Escape

Vivir intentando entrar en Europa

Buscan refugio en los límites de la ciudad española enquistada en el norte de Marruecos con la intención de ir de África a Europa.

La Razón (Edición impresa) / Santi Palacios

00:00 / 24 de noviembre de 2013

Zoher (11 años), Ibrahim (16), Abelhak (10 ) y Ayoub (15) viven en la escollera externa del puerto de Melilla intentando, cada noche, saltar un muro de casi diez metros de altura para acceder al interior del recinto y colarse en los bajos de algún camión que embarque con destino a la Península Ibérica.

Les acompaña una veintena de niños y adolescentes, marroquíes en su mayoría y con edades comprendidas entre los 10 y los 17 años, aunque también hay alguno mayor de edad. Todos buscan refugio en los límites de esta ciudad española enquistada en el norte de Marruecos (cerca de la frontera con Argelia y a 170 kilómetros de las costas de Andalucía), con la intención de lograr una salida, de África a Europa.

Algunos están en Melilla porque no tienen padres que les mantengan, otros tienen padres que no pueden mantenerles que les traen porque saben que aquí pueden optar a una asistencia social que teóricamente les proporciona comida, techo y educación, aunque la realidad sea que viven en la calle; apenas alguno chapurrea un poco de español.

Aguantan en condiciones muy duras, durmiendo y comiendo entre las rocas que forman la escollera y rodeados por los desperdicios que deja el paso de decenas de niños a lo largo del tiempo. Algunos llevan varios años en estas condiciones, otros llegaron hace meses, y el número va en aumento respecto a los años anteriores.

Todos tienen marcas en el cuerpo como señal de sus intentos por saltar el muro que les separa de los barcos, y muchos describen sus cicatrices como consecuencias de las carreras por esquivar guardias civiles que intentan impedir su acceso al puerto.

Abelhak, a sus diez años, tiene el brazo izquierdo completamente destrozado por heridas que, según él y sus compañeros, son el recuerdo autoimpuesto de las malas experiencias sufridas durante los cuatro años que vivió en las calles de su ciudad natal, Fez, y desde hace un año en las de Melilla.

No quieren volver al centro de menores La Purísima, ubicado en la ciudad, porque dicen no ser bien recibidos, e incluso muchos denuncian haber sufrido malos tratos. En cualquier caso, al cumplir 18 quedarían en la calle, y estarían en la misma situación.

 Aunque la mayoría proceda de Marruecos, también hay argelinos, y ahora les acompaña Mahir, un sirio de Damasco que a sus 17 años ha cruzado Líbano, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos huyendo de la guerra en la que murieron sus padres.

Mahir llegó a Melilla hace dos meses, junto a su hermano, quien logró acceder a un barco rumbo a Andalucía hace varias semanas y del que no sabe nada desde entonces. No se plantea pedir asilo político, porque no tiene documento alguno que demuestre su nacionalidad siria. Su objetivo es entrar en Europa para llegar hasta Alemania y ponerse a trabajar.

Todos ellos prueban suerte cada noche, pero difícilmente lo consiguen. “Hay veces que nadie sale en semanas”, me dijo el único hombre adulto que vive con ellos compartiendo el objetivo de acceder al barco. Pero, pese a las dificultades y sus condiciones de vida, todos muestran determinación por volver a intentar el salto.

Ayoub, de 15 años, cuenta que lo logró en una ocasión, pero al llegar a Málaga le detuvo la policía y fue repatriado a Marruecos, aunque no tardó mucho en volver a cruzar la frontera de Melilla para intentarlo de nuevo. Lo dice con una sonrisa enorme en la cara, con la naturalidad del que habla de su vida cotidiana.

Sobreviven como pueden, y en gran parte gracias a la solidaridad de muchos melillenses. Durante el día se acercan al barrio del “Rastro”, donde la gente les da comida. También en la Ciudad Vieja, situada junto al puerto, muchos vecinos separan bolsas con alimentos que dejan en la calle para estos chicos o para quien los necesite y quiera recoger. También reciben ayuda por parte de miembros de Prodein, una asociación sin ánimo de lucro, con base en Melilla, que defiende los derechos de la infancia.

Están deseando lograr acceder al barco para llegar a la Península, aunque la mayoría quiere salir de España para trabajar en Francia, Suiza o Alemania.  Forman una pequeña comunidad de niños y adolescentes que vive cada día en las calles de una ciudad española ubicada en África, pero buscando una oportunidad para entrar en Europa­.

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