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Sueños hechos realidad

Pelchi confecciona muñecos únicos a partir de los personajes que dibujan los niños.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

11:09 / 14 de marzo de 2018

Mientras caminaba por el bosque, Rociel encontró una joya que le daba el poder de volar y transformarse en cualquier animal, pero se enteró de que si la perdía iba a dejar de tener todas esas potestades. A sus ocho años, Nataly Noriega dibujó a Rociel en una hoja de papel. Desde entonces comenzó a grabar en el teléfono celular o a escribir en un cuaderno las aventuras de esta gata blanca vestida con un pijama azul adornado con los colores del arcoíris.

A su madre, María Teresa Limpias, le pareció una buena idea hacer realidad la fantasía de su pequeña, por lo que encargó al emprendimiento Pelchi que confeccionara un muñeco sobre la base de la ilustración elaborada por Nataly. Cuando llegó la Navidad, la niña lloró de felicidad al ver, sentir y oler a Rociel, hecha peluche.

Desde noviembre del año pasado, Paola Oliden y Andrés Santalla administran Pelchi, un emprendimiento que materializa los sueños de menores entre 3 y 12 años a través de muñecos hechos de tela.

Esta iniciativa surgió cuando ambos vieron en internet un concurso organizado por una empresa de muebles internacional, que convocó a los niños a que dibujaran algún personaje. El ganador consiguió que su creación se convirtiera en un juguete que iba a ser vendido en las tiendas. “Nosotros no nos queríamos quedar con la comercialización del muñeco y ya, sino que necesitábamos conseguir algo más”, cuenta Andrés, quien junto con Paola decidió que su meta es hacer realidad la imaginación de niños como Nataly (quien vive en Santa Cruz) o Laura Cuba, quien tiene siete años.

Natalia Camargo —la madre de Laura— cuenta que su pequeña siente cierta aprehensión a las muñecas convencionales, por lo que un día juntó una caja de cartón, lana de colores y un globo violeta, con los que formó a Globina, una figura que se convirtió en su mejor amiga, con la que “comía, charlaba, jugaba y dormía”. No obstante, la esfera de goma reventaba al poco tiempo y ocasionaba el llanto de la menor. Cambiaron la cabeza de Globina cuatro veces y buscaron lana para reemplazar su cabello, hasta que la progenitora se comunicó con Pelchi.

“Nos fijamos en Globina y luego dibujamos su cabeza, su cabello, su cajita, la hemos pintado, y nos salió así”, cuenta Laura. A las dos semanas, “su compañera” retornó pero sin caja ni globo, sino como una muñeca. “Jamás vi a Laurita tan feliz, no lo podía creer. Su amiguita se había vuelto realidad y lo mejor es que ya no se desinflaba”.

El negocio de Andrés y Paola no se circunscribe en la confección de un muñeco, sino que, además, la psicóloga Geraldine Aguirre analiza las ilustraciones con el fin de dar recomendaciones a los padres para la mejor formación de sus descendientes.

“Para fortalecer la autoestima (...), en los momentos en que tenga una buena actitud, en que manifieste habilidades de empatía o que haya utilizado su imaginación y creatividad para resolver algún problema, utiliza frases positivas como ‘¡muy bien, tú sí sabes entender a los demás!’ o ‘¡esta idea que tuviste es magnífica y nos permite resolver este problema!’”, es la sugerencia que la especialista hizo a los padres de Nataly.

“Me gusta dibujar y pintar porque es divertido”, asegura Santiago Paredes, de ocho años, admirador del Capitán América y Spider-Man, pero que inventó a su propio superhéroe: Badam. “Puede volar, tiene mucha fuerza y protege el medio ambiente”, lo define. “Nos sorprendió porque no sabíamos que tenía tan buenas aptitudes para el dibujo”, comenta su padre, Miguel Paredes; mientras que su madre, Pamela Aguirre, cuenta que su hijo no se separa por nada de Badam y que incluso duerme con su personaje preferido.

Al ser figuras que provienen de la imaginación de un niño, no existen patrones ni un stock determinado, por lo que no hay una tienda física y los pedidos se hacen mediante Facebook (Pelchi Bolivia) o WhatsApp (75804145).

El proceso empieza cuando el progenitor le pide a su hijo que dibuje un personaje que tenga un nombre y poderes mágicos. Cuando la ilustración llega a Pelchi, la psicóloga analiza los detalles, mientras que Paola convierte el gráfico en un muñeco de peluche, respetando la forma y los colores originales. El trabajo, que toma entre 12 y 15 días, termina cuando el niño recibe el muñeco, el dibujo digitalizado y el certificado de nacimiento de su personaje.

“Pensé que era un peluche cualquiera, pero al verlo sentí demasiada felicidad. Sentí que puedo hacer realidad todo lo que he creado”, dice Nataly. Santiago quiere más, así que dibujó al Señor Basurero, el archienemigo de Badam, quien “arruina el medio ambiente”.

Paola tiene razón cuando afirma: “No vendemos peluches, vendemos una emoción, una enseñanza”, para estimular la creatividad de los niños.

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