hora. “La gente nos veía como bichos raros. Nos preguntaban dónde los habíamos comprado”, recuerda Carlos, que debe suspender la charla varias veces porque su negocio de venta de bicicletas hace que deba responder los requerimientos de sus clientes.

A más de 800 kilómetros, en la capital cruceña, Fabián y unos amigos se habían organizado en 2000 para “jugar” con los autos, desde camionetas hasta buggys. “Era una locura, nos íbamos a Equipetrol a correr todo el fin de semana”. Luego de un tiempo, varios se alejaron del grupo porque se fueron a estudiar al exterior, otros  se casaron y el resto consiguió empleos cuya intensidad no les brinda el tiempo para continuar con las actividades. Fabián también había estudiado y conseguido una profesión, y llegó a pensar de que era tiempo de vender todo lo que había reunido. Un amigo suyo le recomendó que no los vendiera, porque podría arrepentirse. “Gracias a él decidí no venderlos; al contrario, me los quedé y me metí con más ganas en el hobby”. Su inquietud le llevó a formar el club RC Santa Cruz, uno de los más grandes del país, con más de 40 pilotos activos. “Siempre me quedé con los autos en la mente y en el corazón”, confiesa Fabián, lo que se comprueba con la apertura de Dirty Hobbies, su tienda de autos a escala en la capital cruceña. Con el ímpetu de continuar aprendiendo más de este juego en serio, decidió competir en el Campeonato Sudamericano en Sao Paulo, Brasil, en 2014. “Para ser la primera vez que participaba en una carrera de ese calibre no me fue tan mal, porque quedé en la posición 37 entre 130 pilotos de toda Sudamérica”, recuerda.

En la sede de gobierno, Bryan y Carlos hacían los pedidos de coches a escala a través de internet, especialmente de Tower Hobbies, en Estados Unidos. Como esta pasión sumaba cada vez más adeptos, empezaron a importar para otros amigos. De esta manera, a ambos les surgió la idea de abrir la tienda Rocker Hobbies para sumar más  amantes del automodelismo. Asimismo, en 2010 organizaron la primera carrera de automodelismo RC en la ciudad de La Paz. Después de varias competencias locales, los caminos de Fabián, Bryan y Carlos se unieron en un proyecto que se inició en Santa Cruz con la creación de la Federación de Autos a Radio Control (Febolarc), que ahora asciende un escalón más con un campeonato nacional que se correrá en las ciudades de Santa Cruz, La Paz, Sucre, Tarija y Cochabamba.

Al igual que el resto de competidores, Fabián, Bryan y Carlos están afinando los motores de sus coches, calculando qué llantas van a emplear, practicando las curvas y los saltos, con miras a demostrar sus dotes en este juego que es de verdad.

Historia del automodelismo

El automodelismo tuvo sus inicios a mediados del siglo pasado, años después de que concluyera la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría. No existe una fecha exacta, pero su existencia tiene mucho que ver con el aeromodelismo, debido al empleo de las innovaciones y avances técnicos.

Los primeros coches usaban radios de control digital y disponían de motores de metanol (los mismos que los aviones en esa época). No obstante, poco a poco se fueron diferenciando y se creó una línea de productos propia, tanto para motores como para suspensión, ruidos, refrigeración, etcétera.

El primer coche que apareció lo más parecido a lo que hoy en día es un automóvil fue el Touring a escala 1:8 (un metro que equivale a ocho centímetros) con tracción trasera, motor a 3,5 cc, combustible metanol, sin suspensión y una radio de dos canales.

Fueron considerados los coches “tablas”, según automodelismo.es.  A finales de la década de los 70 aparecieron los primeros coches todoterreno, que adoptaban una barra modelada con varias fijaciones para las manguetas de dirección a modo de puente delantero. En la parte trasera no había manguetas.

A partir de ese momento, la evolución y desarrollo del automodelismo fue cada vez más rápida y llegó a adquirir la categoría de deporte, pues se organizaron campeonatos muy importantes como en Inglaterra, Mónaco, California (Estados Unidos) y parte de Europa.

La marca de más revuelo fue Kyosho, a finales de los años 80, porque introdujo manguetas de dirección que no iban fijadas, sino que tenían una pieza llamada “porta manguetas”.

A partir de ahí las evoluciones han sido muchas y permanentes. Siempre se pueden encontrar algunos desarrollos y avances en ruedas, accesorios o motores que cambian o desarrollan un poco más a los coches hasta llegar a lo que son ahora. Pero, el futuro, aún está por venir.

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