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Toro Toro, geoparque cultural, ecológico, geológico y etnográfic

Huellas. Toro Toro era un mar entero que luego se fosilizó en el periodo Cretácico, según las investigaciones realizadas. Allí habitaron dinosaurios que dejaron sus huellas. Foto: Fernando Cartagena

Huellas. Toro Toro era un mar entero que luego se fosilizó en el periodo Cretácico, según las investigaciones realizadas. Allí habitaron dinosaurios que dejaron sus huellas. Foto: Fernando Cartagena

La Razón (Edición Impresa) / Angélica Melgarejo

17:16 / 17 de abril de 2017

Toro Toro es un lugar donde nada fue olvidado en la historia de la tierra, de la vida y de la inteligencia andina”. Así describió el geólogo brasileño Rualdo Menegat a estas ruinas geológicas tras arribar hace algunos años al municipio nortepotosino, el cual, gracias en parte a sus gestiones, ha sido declarado recientemente Geoparque Andino mediante ley municipal que de ahora en más buscará su homologación por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). De esta manera, el doble desafío de convertir al Parque Nacional de Toro Toro en fuente de ingresos a través del turismo y preservar la “inteligencia andina” empieza a hacerse realidad.

Todo nace con la llegada de Menegat a Bolivia invitado a participar en un congreso en 2014, al que aceptó asistir con la condición de conocer Toro Toro. Al arribar al sitio quedó maravillado con el paisaje y con la gente, entonces proyectó hacer del lugar un Geoparque, entendiendo a éste como el territorio que cuenta con una red de lugares de importancia geológica, etnográfica, ecológica y cultural. Entonces reunió a autoridades del municipio, del departamento de Potosí y también a gente interesada en apoyar la iniciativa.

Atractivos. Umajalanta es la caverna más profunda de Bolivia y constituye un sitio de alto interés científico y espeleológico.

A simple vista, el poblado está rodeado de montañas de curiosas formas y colores donde existen variados atractivos como las huellas de dinosaurios, las cavernas de Humajalanta, los cañones de Toro Toro, El Vergel, la ciudad de Itas, el camino de Siete Vueltas y el Cementerio de tortugas. Desde las alturas de la comunidad de Huayra K’asa, el geólogo muestra un paisaje diferente que describe la historia de la tierra. Por ejemplo, donde se asienta el pueblo existió un mar ubicado entre los Andes y la Meseta brasileña. “El mar cretáceo se fue formando capa tras capa en varias épocas. Fue un mar fantástico con una fauna impresionante y arrecifes de coral”. Esta superficie líquida tenía al menos 150 metros de profundidad, 300 kilómetros de ancho y miles de kilómetros de largo. En su área más insondable se desarrollaron grandes arrecifes, y por sus orillas caminaron dinosaurios dejando huellas a su gran paso.

¿Qué ocurrió en Toro Toro? El desplazamiento y esfuerzos tectónicos lograron un “doble sinclinal”, nunca visto en otras regiones. En el este, el sinclinal o cerro Huaylla tiene cinco kilómetros de ancho y 45 kilómetros de largo, al sur es más angosto abriéndose hacia el norte. En cambio el segundo sinclinal muestra la Cuenca del Caine hacia el oeste y a diferencia del Huayllas tiene fallas geológicas transversales o cerros pequeños en forma de triángulos que son capas de mar. Aquel paisaje de contrastes litológicos muestra capas rojizas, de areniscas continentales, por detrás de las capas de mar que están en fila, alineadas, y que en la región fueron denominadas k’asas (roturas).

  • Único

 El geólogo brasileño Rualdo Menegat coadyuvó en la declaratoria del Parque.

Menegat asegura que estas formaciones son únicas, “si bien existen en otros sitios como Argentina, España y México, éstas se encuentran aisladas, mientras que en Toro Toro hay toda una secuencia”. Asimismo agrega que en la hilera de k’asas falta una y es muy posible que fuera derribada por algún movimiento sísmico. Toro Toro “es una realidad que merecía que sea destacada científicamente”, dice Menegat y explica que una incursión logró evidenciar “registros impresionantes de estromatolitos y vida marina abundante, millones de caparazones en capas sedimentarias”, las que muestran la existencia no solo de un mar cretácico, “también otros dos mares, el devónico que tiene registros en la zona de Siete Vueltas y el pérmico. Una visita a Taqo K’asa mostró el hallazgo que aún no fue descrito, al igual que las k’asas, y las cavernas de Humajalanta que se ubican en una falla”, cuenta Menegat al introducir a los visitantes en el sitio. “Vemos un ejemplo de cosas maravillosas”, añade y describe el lugar donde se encontraron bloques rocosos, desprendidos de los cerros y usados “por los incas”, para construir terrazas para viviendas y cultivos, cercar las parcelas, todo con material que cayó del terreno mientras éste se elevaba debido a los movimientos tectónicos.

Un kilómetro arriba, Menegat mostró los estromatolitos, estructuras minerales originadas por organismos microbiológicos o cianobacterias. “Los caparazones de los animales de mar se disolvieron en carbonato de calcio y las cianobacterias lograron calcitas, niveles delgados que se intercalan con arcilla o lutitas”. Estas formaciones, si bien existen en otros países, son diferentes porque sus capas alcanzan hasta 40 centímetros. “Fueron hechas por caparazones de la fauna marina, marca de una gran catástrofe térmica”, dice el experto y explica que el mar cretácico, al subir y bajar, formó las capas donde se evidencian al menos 280.000 años de historia. La formación, acompañada por agua que cae hacia una poza y pequeña cascada, es similar a una pared de data muy antigua, huella del mar por donde caminaron los dinosaurios y vivieron varias especies marinas, cuyos caparazones y huevos fosilizados se pueden ver en las rocas dispersas por el lugar.

El Cañón de Toro Toro es otro de los atractivos del complejo.

Quien visita la región tiene a la mano la historia de la “Pachamama (Madre Tierra) bien guardada. Podemos observar desde los tiempos más antiguos hasta los más nuevos y el desarrollo de una inteligencia de montañas que es la inteligencia de los Andes, representada por pinturas rupestres hasta ruinas de edificaciones, terrazas incas y la comunidad actual. Existen más de 40 geositios que ayudaron a obtener la categoría de Geoparque. Queríamos subir un peldaño, tener una certificación que permitirá tener más turistas y esto significa más fuentes de empleo, generación de recursos económicos y para ello hay mucho que hacer en el pueblo, esto nos preocupa y alegra”, expresa el alcalde de Toro Toro, Eliodoro Uriona.

En 2016, cerca de 22.000 turistas visitaron el Parque Nacional. Lo que se busca ahora es duplicar la cifra y para ello se debe mejorar la hotelería, ampliar su capacidad, optimizar el servicio de transporte, asfaltar la vía Cochabamba-Toro Toro y con ese trabajo “el pueblito va a reventar”, asegura Uriona. El ambicioso plan ya tiene financiamiento, pues el municipio prevé la inversión de Bs 300.000, y tanto la Gobernación de Potosí como el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) tienen sus contrapartes. Adicionalmente se consiguieron, de parte de la cooperación extranjera, 6 millones de euros para la construcción de albergues comunitarios en Hacienda Loma, Huayra K’asa y Ovejería, con capacidad para 100 personas.

La certificación de Geoparque permitirá la llegada de turistas pero no solo de aquellos que buscan aventura, sino de visitas “calificadas”, amantes de la ciencia, adultos mayores en busca de lugares apacibles y jóvenes que tengan curiosidad por conocer y se queden al menos una semana. Mario Jaldín, guía turístico y poblador del lugar, asegura que la certificación también ampliará el Parque Nacional Toro Toro que está delimitado en 16.570 hectáreas.

  • Servicios

Patrimonio. El valor cultural del municipio es una de las razones a promocionar.

El municipio “tiene varios lugares y paisajes para ver. Podemos hacer rapel, recorrer los cañones, visitar piscinas y cascadas naturales, también el mirador de cóndores”, manifiesta el guía y añade que el objetivo final es que el turista visite varios lugares y que regrese para ver más, “desde arqueología, pinturas rupestres que hay en diferentes alturas del lugar, alturas andinas hasta valles y semitrópico, laberintos, dunas fosilizadas, sitios que están fuera del Parque Nacional”. El proyecto es apoyado por Gonzalo García, director de Relaciones Internacionales de la Fundación Manuel García Capriles (MGC). “Es un trabajo a largo plazo, pero si no iniciábamos el proceso de investigación, no tendríamos la oportunidad de conocer la riqueza de Toro Toro, sitio de esencia aymara y presencia quechua”.

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