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Samaipata y el cuarto elemento

En aquel paraje de los valles cruceños, la federación de cooperativas inició una campaña de concientización sobre el uso de las aguas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo

00:00 / 07 de junio de 2015

Gregorio Jaldín cuida el agua como si se tratara del oasis en el desierto. Él no habita un paraje donde la vegetación y el líquido elemento pertenecen a la categoría de lo invaluable, todo lo contrario. La verde espesura de Samaipata, una de las mayores reservas ecológicas y naturales por su flora y fauna únicas en el mundo, y donde el agua resbala en trazos de ríos y cascadas, es el hábitat donde instaló su hogar.

Lo que sucede es que en el lugar donde nació, llamado Huertas en el departamento de Cochabamba, caminaba un trayecto de 600 metros (más o menos) para reunir agua del ojo de una montaña, para luego trasladarla a casa en cántaros de arcilla en un moroso itinerario que podía repetirse en el día. “No desperdiciábamos el agua para nada”, recuerda. Es por eso que desde que empezó a tener conciencia, se propuso trabajar en la gestión comunitaria del agua. En la actualidad, Gregorio es presidente del Consejo de Administración de la Federación Departamental de Cooperativas de Agua y Alcantarillado Sanitario de Santa Cruz (Fedecaas), que trabaja principalmente en la búsqueda de la conciencia social, política e institucional para la protección de fuentes de agua y la preservación de bosques. “El agua como Don Sagrado en armonía con la Naturaleza”, dice uno de sus eslóganes.

Conocida como Castilla en la época de la Colonia, Samaipata fue fundada en cercanías del fuerte que lleva el mismo nombre por el capitán español Pedro Lucio Escalante y Mendoza el 30 de mayo de 1618, con el nombre de Ciudad del Valle de la Purificación de la Santísima Virgen.

Previo al asentamiento español fue un sitio religioso precolombino, construido por la cultura Chané, aunque existen también vestigios de una ciudad incaica. De hecho, Samaipata significa en quechua, el idioma del gran Imperio de los Andes sudamericanos, “descanso en las alturas”. Y eso es lo que es.

De clima templado subtropical, es parte del paisaje de la Serranía Volcanes, una cordillera montañosa de origen volcánico con caídas de agua y pozos de agua naturales, entre ellas La Pajcha, una caída de agua de aproximadamente 20 metros de altura. Pero pese a estar humedecida por el fluido natural, Samaipata tiene serios problemas con la dotación de agua potable. “No había una política de gestión”, señala el miembro de Fedecaas. “Es un pueblo turístico, hay unas 25 nacionalidades entre los habitantes que provienen de varias regiones del mundo entre europeos, norteamericanos y asiáticos. Era un problema a tratar con urgencia”.

Por ello, desde 2010, la Unión Europea, a través de sus Programas de Apoyo Presupuestario Sectorial (APS), coopera con el Gobierno con el Programa de Agua y Saneamiento. De esta manera, esta población, ubicada a 120 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, es la gran beneficiaria para la aplicación de estas políticas públicas a ser replicadas donde el agua aún no constituya un bien común. Es la tarea que se intenta regar por todo el país.

Asistencia

“El objetivo de la Asistencia Técnica del Programa de Apoyo Presupuestario Sectorial en Agua y Saneamiento para Áreas Periurbanas y Rurales (PASA-PyR) es transferir el conocimiento de buenas prácticas organizacionales y técnicas que apoyen la política nacional del Derecho Humano al Agua, tratando que este enfoque no tenga un gasto adicional para el Estado debido a malas prácticas en los balances hidráulicos y  en la gestión de las redes”, señala Makis Oikonomou, director de la Asistencia Técnica (ATI) de PASA-PyR.

El municipio samaipateño basa su economía en la agricultura y la ganadería, sus campos poseen excelentes cosechas y sus pobladores incursionaron en la industrialización de derivados de la carne porcina. También ofrece una excelente infraestructura hotelera y restaurantes, brindando al visitante todas las comodidades y servicios de primera calidad.

Entre sus atractivos turísticos de gran valor cultural y ecológico figuran El Fuerte y el Parque Nacional Amboró, este último declarado en 1973 reserva de vida silvestre. “Hay muchas cuevas por donde sale el agua dulce. Pero el objetivo no es solo entregar agua por tubo, se trata de una visión más integral.

Sin bosque no hay agua, y sin agua no hay biodiversidad”, explica Gregorio con una mirada más mística sobre su entorno de naturaleza viva. A decir de Gregorio, el sistema cooperativo nació por la necesidad, allá en la década de los 80, que imperaba por dotar de los servicios básicos a las viviendas de la creciente mancha urbana cruceña.

“La única cooperativa de aquel entonces, Saguapac, no tenía la capacidad para abastecer a las zonas periurbanas”, afirma Ariel Mustafá, director del grupo Acento a cargo de los Programas de Visibilidad de la Cooperación de la Unión Europea. “La dimensión de entorno permite a la cooperativa organizar sistemáticamente su accionar con actores sociales, políticos, institucionales y en general con la sociedad civil para lograr con mejores perspectivas los resultados comprometidos”, añade.

Para los comunarios, según Gregorio, el agua es un tema sagrado. “En el día de la Madre Tierra yo digo que es la Madre Agua, da vida a todo ser vivo”. La agenda 2025 plantea un gran desafío: Dotar de agua y alcantarillado al 100% de la población boliviana. “La Ley de la Madre Tierra nos señala que el agua y todo lo que nos brinda la naturaleza son seres vivos, son dones que debemos compartir y preservar. La vida es sagrada y por ello debemos asegurar el cuidado del agua y todo su ciclo”, sostiene por su lado Gonzalo Mariaca, asesor de Fedecaas.

Se han dado pasos importantes para cualificar la cultura organizacional, mediante la formulación del Código de Ética de la Cooperativa, el mismo que tiene carácter axiológico y fue resultado de talleres realizados en Samaipata, con ceremonias ancestrales que revitalizaron el concepto ordenador contenido en la Ley de la Madre Tierra, de que el agua es un don sagrado que debe ser preservado. “Se ha iniciado el afianzamiento de los valores del cooperativismo que exigen una visión comunitaria y familiar para preservar el don del agua y la propia naturaleza”, añade Gregoria. Son 135 las cooperativas involucradas en la gestión de proyectos de la cooperación internacional, con epicentro en este paraje de variados pisos ecológicos. Allí, donde los torrentes combinan sus chasquidos con el trino de aves, se genera conciencia en torno al cuarto elemento.

La ceremonia del Temazcal: El reencuentro con la Madre Tierra

Es una de las ceremonias más antiguas que existen. Es la ceremonia del origen. En el mundo chamánico, el ritual del Temazcal no es otra cosa que un intenso viaje al interior de nuestro subconsciente, una ceremonia que constituye un camino de ida hacia nuestras verdades más profundas, más dolorosas.

La misma se lleva a cabo en la “cabaña de los ancianos”, donde se llega a tocar a través del calor, la oscuridad y los cánticos sagrados, el misterio de cómo se crea la vida constantemente, se explora los límites de nuestro interior y donde podemos llegar a nuestros dolores más antiguos y profundos; nuestras vivencias más guardadas, más tapadas de nuestra memoria y de esa manera poder renacer en una nueva vida, purificarnos, traer nuevamente a nuestra alma, los fragmentos de ella que hemos ido dejando en cada uno de los hechos de tristeza y dolor que nos ha tocado vivir, para así unirnos con la armonía del universo.

En el retiro Quinta Conciencia de Samaipata, Hilvert Timmer y Karina Mariaca reciben a todos los interesados en vivir aquella experiencia además de brindar cursos de Bioconstrucción & Salud, comida sana vegetariana, terapias, cursos de permacultura, productos artesanales y turismo alternativo. “A través de la tierra, el calor, el vapor, la oscuridad y el poder purificador del fuego se lleva a cabo el milagro del renacer del alma”, explica Hilvert al tiempo de pedir a los visitantes que se quiten la ropa para iniciar el rito. Solo el chamán sabe cuánto dura la ceremonia, allí dentro de la pequeña cueva el tiempo es distinto.

Nunca se sabe lo que va a durar cada puerta, las oraciones o conjuros que deberá echar a volar; como tampoco los sahumos o las hierbas medicinales que el grupo que busca el renacimiento necesitará, cada ceremonia es distinta y cada participante pasa por una experiencia personal diferente durante cada ceremonia.

En el piso del iglú de ramas y frazadas, justo en el centro hay un pozo que representa el ombligo de la Madre Tierra, en el cual se depositan piedras porosas (llamadas abuelitas durante el ritual y a quienes se da la bienvenida), generalmente volcánicas calentadas al rojo vivo, sobre las cuales el chamán vierte agua e infusiones de hierbas medicinales, produciendo abundante vapor y provocando la sudoración, teniendo por objetivo limpiar el cuerpo y el alma de los asistentes. Para el Gran Espíritu el tiempo carece de final, simplemente se desplaza en un círculo. Nacemos, vivimos y volvemos a nuestra posición original. Algunos de los presentes llegan incluso a derramar lágrimas al término del ritual.

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