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La ruta de la diversidad: Segunda caravana del Dakar

Durante las cinco horas de viaje entre Tarija y Villazón, los cerros rojizos y secos y los cañadones son el paisaje predominante.

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 06 de octubre de 2013

Los rostros, las comidas, los paisajes, la entonación de la gente… van cambiando conforme se recorren 1.050 km de caminos de asfalto, ripio, arena y sal, aunque sea dentro del mismo país y, concretamente, sólo por su parte suroeste. Se pasa de escuchar la forma cantarina de hablar de los tarijeños al acento cerrado de los orureños que viven a orillas del salar de Uyuni, o de Thunupa, como lo llaman en Salinas de Garci Mendoza; de degustar jamón a tomar quinua en sopa, segundo, postre y hasta en refresco; de los cerros ocres de Tupiza al blanco cegador del de-sierto salado. El sexto Dakar que se celebra en Sudamérica, que partirá de Rosario, en Argentina, y cuya meta estará en la ciudad chilena de Valparaíso, será una ventana por la que el mundo se asomará a Bolivia, pero también por donde los propios bolivianos se mirarán para conocerse un poco mejor.  El Ministerio de Culturas organizó la Segunda Caravana por las rutas del Dakar con la participación de 105 periodistas y personal de 25 instituciones públicas, entre ellos el titular de la cartera, Pablo Groux, y el viceministro de Turismo, Marko Machicao. Fue una visita a los posibles caminos que recorrerán los participantes del rally. El punto de partida —aunque ya no está dentro del itinerario de la competencia— fue Tarija.  Éste es el cuaderno de bitácora o, mejor dicho, de guantera, de cinco días vividos en la carretera (que no siempre estaba pavimentada) por todo el grupo repartido en 44 vehículos, entre 4x4 y camionetas. Kilómetros, tradiciones gastronómicas, historia, trajes regionales, música y mucha ilusión de los lugareños calentaron los motores de la competencia que pasará por el país el 12 y 13 de enero.

Tarija, 25 de septiembre de 2013. Sobre las 10 de la mañana, la comitiva de medios de siete departamentos de Bolivia (no hay nadie de Beni y Pando) se juntan en la ciudad sureña. En el arqueo, los vehículos

—cada uno con su número identificativo— están colocados en orden y aguardan a los ocupantes que van a pasar más tiempo ahí adentro que al aire libre o en una cama descansando. Cada cual tiene su credencial en la que viene el número del coche en el que viajará.

La plaza de Tarija, con sus palmeras y su fuente, es el kilómetro 0 del que partirá la caravana. Antes de salir, unas palabras de las autoridades nacionales, departamentales y locales, de yapa un refrigerio a base de jamón, queso, dulces y vino, pues el camino es largo. Y arrancan los autos, en orden, camino a Villazón, ciudad fundada en 1910 en una región en la que ya vivían pueblos indígenas, como los chingas y los chichas, a los que los aymaras intentaron someter sin éxito, empresa que lograron los quechuas. Pero, antes de arribar, toca un viaje de cinco horas en el que se pasa de la región tarijeña a la potosina, por una carretera que, en buena parte, es de tierra. Los cerros rojizos y secos y los cañones son los protagonistas del paisaje.

Cuando la comitiva llega a la plaza principal de Villazón, cerca de las 6 de la tarde, la encuentra llena de gente, como si no hubiera pasado por aquí otra caravana hace tan sólo cuatro meses. Y los lugareños reciben a los visitantes con una demostración folklórica: el baile del torito y el caballito, una danza que los presentadores del evento describen como “ancestral y milenaria” de la comunidad de Kasira Grande; luego, los comunarios explican que la tradición existe desde la época de la Colonia. El nombre hace referencia a una laguna de la zona que, se cuenta, cambiaba de colores. En su interior habitaba un toro de oro, que llamó la atención de los españoles, quienes trataron de llevárselo. Los lugareños fueron masacrados, cuenta la leyenda, tratando de evitar que el animal fuera sacado de las aguas. Entonces, varios caballos aparecieron para salvar al bovino. Por eso, en las fiestas en honor a la Virgen de San Lorenzo, en agosto, la gente del lugar baila, unos vestidos de toro, otros, de caballo. Y así lo muestran a los visitantes. Desués viene el rato de las coplas y el de la exhibición de los mejores ejemplares de camélidos.

El Dakar es un “pretexto para mejorar las condiciones de vida, la infraestructura, los servicios, de un municipio de frontera”, dice a la concurrencia el Ministro de Culturas, que no deja de ondear con brío decenas de wiphalas. Por ello, insta a limpiar la ciudad, a hacer de Villazón, con 44.645 habitantes, un lugar más seguro y mejorar la atención al público para recibir a los 30.000 turistas que, se espera, pasen por aquí durante el desarrollo del rally.

También se está implementando un nuevo sistema informático en colaboración con Argentina para que los trámites migratorios entre ambos países sean más ágiles.

Los vecinos también se preparan para el evento del año, como Prima López, miembro de las Bartolinas, quien ya ha hecho contacto con visitantes que dormirán en sleeping sobre lana de llama en la sala de su casa. Otros aprovechan la oportunidad y refaccionan sus domicilios para acoger a turistas y, así, disfrutar después de las mejoras en sus viviendas. Esperan recuperar parte de la inversión con lo que cobren por las pernoctaciones bajo su techo.

No podía faltar una degustación de la gastronomía local: asado de chivo y de cordero acompañado de quinua. Y, después de ver el simulacro de cómo se entrará a Bolivia desde Argentina en las oficinas de Migración, toca desplazarse hasta Tupiza, a una hora de viaje. Al llegar la comitiva, toca acomodarse en diferentes hoteles. Los periodistas se encuentran con que en uno el agua caliente no sube más allá del primer piso o que no hay café hasta la mitad del desayuno, y en otro, a los visitantes les entregan por la mañana un trozo de pan y una botella de agua.

26 de septiembre: Tupiza-Atocha-Uyuni. Todas las incomodidades se disipan cuando el grupo se traslada en sus inseparables autos entre lomas ocres hacia la Quebrada Seca. Allí comienza un paseo a caballo, tanto para experimentados como para novatos. Es una actividad que se realiza para turistas desde hace más de diez años. Este paisaje digno de un western será, probablemente, parte del recorrido que motos y autos harán para llegar a Uyuni, pasando por lugares por los que anduvieron personajes de la talla de los bandoleros Butch Cassidy y Sundance Kid.

La excursión termina en Palquiza, una comunidad rodeada de sauces llorones y atravesada por estrechos riachuelos camuflados por yerbas, con los típicos cerros pardos de fondo del cuadro. Toca comer cordero a la cruz y, de nuevo, a los autos, rumbo a Uyuni, un trayecto largo y movido por caminos de tierra y, luego, al adentrarse en zona desértica, arena, en la que es difícil captar señal telefónica

El viento hace bailar la arenisca en forma de pequeños tornados y, en el municipio de Atocha, los vecinos advierten a la comitiva de que deben ir por un camino alternativo, pues el de siempre ha sido barrido por la tierra.

Casi a medianoche, el grupo llega a Uyuni y, a modo de buenas noches, suena el silbido de un tren desde la estación.

27 de septiembre: El salar. Con sus 10.582 km², y a 3.650 metros sobre el nivel del mar, dicen que es el espejo en el que las divinidades se miran cada mañana. Y a los pobres mortales les ciega si no se ponen gafas de sol, les quema si no se cubren y les hiela si sopla el viento. Pero, eso sí, a nadie deja indiferente el salar de Uyuni. En la comitiva hay periodistas que nunca habían estado en esta maravilla, una de las 25 a nivel mundial. En Playa Blanca, a unos 40 minutos de la población que da nombre al desierto de sal más grande del planeta, el Primer y Segundo Mandatario del país celebran el Día Mundial del Turismo con música, una breve visita a la isla Incahuasi (La Casa del Inca, llena de cactus y en la que el sándwich de huevo cuesta 20 bolivianos) y con un almuerzo del chef Emilio Garnica a base de diferentes tubérculos, quinua, cebiche de charque y postre hecho con pseudocereal cultivado cerca, en Salinas de Garci Mendoza, por donde probablemente, y aunque no estaba contemplado en un principio, pasen los corredores rumbo a Chile. El Presidente aprovecha el momento para anunciar que el nombre de Salinas debería completarse con “de Thunupa”, por la descolonización.

Posteriormente, fue inaugurado en el aeropuerto La Joya Andina de Uyuni (que será ampliado para recibir vuelos internacionales) el servicio wi-fi de Entel.

28 de septiembre: Del hospedaje de los corredores a las faldas del Thunupa. El 7 de enero de 1829 abrió el que hoy es conocido como Regimiento de Infantería Loa. Seis años después, se ganó la denominación de “Vencedores de Yanacocha”; en 1836, la de “Vencedores de Socabaya” y, tras la Guerra del Pacífico, “Denodado y aguerrido Loa”. En sus instalaciones, en las camas de los soldados, descansarán una noche (la del 12 de enero) los participantes del Dakar (2.000 personas; otras 3.000 estarán en las instalaciones de la Fuerza Aérea); también habrá espacios para las salas de prensa, operaciones de la empresa organizadora del rally, ASO (Amaury Sport Organisation) y la exposición de los carros.

De allí, la caravana parte a Salinas de Garci Mendoza, en la orilla del frente del salar. Por el camino, la comitiva se detiene en Jiriri, una comunidad con una iglesia colonial que, milagrosamente, no tiene el techo de calamina, pero donde tampoco hay ni rastro de señal telefónica móvil. El agente cantonal, Thunupa Nina, hace hincapié en que aún hace falta mucha inversión en esta tierra

Una hora después, los 44 autos son recibidos con música y los típicos arcos festivos cubiertos de aguayo por los habitantes del municipio de Salinas de Garci Mendoza. La ilusión por el rally es también palpable en este rincón, donde el frío hace recordar a la caravana que ya han pasado muchos días y kilómetros desde que arrancara su andadura por las rutas del Dakar. En la tierra de la quinua real, los visitantes privilegiados que han conocido los caminos que miles de espectadores verán por televisión dentro de tres meses, hacen un recuento de todo lo visto. Y, aunque aún queden cosas por mejorar y por implementar, comparten los ánimos de todas las gentes que ya ondean las banderas esperando a los forasteros que vendrán a conocer la diversidad de Bolivia.

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