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Tradición hecha helado

Los esposos Alejandra Quispe y Humberto Silvestre llevan 33 años haciendo el frío postre.

Alejandra Quispe y su esposo Humberto Silvestre. Foto: Luis Gandarillas

Alejandra Quispe y su esposo Humberto Silvestre. Foto: Luis Gandarillas

La Razón (Edición Impresa) / Naira C. de la Zerda / La Paz

00:00 / 15 de octubre de 2017

No es extraño que mientras vende helados de canela Alejandra Quispe de Silvestre, de 57 años, reciba el abrazo de algún casero asiduo. No ha estado bien de salud y los comensales que suelen ir a su puesto de la plaza Triangular preguntan constantemente por ella. Tanto es así que a momentos debe dejar de atender para explicar por qué ha estado ausente, sin importar la fila de personas que quieren helados y que la miran impacientes.  

Ella es de Viacha y Humberto Silvestre, su esposo, de Achacachi. Ambos se mudaron muy jóvenes a la ciudad y empezaron a hacer helados poco después de casarse. “En la ciudad he trabajado de todo: de soldador, sastre, panadero y me he quedado con la heladería. Como sastre no ganaba mucho, así que mi suegro me dijo: ‘Por qué no venden raspadillos’ y nos ha dado una máquina. No sabíamos cómo hacer”, cuenta Humberto, mientras mueve la manija de la batidora artesanal.

Poco a poco fueron aprendiendo. Cuando comenzaron, narra Alejandra, el concentrado de canela —que resulta de la cocción de agua y azúcar y abundante canela— le salía picante. También tuvieron problemas con la máquina porque era muy vieja y estaba ensarrada. Tras preguntar a conocidos y recorrer varios lugares de la ciudad, encontraron dónde comprar otra y luego descubrieron a un artesano que les provee de ellas hasta ahora. “Solos hemos aprendido de todo para trabajar y mantener a nuestra familia”.

Edwin Silvestre, el hijo mayor que tiene 33 años, trabajó con sus padres desde niño, girando la manija de la batidora. “Mucha gente del barrio me conoce de toda la vida. Tengo muchos amigos que todavía vienen a tomar helados, ahora ya con sus familias”. Él logró equilibrar su carrera profesional en la arquitectura con el negocio de sus padres. Trabaja en su casa haciendo planos y también ayuda en el puesto, junto a su esposa Yesenia, que es ingeniera comercial y que los ha animado a promocionar los helados, que ahora cuenta con su propia página de Facebook, llamada “La reyna de los helados de canela”.  

De su pequeño carrito ambulante  —con el que al principio tenían que escapar de los funcionarios de la Alcaldía— Alejandra y Humberto pasaron a tener dos puestos en la plaza Triangular y sacar adelante a sus hijos, Edwin y Verónica. Los primeros años producían raspadillo, que por un tiempo se vendía muy bien. Luego, la clientela pidió helados de canela.

Los demás sabores también surgieron por insistencia de los consumidores; ahora “La reyna de los helados”, como se lee en su kiosco, ofrece cinco opciones: leche, mango, maracuyá, canela y vainilla. Si bien las máquinas eléctricas alivianan la labor y ayudan a satisfacer la demanda de fines de semana, la receta es natural: sin preservantes, aditivos o colorantes.

Su aporte a la gastronomía paceña es importante: en 2012, los helados de canela fueron nombrados parte del patrimonio cultural de La Paz, gracias a la Ley Municipal 026, junto a otras 21 bebidas y platos típicos, como el anticucho,  api, chairo paceño, chicha morada, fricasé de cerdo y salteña. La Alcaldía tiene la responsabilidad de preservar y promocionar estas recetas en ferias y fechas importantes.

Con 33 años en el rubro, Alejandra puede jactarse de poder obtener cualquier sabor, mientras que Humberto recuerda que varios alcaldes han probado sus helados. “También el presidente Evo Morales ha tomado nuestros heladitos. Un 16 de julio, la Gobernación nos invitó al Automóvil Club Boliviano y hemos servido los postres para el Presidente y los invitados”, rememora.

En 2015, el municipio le otorgó a la pareja un reconocimiento por el tiempo que llevan produciendo helados artesanales. Alejandra además obtuvo el título de “Reina de los helados de canela” de manos del entonces alcalde Juan del Granado. También fueron reconocidos por la junta vecinal de Miraflores por su labor. Sin embargo, para ellos no hay mayor satisfacción que un cariñoso: “Gracias, caseros”.

                   

Una larga tradición en La Paz 

Alejandra Quispe y su esposo Humberto Silvestre cumplieron 33 años  trabajando en la producción de helados artesanales, un oficio que forma parte del alma paceña y que ha tenido en la denominada plaza Triangular de Miraflores un lugar muy especial dentro del imaginario paceño, al igual que los puestos ubicados frente al Cementerio.  

Así lo ha constatado el investigador social David Mendoza Salazar, quien presentó en 2015 el trabajo ‘La gastronomía paceña en el tiempo festivo y la comida cotidiana’.

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