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Sebastián Molina

Su apuesta por Directo, una importadora de línea blanca, le ha permitido financiar sus pasiones: la escritura, seguir produciendo poesía y publicarla, además de gestar proyectos de arte. Poeta y empresario.

La Razón / Liliana Aguirre

00:00 / 29 de septiembre de 2013

A los seis años, Sebastián Molina Barbery aprendió a leer y a escribir y con ello un mundo nuevo se abrió ante sus ojos. “No paré de leer cuentos y justo se organizó un concurso de escritura en mi colegio y participé”, recuerda.

Una narración de una familia y una granja fue la que lo coronó, entonces, como el niño con menos edad de primaria que optó por escribir en aquel certamen.

 Hoy con 28 años ha publicado dos libros de poesía, donde explora el jaiku, una forma de lírica breve japonesa ligada a la naturaleza.

“Empecé a los 17 años a escribir jaikus, en ese entonces estaba investigando bastante sobre la poesía en general, me metía a las librerías de la calle Libertad en Santa Cruz para mirar libros y autores”.

En esas búsquedas, el cruceño halló una colección de poesía breve de distintas partes del mundo.  

“Descubrir los jaikus fue amor a primera vista ya que también me gusta mucho la fotografía y sentí que éstos son las fotos de la poesía”, detalla.

Los jaikus se tornaron un reto para Molina por la métrica de 17 sílabas y toda la teoría que exige una contraposición entre las imágenes poéticas en tiempo y espacio.

“A los 19 años publiqué mi primer libro: Después de este silencio y luego vino Otra vez este silencio”.

El arte es algo intrínseco a Sebastián, pero también el optimismo que le pone a cada proyecto que realiza porque si una cosa se puede decir de este comunicador social es que no se duerme en sus laureles.

“Siempre supe de computadoras y con mis amigos ayudamos a mi mamá a vender revistas culturales donde ella escribía, lo que me demostró que me gustaban los emprendimientos”, dice sonriente.

El hecho de estar ligado a la tecnología hizo que muchas personas le pidan asesoramiento y esto derivó en que venda equipos.

 “Así la demanda creció y pasó de computadoras a televisiones, otros equipos y línea blanca, lo que me llevó en 2009 a crear Directo en la calle Ñuflo de Chávez 375”.

La actividad empresarial se tornó en un complemento al arte y la literatura, ya que su trabajo le da la libertad de administrar su tiempo.

“Estoy haciendo un proyecto de diez murales con la artista Roxana Hartmann en las avenidas de alto tráfico de la capital oriental y es como sembrar poesía y color,”.

El primer mural está cerca de la Biblioteca Municipal cruceña, donde Sebastián escribe: “Querés leer un secreto, te espero al frente”.

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