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Señor copero, señor economista

Las carencias económicas de Jhonny Mamani le empujaron a la superación y a llegar al Palacio de Gobierno. Ahora trabaja en el Ministerio de Economía.

Etiqueta. En el hall del Palacio de Gobierno, Jhonny rememora el tiempo en el que atendió no solo al Primer Mandatario, sino también al Vicepresidente y a los ministros de Estado. Foto: Wara Vargas

Etiqueta. En el hall del Palacio de Gobierno, Jhonny rememora el tiempo en el que atendió no solo al Primer Mandatario, sino también al Vicepresidente y a los ministros de Estado. Foto: Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández / La Paz

00:00 / 10 de septiembre de 2017

Dice que su historia es como la de los demás, pero Jhonny Heber Mamani Villca ha tenido una vida distinta, con carencias económicas que le permitieron valorar la vida y trabajar desde ayudante de chapista y de albañilería, garzón de una pensión en la Garita de Lima, encuestador del INE, pasar a ser copero del Palacio de Gobierno, hasta convertirse en un funcionario del Ministerio de Economía.

Jhonny creció entre vendedores y compradores de la Max Paredes, zona comercial de La Paz. “Mi mamá vendía papel higiénico en la Garcilaso de la Vega”, dice, refiriéndose a esas hojas rosadas y de terminado rústico. Ahí cerca estaba la tienda de discos de vinilo y casetes de su tío Ángel Quispe. “Era como mi padre”, sostiene, pues le enseñó música y a trabajar sin descanso para conseguir sus metas.

“Siempre salíamos a las 11.00 o 12.30 de la noche y luego íbamos a comer a La Tablada y Tumusla. Comíamos cabeza, sopita de corderito”. No le importaba estar hasta esas horas  porque se sentía feliz de estar cerca de sus personas queridas. Un día, su mamá sufrió el robo de todo su capital cuando caminaba por la avenida Buenos Aires. “Ella agarraba de las tiendas grandes a préstamo, eso lo tenía que vender, pero ya no pudo devolver la mercadería y no volvió a levantarse”. Ese tiempo fue de carencias para la familia, cuando la comida de todo el día era fideo con huevo.

En la cocina del Palacio, el copero sirve una compota de durazno. Foto: Wara Vargas

Cuando tenía la edad necesaria y, acostumbrado a colaborar a su familia, trabajó junto a su padre como garzón en bares de la Garita de Lima. Imbuido por las ansias de superación, después de graduarse del colegio estudió mecánica automotriz, que le sirvió para trabajar de ayudante de chapista, hasta que una amiga le informó sobre inscripciones para cursar la carrera de Turismo en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

“Después he estado de pintor de casas y ayudante de albañil”. De aquella etapa recuerda que despertaba temprano porque debía llegar de El Alto a la zona Sur. “Un día estaba ayudando a mi papá en una obra gruesa, estábamos manejando cosas pesadas; pero él se cayó de una escalera. Si no estaba ahí para agarrarlo, hubiéramos caído varios pisos”. Ese incidente ocasionó que padre e hijos dejaran la construcción para  siempre.

Jhonny buscó un empleo más tranquilo, de esa manera recaló como encuestador en el Instituto Nacional de Estadística (INE). “Había un tiempo en que ya no podía estar con contrato, ya que tenía que trabajar y ayudar a mi familia y no depender de ellos tanto”.

 Su madre Nelly y su padre Carlos durante una fiesta. Foto: Gentileza Jhonny Mamani

Al revisar en el Sicoes (Sistema de Contrataciones Estatales), encontró tres opciones: uno para seguir en el INE, un puesto de limpieza en el Palacio de Gobierno y otro de garzón en el mismo lugar.

Después de unos días tenía dos posibilidades: otro contrato de dos meses en Estadística o estar un año en el Palacio Quemado.

Lo malo es que la entrevista para los dos puestos era el mismo día y a la misma hora, por lo que se decantó por la plaza Murillo. “Debía irme al INE, me dije. Es que pasaban las semanas y no me daban ninguna respuesta”, comenta.

Vestido con una chamarra roja, es la única imagen de Jhonny cuando era niño.

Estaba intranquilo, hasta que a la tercera semana le llamaron para que presentara su declaración jurada y comenzara a trabajar al día siguiente, el 8 de marzo de 2009.

A pesar de entrar a trabajar a las 04.00 y salir en muchas ocasiones a la medianoche, Jhonny se dio tiempo para licenciarse de Turismo y después cursar la carrera de Economía en la UMSA.

“Nos apoyábamos mutuamente, porque teníamos horarios fuertes de trabajo”, recuerda Miguel Ángel Ticona, con quien Jhonny hacía los turnos de trabajo y ayudó para que estudiara y fuera a sus clases.

“Cuando había alguna actividad importante con el Presidente me quedaba, pero si no había nada corría, pasaba clases y volvía corriendo. Esa ha sido mi vida”.

Su tío Ángel, cuando tenía su tienda de discos de vinilos.

Hace tres meses, cuando se sentía cansado con la rutina, “estaba decidido a dejar la carrera de Economía y, como estaba en el área de cocina, dedicarme más a la gastronomía”, pero en ese tiempo se le presentó una convocatoria para formar parte del Ministerio de Economía, donde trabaja desde hace unas semanas como técnico en la Unidad de Calificación de Años de Servicio.

“Sigo nervioso porque sigo aprendiendo”, dice de su nuevo empleo cuando retorna a la cocina y a los salones que fueron su segundo hogar varios años. Esta vez el acceso para él es restringido, aunque a cada instante se saluda con sus excompañeros. “Hijo, qué bien que has venido”, le recibe Julio Terrazas, el chef que le ayuda a ponerse el saco que utilizó cuando era copero presidencial.

Comparte un poco de charla con Julio y Miguel Ángel, se preguntan cómo han estado este tiempo y recuerdan las anécdotas que han vivido en nueve años.Al final, en medio del hall del Palacio, Jhonny mira a los lados y se da cuenta de que su historia no es como la de los demás.

Jhonny posa en el Salón de los Espejos. Foto: Wara Vargas

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