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Tesoro celta

En Francia se produjo el hallazgo de un inmenso complejo funerario con restos de humanos de una alta estirpe rodeados de oro y plata.

El lugar se encuentra junto a una vulgar rotonda y entre las estructuras prefabricadas de un parque empresarial, donde se debía construir próximamente una nueva zona comercial. Foto: elpais.com

El lugar se encuentra junto a una vulgar rotonda y entre las estructuras prefabricadas de un parque empresarial, donde se debía construir próximamente una nueva zona comercial. Foto: elpais.com

La Razón (Edición Impresa) / Álex Vicente, El País

00:00 / 28 de marzo de 2015

El lugar se encuentra junto a una vulgar rotonda y entre las estructuras prefabricadas de un parque empresarial, donde se debía construir próximamente una nueva zona comercial. Un equipo de arqueólogos franceses, encargados de averiguar si esta tierra de aspecto anodino contenía algo de valor en sus entrañas, acaba de dar con uno de los mayores hallazgos correspondientes a las culturas celtas en el continente. El Instituto Nacional de Exploración Arqueológica (Inrap, en sus siglas en francés) ha descubierto un inmenso complejo funerario en la localidad de Lavau, situada en la periferia norte de Troyes, a 180 kilómetros al sureste de París. La necrópolis albergaría la tumba de un rico príncipe celta del siglo V antes de Cristo, descubierta tras una larga inspección preventiva iniciada en otoño, previa al comienzo de las obras en el terreno. Se trataría de una de las más monumentales sepulturas celtas encontradas en todo el continente, junto a la de Vix, descubierta a principios de los cincuenta cerca de Dijon, y la de Hochdorf, hallada cerca de Stuttgart en 1978.

El estado de la exploración, que debería terminar a finales de este mes, permite discernir la silueta del esqueleto del príncipe, que reposaba en su interior junto a su carruaje, lo que ha permitido estipular su elevada casta social. Los arqueólogos también han determinado su sexo tras encontrar un cuchillo de grandes dimensiones junto a sus restos. En una tumba cercana, los exploradores han localizado el esqueleto de una mujer, que habría sido construida años antes que la del príncipe, según los arqueólogos. “Es posible que existan lazos de parentesco entre ambos personajes”, ha apuntado el responsable de la exploración, Bastien Dubuis.

El Inrap describe una superficie subterránea de casi 7.000 metros cuadrados, rodeada de una sofisticada fosa y situada bajo un montículo de unos 40 metros de diámetro (el llamado tumulus, que protegía la sepultura de la superficie). En la necrópolis, los conservadores también han hallado una gran caldera de bronce, perfectamente conservada y decorada con la cabeza cornuda del dios Aqueloo, el más antiguo y poderoso de los espíritus de agua en la cultura griega, que habría sido fabricado por artesanos griegos o etruscos, según los responsables de la excavación.

La construcción del complejo funerario, ampliado en distintas etapas, habría empezado hacia el final de la edad del bronce y habría sido utilizado hasta los tiempos de la Galia romana.

Dionisio

Entre los objetos descubiertos también se encuentra un cántaro de cerámica negra, decorado con imágenes del dios Dionisio tumbado junto a una viña, que se utilizaba para servir el vino durante los banquetes. Se trataría de un objeto de fabricación griega, sin igual entre los utensilios de la época que se conservan hoy. “Ni siquiera en las tumbas griegas de hombres ricos se encuentran objetos como este”, ha dicho el presidente del Inrap, Dominique Garcia. Sorprende que la vasija se encuentre recubierta de láminas de oro, altamente inhabituales en la Grecia clásica. “Es posible que estuviera customizada para gustar a los bárbaros”, añade Garcia, para quien estos descubrimientos dan fe de los intercambios culturales y comerciales entre los pueblos celtas y los del Mediterráneo. Otros objetos relacionados con el ritual griego del banquete han aparecido en este conjunto arqueológico. Por ejemplo, una cuchara de oro y plata que permitía filtrar el vino, que entonces se consumía mezclado con agua.

Más allá de admirar su belleza inoxidable ante el paso del tiempo, el descubrimiento de esta necrópolis tendría que permitir ahondar en el estudio de la primera edad de hierro, que corresponde a la cultura celta del periodo Hallstatt, que subsistió entre los años 800 y 450 antes de Cristo. La era estuvo marcada por el desarrollo de las ciudades-Estado etruscas y griegas situadas al oeste del Mediterráneo, particularmente Marsella.

Los comerciantes se embarcaban entonces en largos viajes por las vías fluviales, en busca de metales, ámbar y otros bienes preciados, además de esclavos. Del Sena al Danubio, los ríos continentales estaban controlados por los pueblos celtas, que se beneficiaban de lujosos regalos, con los que se ganaban apoyos estratégicos y asentaban su poder y reputación. Es en ese marco histórico en el que hay que ubicar este descubrimiento.

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