Escape

TÓXICO - Un ilustrador que deja aflorar el inconsciente

Sus padres le llamaron Marco Antonio Guzmán, pero su obra le valió el apodo que hoy identifica al artista

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 17 de junio de 2012

La Chunchula recibe, pelaje recortado, jopo y meneo de cola, a quienes llegan al departamento de Marco Tóxico. “Tan mona, ella”, comenta el dibujante y poeta, admirador de Jodorowsky, de la mascota a la que ha aprendido a querer. Un aprendizaje de más de un año en el que le ha guiado su compañera, Karen Gil, amante de los perros, que adoptó al ejemplar y pegó en varios puntos del estudio de Marco letreros aún presentes: “Derecho a ser queridos”, “Derecho a ser cuidados”.

Marco se ríe, con esa sonrisa de niño que hace difícil imaginar que tiene como dueño al autor de ácidos dibujos, de monstruosos seres en los que él ve a la sociedad humana, sobre todo al poder que en ésta se regodea. 

Este hijo único, nacido en 1982, fue nombrado por sus padres Marco Antonio Guzmán. Creció en el barrio de Miraflores y decidió estudiar Artes y Diseño Gráfico, aunque pronto abandonó las carreras, decepcionado de la enseñanza universitaria. “Desde 2005, cuando dejé las aulas, no he vuelto a pisar la universidad”.

Los primeros intentos de comunicarse con los lectores, a través de la historieta y el dibujo, se tradujeron en una publicación, Trazo Tóxico, que incluía el trabajo de otros jóvenes como él. “Yo llevaba las revistas a vender, las dejaba en negocios y boliches. Los encargados no siempre se acordaban del ‘Marco’ que los había contactado, por ejemplo, para cobrar, y preguntaban ‘¿quién?’, y sus ayudantes respondían ‘Marco, el del Tóxico’, asociándome con la revista”.

Así fue rebautizado y el artista asumió el apodo con el que es más conocido en el ambiente de la ilustración nacional y, poco a poco, en el internacional.

En el casco antiguo

Marco Tóxico habita en el último piso de un edificio “moderno” de tres, insertado en la antigua calle Catacora. En la angosta vía, por efectos de tal modernidad, hay varias estructuras elevadas. El efecto es que de la ventana de un inmueble a la de otro hay tan poco espacio, que fácilmente uno podría pasar por fisgón. Los vecinos de enfrente se han protegido del riesgo con cortinas, pero Marco y Karen mantienen los amplios ventanales libres. Mirando hacia el sur por uno de ellos, sorteando casas de techo de calamina y otras huellas de la desordenada presencia humana, atisba el Illimani.

Mientras Marco soporta el asedio del fotógrafo, hay tiempo para curiosear desde ese altillo. Pero un trozo de periódico doblado, que ayuda a cerrar una hoja de la ventana, distrae la atención: “10 macabros asesinatos…”. Chistosa asociación de ideas.

Lo que a Tóxico le parece “chistoso”, es su apodo; por la paradoja, dice.

“Mi vida no puede ser más tranquila. No bebo, no fumo, no me gusta salir por las noches; tengo cientos de manías y fobias: a las alturas, a los perros… No soy sano, precisamente. He pasado por una operación terrible (levanta su polera y exhibe una gruesa cicatriz en el abdomen) y me han trepanado la cabeza por un tumor”. Es decir, no es un artista de los que la gente imagina, sumido en vicios y excesos. Por el contrario, “me cuido”.

Y, sin embargo, “mi arte es ácido”. ¿De dónde viene? “Es muy intuitivo, la gran mayoría sale de mi inconsciente; estoy sentado y a medida que avanzo con el dibujo comienzo a darle coherencia”. Marco cree, como Moebius, que “el proceso creativo, la forma de comunicar algo, va más allá de la forma de vida del que crea”.

Cuentan también, lo apunta el creador de La Ñatita (editorial independiente nacida cierto día de Todos Santos), lo que ve, escucha y lee. “Mi material ilustrativo es un mal collage de películas extremas, de sitios de internet extraños, de canciones raras y de la agorafobia que sólo puede sentir quien vive en una ciudad como La Paz”, le dijo a la prestigiosa revista alemana Taschen, que incluyó su trabajo (así como el de sus colegas Susana Villegas y Frank Arbelo) en el tomo 4 de Ilustration Now, editada por Julius Weidemann en 2011.

Entre los insumos para alimentar el inconsciente, Marco cita: Bukovski, Papasquiaro, Otto Dix, Rufino Tamayo, José Guadalupe Posada, Alejandro Salazar, Édgar Arandia, Adriana Bravo, Arturo Borda, Pedro Guerra, el cine asiático, el grabado expresivo, subversivo, demente… 

El complemento ideal

La pareja de Marco es periodista. “Karen me complementa”, dice de ella. “Yo soy tibio en muchos aspectos, comodón, puedo estar cinco o seis días sin salir de casa; en cambio, ella es activa, dinámica, llena de coraje; ha marchado junto con los indígenas del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional  Isiboro Sécure), no sólo para recoger información sino para participar”.

Han compartido trabajo, como en la revista Divino Golfo, en la que Karen aportó con los guiones; “pero ahora, porque ella no tiene tiempo, hemos hecho una pausa”.

Ambos suman, claro, para el sostenimiento de la casa. Él, gracias a la ilustración y el diseño; “más a lo primero, porque para lo segundo todavía no tengo la pericia suficiente”. No es para hacerse millonario, pero algo ha mejorado el mercado comparado con 2004, cuando “los sueldos eran deprimentes”. Y, aunque es cierto que “todavía hay una visión chica de la ilustración en el país, se ha ido valorizando y hay instituciones, sobre todo de cooperación extranjera y de organizaciones no gubernamentales, que saben lo que hacen y exigen un buen nivel para sus materiales”.

El mercado internacional es otra veta que explotar. “Argentina, Perú, Brasil, apunto allí donde hay buen criterio para seleccionar”. Más lejos, y gracias a información de Diseñadores Gráficos de Bolivia, su obra fue recientemente evaluada en el Festival Internacional de Ucrania COW (International Design Festival. “Taking design to the Center of the World”), y el jurado la eligió para destacar al boliviano entre los diez —de un centenar— mejores ilustradores, el único latinoamericano del grupo, para más señas.

¿Cómo trabaja un artista tóxico? Sentado ante la computadora, cerca de un ventanal que da a la calle Jenaro Sanjinés, dibuja “casi todo en la computadora, con la tablet”, aunque también recurre a la micropunta y los marcadores.

“Vengo del grabado”, cita otra de sus influencias para explicar los dibujos en blanco y negro. Cuando debe usar otros colores, éstos son planos, dejando siempre que destaque el trazo del dibujo negro.

El entorno de la historieta

Acerca de la movida de los historietistas, Marco confiesa sentir “que luego del boom que se vivió en mi generación, hay un vacío; como que no se ve gente nueva, salvo Óscar Zalles, Paola Vásquez y Román Nina”. Una de las causas, “creo que tiene que ver con que el Festival Internacional de Historietas (que organiza Viñetas con Altura) fue bajando de nivel; en los primeros años tenía un nivel alto y todos nos afanábamos por presentar cosas; ya no ha sido así y la prueba, temo, se verá este año”.

Tampoco el público “siente la necesidad, porque no tiene, como todavía nosotros de niños, la cultura de leer historietas: desde Batman o el Pato Donald, que te encontrabas en cualquier quiosco, hasta las revistas argentinas como D’Artagnan, El Tony y otros”. Los esfuerzos nacionales para llenar ese vacío son pocos y Marco cita a El Lustra, que publica un diario local semanalmente, como ejemplo destacable.

En cuanto a novedades, a nivel de ilustración y de historieta de Marco, hay que anunciar un libro de pronta publicación, titulado Musicaníbal (El Cuervo y Lápiz), antología dedicada a los músicos que han removido el interior del dibujante. 

Esa conmoción que él siente, y que se traduce en autorretratos, es la misma que busca despertar en quienes se acercan a su obra,  afirma  Tóxico. “Para mí, el arte es, como se ha dicho del humor puro, aquel que ofende a alguien, pues lo mueve a replantearse cosas. En cambio, aquello que se dice inofensivo es, por el contrario, peligroso en cuanto adormece y conforma”.

Es cierto que los trazos de Marco pueden resultar hasta agresivos. Desde el título, como el del fanzine —otro de su autoría— llamado Gringo muerto, pero, si no, innegablemente  inquietan. Tanto como los textos que suele añadir, pues este artista explora también en las palabras, la poesía. Un ejemplo es el librito Nosotros terroristas, de ediciones malarmadas, una más de sus invenciones, del que se extraen los versos incluidos en estas páginas (arriba).

Marco Tóxico publicará, asimismo, una historieta en Escape, el 15 de julio, sumándose a la lista que incluye ya a Álvaro Ruilova, Alejandro Archondo, Susana Villegas, Frank Arbelo, Juan Carlos y Felipe Porcel, MiRo Bazoalto y, actualmente, Al-Azar.

Ha caído la tarde y es hora de dejar solo a Marco. “No, no estoy solo mientras espero a Karen, pues la Chunchula (que ha dormido todo el tiempo en su sillón favorito) me hace buena compañía”. Tan mona ella.

No me llores, serpentina

No me llores, serpentina, lagrimitas de colores, porúltima vez, dame un abrazoenredándote en mi cuello, dameun beso de alcoholcito y tusonrisa de confite. No lo sabes,serpentina, peroesta noche, cuando suenenlos cuetillos yladren todos losperros, seréyo el que se vayaen la bolsa debasura.

El buen soldado

Camos, buenos muchachos,nos iremos de paseo, muyarmados, muy machitos,regando de municiones a lasflores más carnosas, llevaremosmaldiciones que echaremosen el río, comeremos carnehumana, freiremos a los perros,nos haremos hamburguesascon los niños no nacidos. Somoslos salvadores, no pedimos su permiso, somos el ejércitode lacras, chicos buenos,consentidos, somos todosbuenos soldados, blindadoscon cobardía.

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