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Voces desde el confín ardiente de Bolivia

Juan Castillo fundó en Yacuiba Radio Frontera hace 50 años. Su misión fue difundir una cultura que era desconocida.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

15:25 / 14 de noviembre de 2018

La única locura que cometió el palmareño de 79 años fue dejar su trabajo en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) por el sueño de su vida: tener una radio en Yacuiba, en un pueblo olvidado del departamento de Tarija, donde ni siquiera había luz eléctrica. Su esposa, Dora Vacaflor, temía por el futuro de la pequeña familia que comenzaban a formar en torno a su pequeño hijo, en una zona del país donde las posibilidades de trabajo eran escasas.

En 1964 el presidente de facto René Barrientos había clausurado todas las estaciones clandestinas en el Chaco que comenzaron a salir al aire con el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Cuatro años después, el silencio, las carencias y los abusos estatales eran insoportables. Así que en 1968 nació Radio Frontera: “No quería una radio solo para leer las noticias que llegaban de La Paz, una vez a la semana, a través del periódico El Diario. Quería ser protagonista, plantear soluciones a las necesidades que teníamos, despertar a las autoridades de la pasividad en la que estaban”, narra.

Es así como el radialista, que se había familiarizado con el manejo de los equipos como operario de la radio de YPFB, comenzó a formarse empíricamente como periodista. Asistía a todos los eventos que se convocaban en el pueblo, desde reuniones de agricultores, ganaderos, y clubes deportivos, “hasta en las misas estaba, por si acaso pasara algo”. Con el pequeño motor que generaba energía en las horas en las que ésta se racionaba en el pueblo, logró transmitir regularmente.   

“Yacuiba era un pueblo olvidado, no teníamos agua, ni electricidad. Así que mi estrategia era entrevistar a los responsables. Así las autoridades comenzaron a preocuparse, porque no iban a llegar a otra entrevista sin tener nada que decir”.

Los pobladores también tomaron iniciativas y se organizaron en cooperativas, los barrios buscaron mesas directivas y se tomaron acciones para resolver los problemas más graves. La gente empezó a reaccionar. Al ver estos cambios, Juan decidió darle atención a su pasión: la cultura. Para ello se propuso averiguar la fecha de fundación de Yacuiba e incentivar las tradiciones, música y danzas chaqueñas.

En diversas entrevistas, se llegó a enterar de que en realidad ninguna autoridad sabía cuándo o cómo se había fundado el pueblo. Como muchas personas sabían que estaba buscando datos al respecto, le regalaban documentos y libros de historia que le fueron dando pistas: “En Yacuiba se festejaba el día de San Pedro y el aniversario de Tarija, pero del Chaco, nada. Así fue que encontré en un libro la fecha de creación de la provincia Gran Chaco, pero aún faltaba saber si era correcta”. Llegó hasta la Biblioteca del Congreso, en La Paz, y consiguió una fotocopia legalizada del decreto de creación y salió con prisa hasta aquella frontera que tantos cuentos de guerra han usado como escenario: corría el año 1965, y la provincia cumpliría su centenario el año siguiente y nadie estaba enterado. Es así que salió nombrado como presidente del comité de festejo.

“Primero en Villa Montes no querían ser parte, porque decían que era un invento. Cuando vieron el documento, recién aceptaron. Ahora se festeja cada 12 de agosto, y el acto central se hace una vez en Yacuiba, otra en Villa Montes y luego, en Caraparí”, detalla.

Enlazada a esta búsqueda de identidad, estaba el deseo de difundir las tradiciones de la región, que están marcadas por la vida rural. Toreadas (corridas de toros), carreras de caballos, riñas de gallos y el palo ensebado —juego en el que los participantes tratan de subir un palo cubierto de sebo de vaca para obtener el dinero que tiene arriba— son parte de las fiestas de muchos de los pueblos chaqueños. Costumbres de clara influencia española, mantenidas de generación en generación.

Sin embargo lo que más le llamaba la atención a Juan fue que, si bien la región tenía música y danzas propias, no se difundían. Así, nació el primer festival de costumbres y folklore chaqueños, en 1969: “Encontré una pareja que tocaba el violín y el bombo. Pero fue muy difícil convencerlos de presentarse en un escenario. Era la primera vez que estaban frente a un micrófono. Yo se los acercaba y se tiraban para atrás”, narra con picardía.

Salvando la poca práctica y los nervios, el festival fue un éxito. Sin embargo, pasados los meses, se le hizo claro que tenía que hacer algo más, porque las cosas no habían cambiado. Como no podía organizar un festival cada mes, decidió grabar un disco con aquellos músicos que llegarían a ser el Dúo del Pasanacal.

En 1972 recibió de Discolandia un paquete con 500 copias que distribuyó a todo el país con una frase: “Vamos a escuchar la música del Chaco boliviano, desconocida hasta hoy en el ámbito nacional”. Los festivales fueron creciendo y se formaron grupos que trascendieron las fronteras del departamento y de Bolivia.

Omar Baldivieso, de Los Canarios del Chaco, debutó en aquellas fiestas culturales a sus 15 años. A los 12, el adolescente Jorge “Yalo” Cuéllar ganó una de las versiones tocando una de sus primeras composiciones. Ambos, como también Rolando “El Chúcaro” Sandoval, reconocen en esos eventos el semillero de grandes artistas y de sus propias carreras. Ahora, después de 50 años desde que la Radio Frontera salió al aire por primera vez, la chacarera y la cueca chaqueña se escuchan y bailan en todo el país.

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