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Visita a la residencia presidencial

Edificado en el siglo XIX el Palacio de la Florida conserva casi intactos su valor histórico y su riqueza arquitectónica.

La Razón (Edición Impresa) / Yuvert Donoso

14:00 / 30 de agosto de 2018

La historia cuenta que debajo del Palacio de la Florida, mandado a construir por el expresidente Aniceto Arce, existían túneles que conectaban con el Castillo de la Glorieta y el Banco Nacional de Bolivia, supuestamente para trasladar la fortuna que Arce amasó como empresario dedicado a la explotación minera.

Además de leyendas como esa, en un muro del lugar quedaron también impresas las manitas de niños que algún día jugaron en el Palacio, inicialmente de 31 hectáreas y actualmente reducido a cuatro. Entre sus paredes, corredores y extensos jardines, aseguran que todavía se siente la presencia de niños corriendo, el movimiento de carrozas y que hasta se ha divisado la imagen de una doncella vestida de blanco y a un cura en plena caminata.

Son historias que sobrevivieron al tiempo contadas por quienes habitaron circunstancialmente una de las haciendas más lujosas de su época en Sucre, con 53 habitaciones, piscina, yacusi, establos, capillas y comedores, estancia desde donde gobernó Arce (1888-1892) y que después de 130 años mantiene el denominativo de “Casa presidencial”, aunque a partir de este año se le dio otras funciones.

Aldo Loayza y Miguel Flores, dos funcionarios municipales, fueron los guías para recorrer y conocer la mayoría de los rincones de la residencia encargada por Arce a los hermanos arquitectos Miguel y Antonio Camponovo quienes, inicialmente, llegaron de Europa a Tarija y luego se asentaron en Sucre.

Además de edificar la casa de Arce, los hermanos Camponovo —que ya tenían experiencia en otras lujosas haciendas en Buenos Aires, Argentina— construyeron el Palacete del Guereo, actual oficina central de la Alcaldía de Sucre, luego el Teatro Gran Mariscal, donde funcionó la Asamblea Constituyente, el Castillo de la Glorieta y el edificio del Banco Nacional de Bolivia, del que Arce fue fundador.

El investigador Iván Gutiérrez Achá afirma que —gracias al poder económico del expresidente— arribaron a la capital artistas europeos para pintar al temple los salones, comedores y habitaciones del Palacio de la Florida con la técnica denominada “tromp Lóeil”, que se traduce como “trampa para el ojo”, dando así la ilusión de una mayor amplitud de los ambientes, de falsos relieves y falsos acabados como madera o mármol.

Arce nació en Tarija, estudió Derecho en la Universidad San Francisco Xavier. En el periodo 1848-1855, durante la presidencia de Isidoro Belzu, fue elegido diputado por Tarija, luego fue administrador de un centro minero en Copiapó (Chile). Al retornar al país, administró el Real Socavón de Potosí y, después, fue socio de José Avelino Aramayo para trabajar en la Huanchaca y explotar minerales de Pulacayo.

En la actividad política, Arce, fue vicepresidente de la administración de Narciso Campero, y el 13 de agosto de 1888, tras el gobierno de Gregorio Pacheco, fue elegido presidente en elecciones nacionales.

En su gestión, promovió a Bolivia en el mundo, en eventos internacionales mostró el café de los Yungas, cereales tradicionales del país, lana de vicuña, mapas y fotografías. Ejerció la presidencia del Directorio del Banco Nacional de Bolivia, en dos periodos, fomentó la vinculación del país a través del ferrocarril.

A diferencia de otros mandatarios, Arce eligió la hacienda La Florida, ubicada a 4,5 km del centro de la ciudad, sobre la carretera que une Sucre con Potosí, para gobernar.

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Despacho. Cerca del ingreso principal se halla su despacho, desde donde ejerció como Presidente de Bolivia. El ambiente está decorado con la técnica del trampantojo, prima en él una degradación de verdes destinados a relajar los sentidos, según información recopilada por la Dirección de Turismo de la Alcaldía de Sucre.

Oratorio. La Florida cuenta con una capilla donde se celebraron bautizos y bodas. Sin embargo, en uno de los ambientes fue descubierta la silueta de una cruz, lo cual hace suponer que fue el oratorio familiar.

Gran Salón. Decorado con un hermoso cielo con ángeles y golondrinas dando sensación de amplitud, gracias a la técnica de trampa para el ojo, este salón fue testigo mudo de grandes festines, bailes y reuniones organizados por la familia. Una chimenea ayudaba a crear el ambiente perfecto y agradable en suntuosas veladas.

Comedor de diario. Ricamente decorado con pinturas alusivas a naturaleza muerta, con faisanes, perdices y otras aves y animales, éste era el lugar de reunión familiar, un ambiente íntimo y fastuoso.

Comedor de lujo. El comedor de La Florida tiene una exuberante decoración en los muros con motivos de caza y naturaleza muerta. Las pilastras muestran un falso acabado de mármol como era la moda de la época con la técnica del estuco veneciano. Cual encajes, vidrios esmerilados permiten el paso de la luz. En la parte central, llama la atención un conjunto de ángeles que sostienen una elegante araña de luces.

Abundan los motivos fitomorfos; fue concebido para recibir a muchas personas en grandes banquetes ofrecidos por Arce. La vajilla de La Florida fue hecha en París en la fábrica Vierzon con la inscripción Florida, una parte en porcelana blanca con reborde celeste, y otra en porcelana blanca con el monograma AA Aniceto Arce – Amalia Argandoña, su esposa.

Patio. Era como el gran vestíbulo interior que conecta varios ambientes y permite la circulación de aire y el ingreso de rayos luminosos a cada ambiente. A través del mismo se accede a la segunda planta también.

Corredor externo. Permite un agradable paseo por las afueras del Palacio y el paso de un ambiente a otro. A través de los corredores se accede a los jardines donde se encuentra una fuente de agua.

Piscina. Al estar la familia Arce–Argandoña compuesta por varios miembros, la piscina se constituía en la distracción familiar. Contaba con dos vestidores, uno para caballeros y otro para damas, en una época en que eran pocos los hogares que podían darse ese lujo de tener una piscina propia. Cerca se halla una fuente a la que los visitantes de la actualidad le dieron el denominativo de La Fuente del Deseo, y donde lanzan monedas con la esperanza de que sus anhelos se hagan realidad.

Despensas y bodegas. Afortunadamente el Palacio de la Florida conserva sus despensas y bodegas con sus estructuras originales para el almacenamiento de alimentos frescos, conservas y vinos, sector que ahora es parte del recorrido.

Vestíbulo de ingreso. En este sector de la vivienda destacan las escaleras de cuatro tramos con tres descansos, por ellas se accede a la segunda planta. En la parte superior el cielo pintado con un barandado de balaustres le da profundidad al ambiente y bella atmósfera.

Salita de té.  En tonos tradicionalmente asociados a lo femenino y pasteles, primando el palo de rosa, se halla la salita de té, donde doña Amalia Argandoña recibía a sus amistades. La maestría de la técnica del trampa para el ojo hace que el visitante pueda observar relieves, molduras y sombras en una superficie plana.

Gutiérrez recuerda que tras la muerte de Arce, La Florida fue heredada a uno de sus hijos y luego a la familia Iturralde. Posteriormente, pasó a manos de los excombatientes de la Guerra del Chaco hasta que fue adquirida por la Prefectura de Chuquisaca, que recuperó el predio con el objetivo de convertirlo en residencia presidencial con sede en la capital del país, de ahí que desde entonces ya se hablaba de la posibilidad de que algún Presidente gobernara desde el lugar o pasara algunos días allí. Finalmente, este año pasó a ser administrada por la municipalidad de Sucre, en comodato, y abierta a los turistas desde julio.

En mayo de 2015, en homenaje al 25 de mayo, el gobierno del presidente Evo Morales, emitió el Decreto Supremo 2372 que declara al inmueble “Casa presidencial de la revolución democrática y cultual”. Y en su parágrafo III establece que la residencia “también brindará hospedaje a las autoridades nacionales cuando se encuentren de visita oficial en dicha ciudad (Sucre)”. Los ambientes destinados a este fin están en la parte alta de una de las alas de la estancia, no obstante, carecen de mobiliario.

La gestión del alcalde Iván Arciénega como titular de la Federación Latinoamericana de Ciudades y Municipios y Asociaciones (Flacma), decidió que parte del edificio acoja las oficinas administrativas de esa institución internacional.

El director de Turismo, Beimar Ramallo, explica que ahora el Palacio se convirtió en un museo. Uno de los próximos objetivos es recuperar la vajilla y muebles que pertenecieron a la familia Arce para devolverle aún mayor autenticidad a éste que se ha convertido en el nuevo atractivo turístico de la Ciudad de los Cuatro Nombres.

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