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Tarwi, alimento de los alimentos aymaras

En Cojata Pampa, a orillas del lago Titicaca, los comunarios apuestan por la producción de la nutritiva legumbre.

En Cojata Pampa son comunes las parcelas dedicadas a la siembra de tarwi, que tiene una flor de tono violeta. Foto: Pedro Laguna

En Cojata Pampa son comunes las parcelas dedicadas a la siembra de tarwi, que tiene una flor de tono violeta. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo / La Paz

00:00 / 14 de mayo de 2017

Don Teodoro Aricapa habita en la comunidad Cojata Pampa a orillas del Titicaca, municipio de Carabuco. Nació allí hace algo más de seis décadas, en medio de ese paisaje altiplánico y lacustre donde el viento silba contra el rostro y el sol chamusca la piel. Él recuerda que cuando era chico, la vida en ese paraje de alta vegetación, debido al terreno húmedo al ser bañado por las aguas del lago, era muy distinta a lo que es hoy. No había luz ni televisión, y el traslado hacia la ciudad de La Paz, su contacto con la “civilización” cruzando esa complicada ruta de tierra, demoraba casi 12 horas. La escuelita donde estudió Teodoro también era muy diferente, prácticamente una infraestructura de cimientos de adobe y techo de paja con algunos asientos para los niños que acudían al establecimiento desde comunidades alejadas cargando sus pequeños “atados” de comida; de hecho el colegio cambió de Cojata Pampa a Unidad Educativa República Bolivariana de Venezuela en los últimos años. Era una vida muy sencilla, con formas de entretenimiento inspiradas en lo que les daba el entorno, “jugábamos con tejeta (pelota de trapo), con tapitas, pesca pesca, oculta oculta”, recuerda hoy don Teodoro.

Sus días de escuela no salían del modelo al que se acostumbraba hasta bien entrado el siglo pasado. Disciplina férrea para aquellos que despertaban al mundo y a quienes había que prepararlos para que sean hombres de bien. “Si pues, los profesores eran muy estrictos y hasta nos pegaban para que aprendamos, nuestros papás estaban de acuerdo con ese trato y no podíamos quejarnos”. Además de sus ocupaciones escolares, él y todos los chicos del pueblo acompañaban a sus padres a trabajar en las labores del campo, como la siembra y cosecha, y el cuidado de los animales. Sus jornadas empezaban con el alba y terminaban apenas advenida la intermitencia de las estrellas que se ven tan cercanas en ese cielo para nada contaminado.  

El tarwi contiene un alto porcentaje de proteína (44,3%), además de hierro, calcio y fósforo; es rico en lisina y en ácidos grasos no saturados.

En los años 80 llegó la luz y con ella mejores condiciones de vida. También la televisión que de a poco fue relegando el uso de las radios a pilas, que tanta compañía habían hecho a las familias en sus hogares y a los jornaleros en sus labranzas bajo el sol. La comunidad no tiene un patrono y suele festejar su aniversario en la primera quincena de marzo con diversas actividades, como la realización de campeonatos de fútbol con la participación de comunidades vecinas donde el local Sporting Cojata, de uniforme verde y amarillo, es el gran ganador. La llegada de la primavera es propicia para el trabajo en las parcelas, donde se suele sembrar haba, papa, arveja, choclo, trigo y el que ha venido a ser el producto estrella en los últimos años por su alto valor nutritivo: el tarwi.

La señora Agustina Huajlliri, actual líder de la Asociación de Productores de Tarwi de Carabuco - Región Lacustre (Aprotac-RL), lleva más de 10 años procesando y vendiendo productos a base de harina de esta legumbre en los mercados y ferias campesinas de la región del Altiplano Norte. Todo el proceso, desde el desamargado hasta la molienda de harina, es realizado por ella de forma manual. Su actividad se mantiene pujante, puesto que por la textura especial de esta harina, sus productos son muy apetecidos y valorados por la población.

Agustina forma parte del proyecto Latincrop, que se entiende como parte de una Estrategia Integrada para la conservación y uso de la agrobiodiversidad latinoamericana subutilizada. “Es un consorcio internacional liderado en Bolivia por la Facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), la Fundación Proinpa y la ONG Melting Pot; la Universidad Nacional del Altiplano de Puno – Perú; el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Ecuador; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y GPS Sinagro SRL de España; y la Universidad de Copenhague de Dinamarca”, explica Angélica López, coordinadora de la Macrorregión Altiplano. Este consorcio realiza acciones de apoyo en el fortalecimiento de la conservación de la biodiversidad agrícola en la región andina a través de la sistematización de la información acerca de las especies andinas poco utilizadas y la difusión de sus usos y manejo.

La Facultad de Agronomía de la UMSA implementa el proyecto en comunidades de municipios como Coroico, Irupana, Carabuco, Mocomoco y Sorata, “en la investigación y difusión de las propiedades nutricionales y medicinales, así como la riqueza y biodiversidad de los cultivos de yacón, racacha, tarwi e isaño”, dice Félix Mamani, también involucrado en el rescate de los saberes locales que ya lleva 20 años en la investigación de granos de la región andina.

En el restaurante Gustu de La Paz se elaboran platillos gourmet con la legumbre andina.

Cae la tarde en Cojata Pampa a cuatro horas de viaje desde la ciudad de La Paz. El sol ya hizo lo suyo y los pobladores empiezan a culminar su jornada laboral y dirigirse a sus hogares. A don Teodoro lo esperan los suyos con algunos queques y galletas hechas a base de harina de tarwi, “es más alimento que el pescado que aquí no abunda y si llega, es caro”. También dice que debe dormir temprano, pues al día siguiente lo espera una faena de labrantío para preparar la tierra. El viento vuelve a soplar.  

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