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Sandrina Mazabel, maestra de la marinera

Sus padres se resistían a que dedicara su vida a las danzas, pero ella se mantuvo firme, aprendió y perfeccionó su don; hoy enseña marinera a niños, jóvenes y adultos en su nuevo hogar: La Paz.

Sandrina Mazabel.

Sandrina Mazabel.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández / La Paz

00:00 / 20 de agosto de 2017

Verla bailar es un gusto aparte, más aún cuando se trata de una danza peruana no muy practicada, por ahora, en el país. Con movimientos ágiles a la vez que muy sensuales, el varón corteja a su pareja con un pañuelo blanco en la mano derecha, mientras que con la siniestra sostiene un sombrero blanco de ala ancha. En este baile, la mujer —en este caso Sandrina— responde con el serpenteo de su elegante y amplia falda, mientras que su pañuelo vuela con delicadeza. Con pasos rápidos, mirada dulce y sonrisa amplia, el varón quiere conquistarla, en tanto que ella responde con coqueteo y también con orgullo.

“Por azares del destino vine aquí (a Bolivia)”, cuenta Sandrina Mazabel, profesora de marinera en la Academia Bolivia Baila Marinera, quien proviene de Santa María de los Valles de Chiclayo, ciudad ubicada en el noroeste peruano.

Si bien sus padres tienen más de 30 años de experiencia en danzas peruanas, cuando aún era joven se opusieron a que siguiera sus pasos, hasta que se independizara. Por eso, ella estudió en la universidad, hizo una carrera y se casó. Todo para bailar. Se inscribió a clases y practicó mucho para participar en concursos, hasta convertirse en maestra de danza. “En oposición a dos grandes profesores, aprendí a bailar y lo hice”, comenta mientras sus alumnos ensayan los pasos con su esposo, Carlos Escóbar.

Una vez radicada en Bolivia, asistió a una hora cívica para festejar el Día de la Madre, oportunidad en la que un grupo interpretó la marinera peruana, que —desde su punto de vista— no era original, lo que la hizo decidir por abrir una escuela en la que enseñara la danza.

“Nuestro objetivo era que (la Academia Bolivia Baila Marinera) sea para hijos de peruanos radicados aquí o chicos que llegaron para estudiar en la universidad, pero no se dio. Cuando se lanzó la convocatoria, eran mucho más los bolivianos”.

Junto a su esposo inauguraron su emprendimiento en una cancha de wally, pero en poco tiempo quedó pequeña, por lo que se trasladaron unos metros abajo del parque Líbano, en Alto San Pedro, a un lugar más cómodo para los estudiantes.

En la actualidad son más de 70 los estudiantes bajo la dirección de Sandrina y Carlos que aprenden la dulzura, coqueteo y agilidad de los pasos de la marinera, “la reina y señora de los bailes de Perú”, que la convenció de desobedecer a sus padres para convertirse en una maestra.

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