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Sonia Rolón

De padres cochabambinos, esta paceña de 50 años despliega sus dos pasiones bajo una convicción feminista. Las ciencias políticas la impulsaron a estudiar leyes y el canto la sedujo desde pequeña. Cantante y abogada

La Razón / Liliana Aguirre

00:00 / 04 de marzo de 2012

La delicadeza del tono de su cabello rojizo, de su blanca piel como porcelana y de las líneas de su rostro adquiere otro cariz cuando su voz se apropia del espacio y las notas potentes y melodiosas despegan desde su garganta. Con cinco discos en su haber, Sonia Rolón Roth es una mujer que se bifurca entre sus dos pasiones,  el canto y la abogacía,  y a ambas las hilvana con una firme convicción: el feminismo.

El afán por el estudio de las leyes le llegó en su juventud, cuando su padre era Embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, y tomó cursos de Ciencias Políticas en Nueva York. A su retorno al país, se matriculó en la Universidad Mayor de San Andrés. Pero pospuso su licenciatura en Derecho para acompañar a su entonces esposo, quien había obtenido una beca de posgrado en el exterior y la llevó junto a su primer bebé.

En Italia, la biblioteca se convirtió en su amiga de horas libres. Fue allí donde quedó prendada del pensamiento de la novelista y filósofa francesa  Simone de Beauvoir —”Leí todo El segundo sexo y allí me percaté de la situación de las mujeres”—, la periodista y escritora estadounidense Gloria Esteinem y de otras autoras, poetas, artistas que enarbolaron el feminismo. Pero más allá de la teoría, Sonia vio de cerca la inequidad y las injusticias a las que las mujeres están expuestas a través de su profesión como abogada civilista.

“Es terrible como en nuestro país los problemas de incumplimiento de pensiones por parte de padres y la agresión sexual, física y psicológica están tan presentes. En los casos que atiendo, me he topado con mujeres que también reproducen el machismo patriarcal”. En su criterio, el feminismo es una cuestión instintiva, es como cuando un cuerpo comienza a diferenciarse del resto y se vincula a la unicidad de ser mujer.

Eso sí, ella no ha descuidado su otro amor: el canto. “Comencé a cantar de muy chiquitita. Franklin Anaya —creador del colegio Laredo de Cochabamba— es mi tío, así que vengo de una familia musical. También mi padre nos hacía oír ópera; a los 11 años oía a María Callas en La Traviata. A los 15 años entré a la Sociedad Coral, también participé de la coral Nova e hice cursos en el Conservatorio Nacional de Música”, recuerda esta paceña.

En su último disco, Voy yo misma a desnudarte, debuta como solista, compositora  y se desenmarca de lo lírico con un híbrido de géneros. Aparte, Sonia presta su casa de Cota Cota a jóvenes artistas para que muestren sus creaciones con instalaciones, exposiciones y conciertos.

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