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Trekking por Apolobamba: Nieve y trópico entre albergues bioculturales

Recorridos de hasta seis días por nevados, lagunas y bofedales, penetrando tramos subtropicales sin ver civilización es una de las cualidades que tienen los trekking en la región Apolobamba. Esta vivencia exultante de naturaleza es posible gracias a un proyecto del Programa Nacional Bioculturas, que impulsa el ecoturismo en comunidades de cuatro municipios paceños —Curva, Charazani, Pelechuco y Apolo— y también ofrece aventuras de alta montaña.

La Razón (Edición Impresa) / Marcela Arauz

00:00 / 03 de agosto de 2014

Recorridos de hasta seis días por nevados, lagunas y bofedales, penetrando tramos subtropicales sin ver civilización es una de las cualidades que tienen los trekking en la región Apolobamba. Esta vivencia exultante de naturaleza es posible gracias a un proyecto del Programa Nacional Bioculturas, que impulsa el ecoturismo en comunidades de cuatro municipios paceños —Curva, Charazani, Pelechuco y Apolo— y también ofrece aventuras de alta montaña.

El objetivo es lograr la oferta turística de un trekking que conecte las cuatro regiones paceñas, con un excepcional bagaje de naturaleza, albergues bioculturales y —dependiendo de las zonas— contacto directo con la forma de vida y la cultura de las comunidades de los cuatro municipios de las provincias paceñas Bautista Saavedra y Franz Tamayo.

El Programa Nacional Biocultura nace de una acción entre los ministerios de Medio Ambiente y de Planificación, en convenio firmado en 2009 con la Cooperación Suiza (Cosude).

Víctor Cortez, el encargado del proyecto SEP Apolobamba, explica que involucra a las comunidades con mayores necesidades, donde interviene la ONG WCS Bolivia (Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre) que se encarga del fortalecimiento y la organización de asociaciones comunitarias.

También se encarga de la capacitación a pobladores en temas de hospedaje, guías y promoción turística de la zona, además supervisa la remodelación de infraestructura turística sobre la base del rescate de elementos culturales propios de cada lugar.

Hasta el momento, son dos los municipios con los preparativos a punto de dar luz verde a esta experiencia, Charazani y Pelechuco.

El primer trekking ofrece una caminata de dos días a lo largo de 18 kilómetros. Mientras que el segundo, por Pelechuco, es un largo recorrido de 48 kilómetros que dura entre cinco y seis días.

 En Charazani se puso en marcha —hace casi diez años— el Pacha  Trekk, recorrido que atraviesa cuatro comunidades durante tres días de caminata en los que se aprecia el esplendor de la región.

La atracción en este primer tramo de trekking son los albergues rústicos,  son cuatro en este tramo, en Cotapampa, Kaluyo, Chacarapi y Chari, detalla Leonardo Blanco, excoordinador de la Unidad Facilitadora del Programa Nacional Biocultura.

Allí los pobladores refaccionan los que serán albergues bioculturales que ofrecerán una agenda cuyo fuerte es mostrar la gastronomía, la producción y las tradiciones orales que sobreviven en la zona.

La cultura kallawaya es el principal atractivo y con ella la agricultura excepcional que desarrollan, especialmente por el manejo de terrazas que evitan la sequedad porque frena el transcurrir del agua y hace que se vaya depositando en los pisos inferiores, explica Gabriela Aguirre, coordinadora del SEP Apolobamba y miembro de WCS.

Esas terrazas están hechas de piedra, que en el día se calientan y en la noche ese calor evita que los cultivos se congelen. Es particularmente benéfico para la fertilidad de la tierra y además es un repositorio de agua de lluvia para el manejo del suelo.

También se recorre por los diversos pisos ecológicos; en solo un par de horas se transita de 5.000 a 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm).

La población de Charazani es de belleza inigualable. Las ocho horas de viaje en coche ligero (unas 11 en bus), bien valen la pena cuando se divisa el verdor de valle que rodea a la población.

Está a unos 250 kilómetros de La Paz, a 3.400 msnm y aparece impredecible, en medio de la neblina al inicio de la mañana. Es un valle en el que se produce unas 45 variedades de papa, además de otros tubérculos como la oca y el camote.

Este lugar tiene la fama de “tierra de brujos” porque allí se congrega un importante contingente de hombres que tienen el don de ejercer de kallawayas, los pilares en medicina tradicional andina.

Pero en la puesta en marcha del proyecto hubo descuidos, sobre todo en la refacción del albergue biocultural en Chari, que está a dos kilómetros de Charazani y que hace años fuera construido con el fin de ser un museo de arte plumario, artesanía, textiles y telares. Ahí todavía no llegan los turistas, admite el subalcalde René Llaves.

El moho arrasa las paredes que lucen pintura descascarada. El olor de la humedad se siente hasta en los muebles, afectados por el desuso y el abandono. Alguien colocó calaminas que cubren solo la mitad del inexistente techo y paja seca cuelga de los resquicios entre el madero, la piedra de la estructura y las hojas de metal. Llaves justifica la situación al asegurar que no hay un responsable del lugar.

Para el convenio firmado con Biocultura y Cosude, la población asumió un compromiso para dar mano de obra y dotación de cierto material a fin de mejorar el albergue.

El recorrido del Pacha Trekk se completa con la llegada a Charazani, pero antes de arribar allí es inevitable disfrutar de las aguas termales que están a unos pasos. Por cinco bolivianos, el visitante puede relajarse hasta alrededor de las 21.00.

En la segunda caminata, hacia Pelechuco, existen solo dos albergues a lo largo de la ruta que se recorre en seis días, la atracción es el total aislamiento del mundo, por eso se descansa en carpas armadas al aire libre, bajo la vigilancia de los nevados y lagunas, con el acompañamiento del sonido del viento y el aire fresco.

Pelechuco está a 360 kilómetros de La Paz y tiene algo más de 2.500 habitantes, de los cuales el 70% se dedica a la minería; 10% a la agricultura y 15% al turismo.

La historia del pueblo fundado en 1809 es uno de los atractivos, antes era llamado Kololo. Este municipio se privilegia de albergar tres pisos ecológicos: nevado, valle y tramos subtropicales, lo que representa una agricultura prolífica.

El resguardo muestra las características que los albergues deben tener, en armonía con el lugar, las paredes son de piedra y los techos de paja.

La alimentación es un aspecto que preocupa a quienes atienden los albergues y a los técnicos que los supervisan, porque muchos turistas son reacios a probar sabores y costumbres de estos lugares, por lo que dentro de las capacitaciones que se da a los comunarios hay un curso sobre el manejo de alimentos y utensilios.

Por ejemplo, en los apthapis la comida comunal se la acomoda en el suelo, sobre aguayos, para compartir, esa tradición puede resultar incómoda para un foráneo.

El punto de partida para este extenso trekking es la población de Agua Clara, donde se encuentra un albergue biocultural que no solo está en buen estado, sino que este año estrenará un área, para cobijar a mayor cantidad de visitantes.

El hospedaje por noche en este lugar es de 20 bolivianos. Freddy Delgado, vicepresidente del consejo local de Biocultura y concejal de Pelechuco, destaca los atractivos que se puede admirar en esos cinco a seis días de caminata. Todo el trekking tiene un costo algo menor a los 300 dólares (unos 2.100 bolivianos).

Se cruza por al menos una docena de lagunas, Khatantika es la más grande y hermosa. Estas lagunas se asientan en las faldas de los nevados entre los cuales el más imponente es el cerro Presidente, con unos 6.000 msnm. También se aprecian bofedales, que son reservorios de agua.

Eusebio Casilla, comunario de Agua Blanca que trabajó diez años en el área protegida de Apolobamba, cuenta que en 2007 la cantidad de turistas que llegaban a ese poblado era de al menos 500 al año y hoy no superan los 50 en 12 meses.

El comunario encuentra que una de las razones para esta caída es el aumento del precio del oro que se registró hace un par de años, entonces muchos lugareños abandonaron las actividades que solían realizar para dedicarse a la minería, trabajo que deja una serie de perjuicios.

La representante de WCS refuerza esa hipótesis al advertir que debido a esa actividad más gente se despliega hacia las montañas, por lo que con el tiempo se vio la necesidad de construir carreteras, lo que quita atractivo a las caminatas turísticas.

Pero la mayor preocupación para comunidades aledañas radica en que la minería está contaminando las aguas de ríos y lagunas, hecho que daña la pesca y el abastecimiento de líquido, enfatiza Dionisio Aquise Luque, mallku de Agua Clara.

Justamente, lo que este proyecto turístico busca —de la mano de Biocultura y WCS— es lograr, en todo el SEP Apolobamba, un incremento de al menos 15% de las visitas hasta el próximo año para que los ingresos vayan en beneficio directo de los comunarios que ponen en marcha esta oferta para los visitantes.

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