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VIACHA PRODUCTIVA

La Razón / Gemma Candela

21:46 / 16 de diciembre de 2011

A los 21 años, Wilder Mendoza decidió abandonar Viacha y regresar a su comunidad rural: Sequichuro, a pocos kilómetros de la ciudad, dentro del distrito número 3 del municipio. Volvió a las tierras de sus abuelos y, como hicieran ellos, se dedicó a la crianza de vacas para producir leche. Comenzó con dos cabezas de ganado. Ahora, seis años más tarde, ya tiene 16.

Este joven productor ha sido uno de los beneficiarios del programa de desarrollo  “Viacha”, impulsado por la organización española Ayuda en Acción. Comenzó en 1998 y, desde  2004, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), una entidad nacional, ha sido la encargada de llevar a cabo el proyecto. “Solo no podía hacer nada”, asegura Wilder. Porque él, como las generaciones anteriores, criaba vacas “como les parecía”, dice.

Uno de sus problemas era la alimentación del ganado. Durante la época de lluvias, el pasto está verde y la producción de leche es alta. Antes, en cuanto las nubes desaparecían y los campos se tornaban amarillentos, los litros de leche que daba cada vaca se desplomaban. Esto se debía al alimento: los ganaderos acopiaban la cebada, ya seca,  en grandes bloques. De esta manera crecían hongos en el interior de los montones de cereal, con lo cual las vacas solamente se alimentaban de fibras.

Ayuda en Acción y Cipca han capacitado a los productores para que desarrollen otro sistema de almacenamiento, conocido como ensilaje. El nombre viene de la infraestructura en la que se coloca el heno, llamada silo. Mide siete metros de largo por 4,30 de ancho y puede acumular  hasta una hectárea de forraje. Éste se corta, todavía verde, y se apisona. Ahí queda durante tres meses pasando por un proceso de fermentación anaeróbica que permitirá que, una vez finalizado, conserve los nutrientes. Luego, el pienso se amontona en forma de trípode. De este modo, permanece verde durante más de un año y el nivel de la producción de leche se mantiene.

Sin embargo, al principio, los productores miraban con desconfianza este sistema. “Yo mismo no creía de lo que venían a decirme los técnicos”, cuenta Samuel Quispe, tío de Wilder. Fue en los talleres de capacitación y durante los intercambios de experiencias en Cochabamba y Perú donde vio resultados. “Si un compañero como yo ha hecho, entonces, ¿yo por qué no lo puedo hacer?”, pensó. De este modo, tanto Quispe como otros comunarios comenzaron a usar silos de 1 x 1 metros, para probar los resultados en pequeñas cantidades. “Me he arriesgado, pero me ha resultado perfecto”, afirma Samuel, quien era sastre hasta que un día decidió cambiar y dedicarse a la crianza de vacas. En 2006, llegaron los técnicos de Cipca. Una de sus recomendaciones fue que construyera una sala de ordeñado, y pusieron a su disposición la techumbre y el cemento, además de capacitación sobre enfermedades del ganado vacuno, inseminación, forraje...

Al principio, Samuel se conformaba con que una vaca le diera seis litros por día. Ahora, todas las que tiene dan más de diez litros diarios. En total, produce entre 110 y 115 litros por jornada. Su reto es que todo su ganado productivo le otorgue entre 18 y 20 kilos diarios (1 kilo equivale a 1.200 litros), aunque sabe que eso no sucederá de la noche a la mañana. Requiere tiempo y esfuerzo. Pero, gracias a los conocimientos adquiridos con el programa, están mejorando su negocio y su vida.

Entre sus planes también está el que uno de sus hijos se dedique a la producción de leche y, el otro, a la elaboración de productos lácteos porque, asegura Samuel, su esposa y él apenas tienen tiempo para hacer yogures y quesos. Y es que, además, Quispe conduce el camión que recoge la leche de los asociados de las comunidades y la lleva hasta la planta de Delizia, donde les pagan Bs 2,95 por cada kilo. Otros la venden a la empresa Panda.

Otra que se encuentra feliz con los logros es Teresa Ramírez, quien sí elabora en su casa quesos criollos, pasteurizados y de verduras, así como yogures y flanes que empaca en recipientes que llevan la marca Viacha. Los vende por pedido, pero también en las ferias de Viacha y la ciudad de El Alto. Es una microempresaria exitosa.

La llegada del riego y el gas

El riego es otro de los avances que ha llegado a través del proyecto, que ha finalizado tras 13 años. “Ha sido positivo para mí también”, señala Wilder, no sólo para la granja. Antes, su casa tenía una única estancia que servía de dormitorio, sala de estar y cocina. Gracias al crecimiento de sus ganancias, ha podido levantar, con sus propias manos, más habitaciones.

Una de ellas es una cocina que se alimenta del gas que se produce en su hogar mediante un biodigestor. “Ya tengo gas domiciliario en la comunidad”, ríe. Este artilugio funciona con estiércol de vaca y agua. Como resultado da biol (abono) y gas, que Wilder almacena en tres reservorios que le proporcionan dos horas diarias de fuego. “Eso es lo que yo, en mi corazón, ya tengo satisfecho”. Además, está construyendo un establo para los terneros recién nacidos.

Su tío Samuel también ha mejorado su calidad de vida: pudo comprar la camioneta con la que reparte la leche, un tractor y una ordeñadora mecánica, con la que ahora sueña su sobrino. Y Teresa, que ingresa alrededor de 600 bolivianos por mes gracias a sus productos lácteos, tiene a siete de sus nueve hijos estudiando fuera de la aldea.

Ahora, con la partida de Ayuda en Acción, Cipca seguirá apoyando a las comunidades de Viacha hasta que sean autosostenibles. Viendo a personas emprendedoras como Wilder, Samuel y Teresa, parece que ese día llegará muy pronto.

Gracias al apadrinamiento

Durante 13 años de trabajo, Ayuda en Acción ha invertido en el desarrollo de las comunidades de Viacha los donativos de 2.259 socios en España. El número de beneficiarios asciende a 41 mil habitantes, según datos del proyecto. Aparte del cambio en los sistemas de producción, otros rubros que resultaron beneficiados con el programa son la dotación de agua, con la instalación de piletas en las casas; el mejoramiento de la infraestructura y las condiciones en los servicios de salud y en las escuelas, que tienen material didáctico, servicios higiénicos, telefonía e internet.

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