Escape

Silvia Pinto

Desde niña estudió para ser monja y, cuando poco le faltaba para pronunciar los votos, reconoció que su vocación era otra. También estuvo a punto de dedicarse a la música y hasta fue mánager de algunas bandas. Médica Forense

La Razón / Gemma Candela / La Paz

00:00 / 19 de febrero de 2012

La doctora Pinto muestra un libro fino y grande de tapas azules. Es su currículum, dice. Sólo su hoja de vida ya ocupa tres folios llenos de estudios, experiencia laboral, cursos y seminarios, con sus decenas de certificados adjuntos.

Silvia Pinto (35) iba para monja. “Una mañana desperté y pensé: Ésta no es realmente mi vocación”. Su mamá era ginecóloga y ella, a los 15 años, ya sabía suturar, poner inyecciones, curar... “Quiero ser médico”, se dijo. Y se matriculó en la Universidad Mayor de San Andrés.

Allí fue donde despertó una de sus pasiones, la música, y aprendió a tocar la batería. Tanta fue la pasión por este arte que, una vez titulada como médica cirujana, se planteó dedicarse a él. Sin embargo, sabía que para ello no sólo hay que ser buena, sino que tiene que surgir la oportunidad. Fue mánager de algunas bandas pero, finalmente, se metió de lleno en su profesión. Eso sí, tiene una larga melena oscura que parece mostrar que su esencia rockera y rebelde sigue ahí, aunque ahora vista traje.

Tras estudiar un posgrado en medicina forense, fue al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, en la capital Bogotá, donde estuvo tres años. Durante sus prácticas conoció todo un abanico de posibilidades que ofrece este campo de la medicina que ella, como mucha gente, desconocía. Pensaba que los forenses se pasaban el día entre cadáveres o con personas que han sufrido abusos, y es mucho más. Algo que, afirma, en Bolivia está “en pañales”.

También pasó por el campo criminológico, por la ginecología y la pediatría forenses... hasta que se ha estabilizado en documentología forense (perita documentos médico-legales). Además, regresó a su querida facultad, esta vez como docente. “Tengo que ayudarles (a los alumnos) a hacer todo lo que yo no he aprendido” durante los estudios universitarios. Fue ahí donde, aparte de realizar una labor que considera “gratificante”, conoció a su esposo, un estudiante chileno.

Aunque a sus alumnos les muestra fotografías de casos que a cualquiera le puede revolver el estómago, Silvia dice, tranquilamente, que se ha ido “endureciendo” con el paso de los años, pero reconoce que tras ver la película Actividad paranormal no pasó buena noche.

Lo que esta mujer de voz y carácter fuertes no soporta es el maltrato animal; en su casa, cuida con mucho cariño a sus wawas, tres gatos, y a sus cuatro perros. Además, asegura, trata de no matar ni a una mosca.

'He sido rebelde toda mi vida, pero en el buen sentido, en tratar de ir contra lo que yo considero que es injusto. Lo que yo aprendí de mi abuela, de mi padre y de mi madre es el respeto, la base para todo. Eso trato de inculcar a mis alumnos’.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia