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TAXI EN QUITO

El Papirri abordó un móvil en la capital ecuatoriana y el chofer le develó una vida tan similar entre latinoamericanos

La Razón (Edición Impresa) / El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

00:00 / 09 de noviembre de 2014

Yo tendría… a veeer… unos 24 años cuando decidí irme allá, guambrito era todavía, mi papá había trabajado toda su vida en la mecánica, quitándose el pan de la boca había ahorrado unos buenos sucres, los tenía en el banco, era lo más sagrado para él porque con los intereses daba para que yo estudie en la universidad, mi papi quería que sea ingeniero, yo ya había salido de la escuela politécnica, le ayudaba en el taller, pero él quería verme con el cartón de ingeñeero siempre… porque fue en esa época que mi mamá se enfermó de golpe  y se nos fue nomás, chuuuta, quedamos hechos pedazos yo y mi papi, botados en la casa de arriendo de la Tola, mi tía Dioselina cocinaba, teníamos dos perros, los días llegaban con los carros y había que destriparlos, nos la pasábamos pintados de grasa debajo de los autos, el asunto es que mi papá me inscribió en la universidad central y ya estaba en segundo semestre cuando llegó la mala suerte: el Mahuad decretó el feriado bancario, corralito también le dicen… dejamos de trabajar el taller para hacer la cola de reclamo en el banco, éramos miles, desesperados, nadie nos atendía, nos devolvieron casi nada, estos hijoeputas cerraron las puertas con candados gigantescos mientras mi padre gritaba día y noche, meses y meses, los chapas nos tiraban gases; chuuuta, eso creo que le hizo mal a mi papi… luego supimos que ya no había tampoco el banco, entonces una noche mi papá se fue a chumar con mis tíos de pura rabia, era una farra triste, entre pasillo y albazo le vino el ataque, el corazón le reventó en los ojos, se murió de rabia nomás mi papi mientras estos hijoeputas se compraban mansiones en Miami con nuestra plata, los 3.000 que conseguimos nos devolvieran los gastamos en un buen entierro, él quería ataúd con la bandera del Aucas y así fue; chuuuta, me quedé solito, botado, antes de que me dedique al trago mi tío Ángel que vivía en Madrid me mandó el pasaje, tomé el avión, no sabía cómo era el avión… han pasado 20 años de esa vez, fue así que llegué a Madrid, mi tío Ángel me esperaba en Barajas y directo me llevó a trabajar de chofer en una tienda graaaande; tuve suerte, los dueños de la tienda se encariñaron conmigo, gente de mucho billete esos gachupines, repartíamos electrodomésticos por toda España, desde exprimidoras, licuadoras, cocinas, neveras y sobre todo cafeteras para oficinas, yo para ganarle al trafico salía  a las cuatro  de la mañana, tomaba el metro y llegaba a las cinco, directo a manejar la furgoneta, a repartir las cafeteras, bien me ha ido en esa época, hasta papeles hice, pero eso sí: ¡qué beeestia! Ustedes los bolivianos son buenísimos  para el trago… en la disco de ustedes en Usera la conocí  a mi mujer, clarito me acuerdo, con una canción de Los Kjarkas era, los bolivianos se reunían todos los sábados, allí la conocí, ustedes sí que son buenos para reunirse y  bailar sus músicas hasta el amanecer; chuuta, cuando la vi pensé que era boliviana, y  no… era ecuatoriana, su mejor amiga era de… Cochapampa creo y la había llevado a esa disco, ahí mismito bailando a Los Kjarkas la conocí, cómo no los voy a querer a ustedes si gracias a su música me llegó el amor, 20 años de casados vamos a cumplir… pero entonces llegó la mala suerte: hace unos ocho años mi jefe me dijo que tenían que reducir personal, que Aznar les estaba obligando a sacar extranjeros, que ya no se podía… ¡joder! De un día para el otro estaba afuera, pero ellos bien eran, me pagaron un billete y con lo que habíamos ahorrado metimos la seña para comprar un piso, entonces vino la hipoteca, tuve que hacerle de albañil, no había de otra, pero eso sí: ¡qué beeestia!  Ustedes los bolivianos son buenísimos para la construcción… yo no aguantaba tanto cargar los ladrillos, palear el cemento y los bolivianos como si nada le metían, de chofer ganaba nueve euros la hora, de albañil, cinco; chuuuta, un año aguanté… mi espalda empezó a joder, nos daba con las justas, alquilamos las otras dos habitaciones del piso, más bien solo hicimos una guaguita, los tres nos estábamos en el cuarto, pero mi espalda no ha aguantado, por eso decidimos aceptar el trabajo en el campo, nos fuimos para Valencia, en el campo cosechábamos sandías y piñas, lo difícil era cargar las sandías desde la tierrita hasta el camión, porque el camión no avanzaba hasta dentro, había que cargar unos 30 metros las sandías, pero eso sí: ¡qué beeestia! Ustedes los bolivianos son buenísimos para cargar… cinco, seis sandías de una, yo apenas con cuatro y mi espalda empezaba a crujir, mal estaba la cosa, me daban cuatro euros la hora y con el alquiler y la niña en la escuela y los rumanos, dos años nomás  aguanté camellando hasta que decidí volverme a Quito… hace tres meses que he vuelto, mi piso se sigue pagando, lo saqué a 30 años y lo alquilo en 600 euros, todiiito va directo a la hipoteca, pero eso sí: ¡qué beeeestia! Ustedes los bolivianos son buenísimos para vivir… en mi piso viven 20, chuta, no sé cómo la hacen, pero pagan puntual, en unos 20 años terminaré, porque ahora tengo que empezar a pagar la letra de este taxi que me costó 20.000 y el permiso de la cooperativa 10.000, mi suegro me ha garantizado. ¿En la esquina? Me llama nomás, jefe, estoy para servirle, gracias también.

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