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Claire Foy, la nueva reina de Hollywood

Saltó a la fama por su papel de la reina Isabel II en la serie ‘The Crown’. Ahora está en busca del trono de Hollywood.

La Razón (Edición Impresa) / Rocío Ayuso, El País

00:01 / 10 de octubre de 2018

Antes de proclamarse reina de la ficción, Claire Foy repartió comidas a domicilio y revistas gratuitas en el metro. Fue teleoperadora, agente de seguridad en Wimbledon y camarera de pub. Pero el destino de esta plebeya británica —“es bueno ser alguien corriente”—, criada en Buckinghamshire, cambió para siempre con su papel de la reina Isabel II de Inglaterra en la exitosa serie de Tv The Crown.

Peter Morgan, el dramaturgo británico creador de esta ficción televisiva, admite hoy que para aquella ­interpretación estuvo empeñado en otros nombres que se niega a desvelar. “Pero en cuanto la vi en una prueba, me pregunté por qué no la había convocado antes. Fue sensacional. Supe que estaba ante la eclosión de una nueva estrella. Fue como ver nacer a una nueva Judi Dench. He trabajado con algunas de las grandes de este oficio, y Claire está allí arriba con ellas”. Sucedió hace poco más de dos años. Tras el periplo de empleos varios y el salto a papeles de poca monta en la pequeña pantalla, Claire Foy estaba preparada para el asalto de la corona británica.

Ganó el Globo de Oro a la mejor actriz en una serie dramática en 2017. Un galardón al que siguieron el BAFTA y el Premio del Sindicato de Actores de Hollywood. Al recoger el Globo de Oro, Foy dedicó el trofeo, entre otras “damas extraordinarias”, a la soberana británica. “El mundo estaría mejor con unas cuantas mujeres más al mando”. Otra reina, pero del celuloide, Helen Mirren, que también ha interpretado el papel de Isabel II en el cine, le mandó una carta de felicitación por The Crown. La admiración es mutua, dice Foy. Ella también tiene como referentes a Emma Thompson, Helena Bonham Carter y Juliette Binoche. A sus 34 años, bien podría decirse que posee algo de todas ellas. Aunque si tiene que confesar sus obsesiones, en el punto de mira siempre tendrá a Grace Kelly y Doris Day. “Mi madre me decía que no era normal que me pasara todo el día viendo sus películas una y otra vez”.

Claire Foy promociona la película First Man (El primer hombre), nueva creación del oscarizado Damien Chazelle (La La Land). Si algo ha resaltado la crítica de esta cinta basada en la vida del astronauta Neil Armstrong ha sido la interpretación de Claire Foy, que comparte protagonismo con Ryan Gosling. “Acabo de empezar a hacer entrevistas a su lado y soy incapaz de superar nada de lo que dice”. La británica, divertida, responde a Gosling: “Inténtalo si puedes”. No es el ­único que últimamente se deshace en halagos. “Decir que va a ser difícil sustituir a Claire es quedarse corto”, ha dicho el creador de The Crown, Peter Morgan, después del abandono de Foy tras la segunda temporada de la serie. En una pirueta de 180 grados, va a convertirse en Lisbeth Salander, la protagonista de la saga Millennium basada en los libros de Stieg Larsson, en una nueva secuela. “Quería encontrar a mi propia Lisbeth y con Claire lo logré”, ha dicho el director de Lo que no te mata te hace más fuerte, Fede Álvarez.

Sus dos nuevos papeles —Lisbeth Salander y Janet Armstrong, esposa del primer hombre que pisó la Luna— aspiran a confirmar su cetro. “Nunca tuve grandes expectativas”, explica Foy en el hotel Beverly Hilton de Los Ángeles. Menuda y calzando sus sempiternas zapatillas Converse, rememora sobre sus inicios: “Fui a la escuela de arte dramático porque había visto millones de películas de pequeña y pensé que estaría bien. Ni tan siquiera pensaba en hacerlas. Me metí porque quería contar historias y lo que esperaba era el fracaso. Pero si al menos conseguía ganarme la vida, todo iría bien. Sé que uno ­tiene que comer y para ello hay que trabajar y ganar dinero. Pero luego vino el Globo de Oro y todo cambió. Cuando estás rodando, vives como en una burbuja. Solo te haces a la idea del alcance de estas cosas cuando ­pisas EEUU. Y en particular Los Ángeles. En esas galas es cuando te ves subida en un pedestal, con la gente pidiéndote autógrafos. Es­peran que seas Dios, cuando todos estamos hechos de la misma forma”.

Su infancia transcurrió en una “ruidosa familia irlandesa” sin ninguna inclinación artística. Ella es la menor de tres hermanos. Con unos padres que se divorciaron cuando tenía ocho años, desarrolló una capacidad de observación a la que se aferra al preparar hoy cada nuevo trabajo. “Es como una documentalista, siempre tan bien preparada, habiendo investigado todo lo necesario sobre su personaje”, dice Ryan Gosling. Como rememora David Rankin-Hunt, consejero de la casa real británica que colaboró con la serie The Crown, fue lo mucho que Foy indagó en la vida de la soberana británica lo que le permitió llegar a parecerse tanto. “A medida que la serie fue avanzando, Claire fue despojando a su personaje de quien era para convertirla en la reina”, recuerda Matt Smith, que interpretó en la trama al duque consorte, Felipe de Edimburgo.

Pese a la pompa que le acompaña hoy, lo único que le ha alterado los esquemas a esta intérprete ha sido la pequeña Ivy Rose, de dos años. Acudió embarazada de ella a la audición con Peter Morgan que le cambió la vida. “Fue ideal, porque durante la gestación no tenía la cabeza para otra cosa. No fui capaz de darme cuenta de que estaba aceptando el mayor trabajo de mi carrera mientras me preparaba para el mayor cambio en mi vida, a punto de tener una hija”. Conoció a Stephen Campbell Moore, el padre de Ivy Rose, en 2011. También actor, se casaron en 2014, justo un año antes de la llegada de la pequeña. A la historia no le faltaron las notas dramáticas. Además de sufrir un parto traumático con hemorragia, durante aquel tiempo su marido fue diagnosticado con un tumor benigno en la base del cerebro. Anteriormente, Foy había tenido problemas de salud, víctima de artritis juvenil y de un tumor en el fondo del ojo. La superación le insufló coraje. En 2018 anunció su separación tras tres años de matrimonio y siete de vida en común. Ahora, como dijo al recoger el Globo de Oro, toda su vida gira en torno a una única protagonista: su hija.

La directora de su primer trabajo principal en la serie La pequeña Dorrit (2008), Dearbhla Walsh, recuerda lo que todos piensan cuando se ponen frente a Foy: vaya ojazos de plato. Walsh también habla de la “fragilidad” de una actriz de mirada extraordinaria. Un rostro que también llegó a los titulares de prensa por la ola Me Too. Su sueldo en The Crown, protagonista de la serie, era sustancialmente inferior al de su compañero de reparto y príncipe consorte en la ficción. “Este asunto forma parte de un extenso debate y ha plantado la semilla para reevaluar, no solo en nuestra industria, sino en todos lados, la forma en la que se estipulan los salarios”, reflexionó el actor ante la prensa. Su sueldo no ha trascendido. El de Foy se acercaba a los 40.500 dólares por episodio.

Sin culpables. Smith es su amigo y lo será “para siempre”. Sus vínculos como actriz con aquellos con quienes trabaja son estrechos. Y también es consciente de que Smith ya era parte de The Crown cuando ella entró. El intérprete era conocido por una de las últimas encarnaciones de Doctor Who, serie por la que el actor firmó un contrato de cinco años. “Pero me sorprendió; siendo la protagonista, me vi en el centro de la polémica”, reafirmó la actriz titular de la trama.

De momento, más allá de las disculpas públicas, asegura que no ha recibido ninguna bonificación que acorte las diferencias, como los productores indicaron que harían. Los 275.000 dólares extras mencionados para equilibrar su salario por The Crown nunca han llegado a su bolsillo. Y la paridad salarial para la nueva temporada no le afectará, ahora que Olivia Colman ha pasado a interpretar en la misma serie a una soberana de mayor edad. En este campo, Foy es consciente de que queda mucho por avanzar. “En un mundo ideal todo iría más rápido. Pero el terreno sigue sin asfaltar. Soy un poco idealista y confío en la igualdad, en el empoderamiento, aunque nos queda mucho por hacer. Encontrar el valor para mantener esta conversación, para impulsar a las que vienen y apoyarnos en las que estuvieron antes en esta misma batalla, conseguir que se piense en la mujer y en la femineidad de otra forma… Es extraordinaria la apertura que estamos disfrutando a la hora de hablar, pero el cambio llevará tiempo”.

Entre los aspectos que no está dispuesta a modificar de su vida se encuentra la casa en la que vive en Wood Green, Londres, donde el único capricho que luce es un piano de segunda mano. Apenas lo toca para no despertar a su hija, que duerme en la planta alta. Sus otros vicios son un buen fuego —“en la chimenea”, puntualiza— y una copa de vino tinto. Su vida personal no ha cambiado. Su postura no es más regia por haberse metido en la piel de una reina. Tampoco está deseando ir a Marte, a pesar de haberse convertido en la esposa de un astronauta en el cine. “¿Yo? Me gusta volar, pero también lo odio. ¡Como para subirme en un cohete!”. Tampoco ha heredado los tatuajes de la indómita hacker Lisbeth Salander, territorio virgen para ella. “Teniendo en cuenta la cantidad de amigos que tengo con tatuajes, no debo ser lo suficientemente cool”, dice entre risas.

Si algo parece definir su carrera es la capacidad de mantener los pies sobre la tierra. Un férreo pragmatismo ante las mieles del éxito y la demoledora maquinaria de Hollywood. “A menos que seas Julia Roberts, nunca te conviertes en la única opción para un director. Nunca dudo de que hay otras 45 actrices  de la misma edad, el mismo look, el mismo todo, aspirando al mismo papel”. Foy, que afirma tener “cero espíritu competitivo”, desbancó a la mismísima Scarlett Johansson en la pugna por convertirse en la nueva Lisbeth Salander. Poco antes del vendaval que va a girar en torno a ella, asegura necesitar tiempo para asimilar todo lo que se le ha venido encima. Para descansar y, sobre todo, organizar la vida antes del huracán. “De lo contrario, no tienes nada que contar. Además, nunca sé lo que voy a hacer hasta que no lo tengo delante de mis narices”.

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