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San Ignacio celebración de la Fe. El pueblo de Moxos se precia de vivir en la capital religiosa de Beni

El encanto cultural y religioso de San Ignacio de Moxos cobra vida con el solemne danzar de los macheteros, el ferviente catolicismo de los ignacianos que se reúnen en su iglesia misional y con los visitantes que llegan hasta el poblado beniano para deleitarse con las celebraciones y los bailes autóctonos.

La Razón (Edición Impresa) / Mariana Pérez

00:00 / 04 de mayo de 2014

El encanto cultural y religioso de San Ignacio de Moxos cobra vida con el solemne danzar de los macheteros, el ferviente catolicismo de los ignacianos que se reúnen en su iglesia misional y con los visitantes que llegan hasta el poblado beniano para deleitarse con las celebraciones y los bailes autóctonos.

Lo había olvidado. Volvimos hace poco a aquel lugar que es conocido por el mito mojeño de una sicurí gigante que da razón al nombre de la laguna Isireri, y que también es famoso por ser cuna del Ensamble y Coro de Moxos que revive, hasta erizar la piel, la música renacentista y barroca.

Aquel domingo de enero llovía con intensidad y los macheteros del Gran Cabildo Indigenal, que venían adorando al Niño Jesús en las jornadas previas, aguardaban en las puertas del templo el inicio de la Eucaristía que daría lugar a la tradicional fiesta de El Barco, una expresión devota en la que se simula la adoración que los tres Reyes Magos le hicieron al recién nacido en Belén. El escenario en San Ignacio era diferente y hasta con un toque surrealista: la procesión, encabezada por el sacerdote, la música autóctona de los bajones, zampoñas enormes fabricadas con las hojas tiernas de la palmera cusi, el incienso impregnando el aire, y el cúmulo de gente intentando estar lo más cerca posible de la imagen...

Recordé entonces cuán propicio es que la población sea conocida como la capital folklórica y religiosa del Beni. No en vano celebra en todo el año al menos 30 festividades similares, entre las que destacan su fiesta patronal cada julio, Navidad, la Semana Santa, y otras de carácter zonal.

La procesión y la adoración fueron apenas el principio. La comitiva de los Tres Reyes Magos, acompañada por seguidores que vestían con harapos tras el supuesto largo viaje, desembarcó en la iglesia con picardía, bullicio y bromas hacia la gente. Espectáculo aparte, al final todos terminaron bailando y rezando al niño que se encontraba apostado en el altar mayor.

Los achus, que encarnan a viejos jocosos, las abadesas o mamas, y tantos otros personajes como los toritos, tigres, perros y cochipiyus dan vida a cada celebración con tal entrega que su fiesta mayor, la Ichapekene Piesta, fue declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, en agosto de 2013.

El sonido de los cascabeles que los macheteros llevan en sus tobillos se va perdiendo y la gente se va retirando de los salones del templo. Esta vez será difícil olvidar la fiesta, quedará en el recuerdo de los dos periodistas que llegamos  hasta el lugar y, por supuesto, registrada en las instantáneas del fotoperiodista que nos acompañó.

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