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Taixa Vera

Hoy, la adolescente ya debe estar en Santa Cruz, a donde vuelve luego de dos años de haber vivido en Salta; allí tuvo como maestro al violinista Miguel Buchhalter, miembro de la Sinfónica de la ciudad. La chica del violín.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 14 de abril de 2013

Tiene 15 años y ningún reparo en pararse en plena calle Comercio, de La Paz, para tocar el violín. La gente que pasa la mira con inocultable sorpresa y muchos, sin detenerse apenas, echan unas monedas en el estuche que está abierto para tal fin.

Taixa Vera es cruceña, pero ha vivido dos años en Salta (Argentina), donde comenzó con la música, explica su mamá que sigue de cerca la performance de la adolescente. “Pon que mis maestros han sido Tetyana Kosimicova primero y, recientemente, Miguel Buchhalter”, pide haciendo un brevísimo alto a su misión de arrancarle acordes al instrumento. No puede, ni quiere, darse el lujo de charlar mucho rato, pues tiene que aprovechar de la mejor manera el tiempo que la Alcaldía le ha autorizado, previo pago por el permiso, para la actividad callejera: dos días, de 11.00 a 13.00.

Quien se anime a escucharla por unos minutos, se dará cuenta de que esta chica rubia y sonriente, lo mismo toca música chaqueña que clásica y romántica, una pieza tras otra, casi sin respiro.

La familia en pleno, es decir los papás, Taixa y su hermana mayor, retornan a Santa Cruz. Necesitan solventar gastos, por eso, y siguiendo una forma de conseguirlo que es muy común en otras ciudades del mundo, apelan a la música. La hermana toca el violoncelo y la madre la flauta traversa, explica ésta.

No lejos de Taixa hay otros músicos: uno con un bombo y más allá un guitarrista ciego. Pero la violinista luce tan animada que, quién sabe si por eso o por qué, las monedas recompensan su hazaña más que las de los otros.

La pena propia y la de su madre es que, a diferencia de las facilidades que encontraron en Salta para cultivar música, instrumentos incluidos, en Bolivia todo les resulta caro en ese sentido. “Fuimos a averiguar al  Conservatorio; pero no está al alcance nuestro, como seguramente no lo está para muchas familias”. De todas formas, Taixa, sin dejar de tocar, responde que, apenas termine el colegio, escogerá una profesión que tenga que ver con la música.

“Se siente bien cuando puedes darle cultura a la gente”, explica la razón de su entusiasmo. Porque ella no hace sino actuar, como haría en un teatro, si pudiese, y resulta natural que quienes escuchen, paguen.

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