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Sabor a solidaridad

Ava, un restaurante en Calacoto, destina parte de sus ganancias para ayudar a los necesitados

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 17 de abril de 2019

En un espacio pequeño y acogedor, el comensal no solo va a festejar su apetito, sino que —sin saberlo— satisface su alma con la ayuda que dará a personas necesitadas. Ese es el objetivo del chef José Antonio Zapata, quien guía su camino gastronómico de acuerdo con los designios de Dios.

A pesar de los altibajos en las jornadas diarias, Pepe —como le llaman sus amigos y familiares— luce sonriente y optimista. Vestido con una hawaiana negra, con el pelo largo recogido y dos aretes en los pabellones de la nariz, el chef paceño tiene como fuertes influencias a sus padres (José y Eugenia), quienes desde hace 15 años se dedican a evangelizar a los privados de libertad.

Con la experiencia que le dio su paso por varios restaurantes de la ciudad, Pepe habilitó la sala de su departamento, hace cuatro años, como un íntimo y exclusivo lugar para comer. Fue al mismo tiempo que vino al mundo Alba, su razón de ser. “Desde el momento en que nació mi hija cambió mi visión de ver la vida, porque me volvió más sensible con mi entorno”. Por ello, no dudó ni un instante cuando destinó la mitad de las ventas de comida a la recuperación de un menor de edad.

“Lo que no me entra en la cabeza es que, a pesar de que tienes la capacidad de ayudar a la gente, no lo hagas. En mi caso, yo lo hago desde la cocina”. Con esa idea surgió Ava Restaurante, un espacio pequeño y elegante en la calle Julio Patiño (entre la c. 15 y 16 de Calacoto, zona Sur).

Alumbrados por hileras de pequeños focos amarillos y velas que descansan en vasos de cristal, el comensal puede disfrutar cuatro clases de entradas, como langostinos acompañados por tres tipos de salsa (de maracuyá y vino, crema de humo y salsa vitello tonatto), de toques dulces y muy agradables.

Además de sus socios —los hermanos Óscar y Osman Torrico—, quien más confía en el trabajo de Pepe es el chef Félix Quispe, quien le ha acompañado durante estos 15 años de recorrido gastronómico. “Nos llevamos bien, él confía en mí y yo también”, dice. Sin quitar la vista de la mesa, el especialista se enorgullece de saber un poco de todo en la cocina, aunque confiesa que lo que más disfruta elaborar son las pastas. Por ello luce muy concentrado cuando transforma la masa de harina.

El resultado son raviolis con queso de trucha y pistachos, cocidos en crema de ostiones y langostinos, sabores que se mantienen en el paladar como recuerdo de una buena velada. “Deseamos que cuando vengas quedes satisfecho y hayas comido rico”.

“No queremos decir a los clientes que estamos ayudando, pero estamos apartando cada mes el 10% de nuestros ingresos”. Así como hizo una colecta para la operación de un niño, ahora el objetivo es apadrinar los casos que necesiten colaboración económica o apoyar a sectores que están olvidados por la sociedad, como las encargadas de la limpieza de calles. “En la noche, mientras la mayoría está saliendo de las fiestas, ellas están barriendo la basura que generamos”.

Por ello, Pepe gestiona que un vehículo que transporta a estas trabajadoras haga una parada en las afueras del restaurante, para que ellas coman antes de empezar su jornada laboral.

Ava —que tiene origen hebreo y se sabe que procede de la Biblia— significa “la que da vida”. Ese es el objetivo de este restaurante, ofrecer un menú que satisfaga el apetito y dar una esperanza a gente que la necesita.

“Lo primero que hemos hecho al abrir el local es orar y entregarlo a Dios para que tome el control de todo el lugar. Si vamos por ese camino, todo va a salir bien”. Y sí, está saliendo bien.

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