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Verónica Armaza

Apostó el todo por el todo por el teatro y su esfuerzo la llevó a capacitarse con dos becas en Europa. Cree que el arte debe ser parte de la educación para formar mejores individuos. Actriz y formadora.

La Razón (Edición impresa) / Liliana Aguirre

00:00 / 17 de noviembre de 2013

A los 12 años, Verónica Armaza anunció a sus padres que quería ser actriz o directora de cine y aunque a ellos la idea les pareció un tanto descabellada, ella cumpliría su sueño a como dé lugar.

Al salir bachiller, para satisfacer las expectativas familiares, y tomando en cuenta de que en La Paz no existía una carrera de Teatro, optó por estudiar Odontología. “Pensé que era la mejor forma de ganar  dinero y pagar mis estudios de actuación o cine en Cuba, país al que quería ir”, recuerda.

Así pasó por tecnologías médicas,  asistente de vuelo y literatura sin sentirse satisfecha. Pero cuando algo se desea con el alma, se materializa. Un casting para una serie le abrió las puertas a su destino: Las tablas.

“El reconocido actor Jorge Ortiz me entrevistó y me dijo que si quería entrar al teatro debía dar todo en escena”, cuenta mientras hace un ademán con el que deja ver su figura enfundada en un diseño Raza de Bronce y adornada por las joyas de plata de Analía Pérez.

Verónica se tomó en serio estas palabras e ingresó a Pequeño Teatro con el director Guido Arce. “Jorge me abrió los ojos y Guido el corazón. Esa escuela me enseñó a formarme como ser humano, el arte te moldea y te hace mejor persona”, dice.

“Mi primera obra fue en 2004, No más etiquetas, un musical en el que dirigí a 40 personas —entre bailarines, músicos y actores”, explica. Esta apuesta y sus ansias por profesionalizarse la llevaron a obtener dos becas para actuación en Europa.

A sus 35 años, aún reclama que debería existir una carrera de Teatro y Artes Escénicas en la ciudad y conjuga su pasión por el arte con la enseñanza, en su labor en el Ministerio de Educación, donde es responsable de Formación Artística.

“Se reconoció a los artistas como profesionales a través de la Ley Avelino Siñani y a partir de allí yo aporto trabajando en los diseños curriculares”, explica.

Verónica lamenta que se vea al arte como improductivo. En su trabajo quiere incidir en que la actuación puede ser un elemento positivo en la formación educativa de los estudiantes bolivianos. En su tiempo libre, Verónica imparte talleres para niños y jóvenes, produce, escribe  y actúa.  “El arte transforma la mentalidad de las personas y nos hace mejores”, reflexiona.

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