Escape

Skateboarding: Tribus urbanas que desafían a la ley de gravedad

En Pura Pura queda la pista de skate más alta del mundo, a la que acuden tanto deportistas experimentados como principiantes.

La Razón (Edición Impresa) / Patricio Crooker

00:00 / 17 de mayo de 2015

Son como surfistas sobre olas de cemento. Sienten la adrenalina que sube desde los pies. Hacia el infinito. La sociedad los define como los miembros de una tribu urbana que se deslizan sobre una tabla con ruedas y a su vez realizan una diversidad de trucos. Lo cierto es que son fanáticos del riesgo y la aventura que pasean su libertad sobre el asfalto de la urbe. En La Paz, un grupo de skaters tiene su guarida en la zona de Pura Pura que es, a decir de los entendidos, la pista más alta del mundo.  Allí, en el denominado skatepark se reúnen principiantes y experimentados a compartir esa pasión. Y entre los que guardan enorme recorrido surge el perfil del cruceño Juan Pablo Imaná, quien hizo sus primeras armas en el parque El Arenal de Santa Cruz de la Sierra y paseó su habilidad por la gran manzana nuevayorquina hace algunos años, en la final mundial del Red Bull Manny Mania.

“Empecé a rodar a los 13 años en Santa Cruz cuando entró fuerte toda la cultura del skate a Latinoamérica, justo había salido el Tony Hawk Pro Skater para PS (play station), los X Games llegaban a la tele y bandas influenciadas por el skate estaban en su tope dando todo el día en MTV”, expresa el menudo deportista.

Pasión

Como para casi toda la tribu skater, este deporte extremo es un estilo de vida para Juan Pablo. Según aclara, la movida en Bolivia es puro corazón, es el verdadero sentimiento skater de los años 70, sin patrocinios, sin campeonatos, sin revista, skate por pura pasión. “Rodar por amor”.

La historia señala que el skateboarding está relacionado con el surfing, la cultura callejera, con el arte urbano, pero muchos skaters apenas patinan en calles o plazas. Son los “ramperos” quienes solo patinan en rampas. De hecho, en bastantes competiciones existen dos categorías (o más): street (estilo de calle) y vert (rampa); porque un individuo puede deslizarse por las pendientes de un skatepark.

“A Bolivia le falta mucho, yo recién soy de la segunda camada del skate que llegó un poco tarde a nuestro país, en Brasil arribó a mediados de los 70 como así también a Chile y Argentina. A Bolivia vino a mediados de los 90”, rememora Imaná.

Si bien empezó en la capital oriental y desafió a la gravedad en Nueva York y actualmente en Perú, donde radica, según él porque allí esta práctica tiene mucha fuerza, Imaná es consciente de que la hoyada paceña es única para la práctica del deporte. Aquí se trata de una actividad intercultural e intergeneracional. “Es el mejor skatepark que vi en mi vida, tiene buena vibra, el lugar es espectacular y la pista está hecha para skaters de verdad, transiciones fuertes, rieles ejecutados de manera profesional con mucha dificultad, muy bien proyectado”, dice con emoción.

Según comenta, Pura Pura es el reflejo de lo que es la cultura skater, “la verdadera, el hecho de pensar que 150 voluntarios de todo el mundo vinieron a hacer un skatepark en Bolivia es demasiado utópico, pero es lo que hace que me enamore cada día más del skate”. “Es un hito en Latinoamérica, el mundo habla de Pura Pura como el skatepark más alto del mundo construido por skaters para skaters”, refiere.

Sobre los que patinan, un reportaje del año 2002 para la American Sports Data estimó que había 13,5 millones de skaters en todo el mundo; siendo el 84% menores de 18 años, de los cuales el 74% eran hombres y el 26% mujeres. En 1963 en la ciudad de California, Estados Unidos, tuvo lugar el primer campeonato de skateboard, dos años después ya se había multiplicado la cantidad de skaters y se comenzaron a organizar los primeros campeonatos internacionales hacia 1965.

Una tabla de skate, sumando sus tracks y llantas, cuesta alrededor de 150 dólares y además un skater invierte en ropa y calzados especiales cerca de 300 dólares. “Sería fantástico poder lograr muchos éxitos, pero mi sueño es que el skate haga huella en Bolivia. Quiero que mis hijos puedan practicar skate con más facilidades y no con las dificultades que yo sufrí”, explica.

Él y el resto de muchachos continúan en su desafío a la gravedad. Practican el Ollie, que es el truco básico del skateboard, el Nollie que es un tanto más complicado, y los trucos de piso como el flatground o flip tricks, dirigido a los más experimentados. Cae la tarde en Pura Pura. Y los chicos ya tocaron el cielo.

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