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Wallunk’a - La fiesta valluna que une la vida con la muerte

En noviembre, las mujeres celebran la visita de los difuntos con un columpio que cuelga de troncos altos

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

13:00 / 14 de noviembre de 2018

Entre risas, aplausos y gritos de apoyo a la mujer que se columpia en una cuerda gruesa, de repente se escucha la diana que celebra una hazaña: ha quitado el bañador de plástico que estaba colgado delante de ella. Es el momento trascendental de la wallunk’a, una tradición del valle boliviano que empieza cuando los muertos se han marchado y que representa el paso por los mundos de la cosmovisión andina.

La gestora cultural, cantante y presentadora de Tv cochabambina Marisol Díaz todavía recuerda los momentos en que, de la mano de su madre, fue a su primera wallunk’a, en la que las mujeres —especialmente jóvenes cholas vallunas— se columpian entre troncos altos. “Es una fiesta juvenil y femenina porque tiene que ver con la belleza y el afloramiento”, explica la también integrante de la comunidad Uywana Wasi (del quechua Casa de Crianza Comunitaria).

“Para la religión católica, la vida termina aquí —en la tierra— y tu alma va al purgatorio; en cambio, la concepción en nuestra región no es trágica en ningún sentido. Nuestros muertos están transcurriendo su camino, porque ya han aprendido y son sabios, por eso vienen a recordarnos eso, que nuestro camino no solo es éste —el terrenal—, sino que todos tenemos que caminar hacia la sabiduría”, explica.

La wallunk’a es la continuación de la fiesta de Todos Santos, que empieza al mediodía del 1 de noviembre, cuando las almas de nuestros seres queridos retornan del más allá para acompañar a sus familiares y amigos. Al ser un momento de alegría y de reencuentro espiritual, los deudos elaboran t’antawawas, maicillos y pan para armar una ofrenda que es acompañada por dulces, caña, frutas, flores, velas y la comida que le gustaba al difunto.

La visita dura hasta el mediodía del 2 de noviembre, cuando se eleva una oración para despedir al ser que ha estado de paso. A la misma hora, en los valles comienza una tercera etapa de la celebración a los muertos, que consiste en que las mujeres juegan en la wallunk’a (o columpio) para recoger canastas, bañadores o baldes que contienen frutas, pan y flores.

Para llevar a cabo esta tradición, los más expertos han elegido troncos de madera de hasta 10 metros de altura con el objetivo de armar un arco que es plantado en lo más profundo del suelo, para así evitar que se mueva. En los extremos de la parte horizontal de arriba se amarra una cuerda gruesa, donde, en la parte central inferior, se coloca un phullu (frazada) para que sirva como asiento para la participante.

Las recompensas están colgadas delante y detrás de la wallunk’a, en unas estructuras también altas, por lo que los acompañantes deben balancear la soga con fuerza, para que la mujer alcance los envases adornados con flores y aguayos.

Para Díaz, este juego representa el paso del ser humano por el Hanan Pacha (el mundo de arriba, donde está el cielo y donde vuelan las aves), el Kay Pacha (el mundo del presente, lo terrenal, donde habitan los seres vivos) y el Uku Pacha (el mundo de los muertos, de todo lo que está debajo de la superficie terrestre o del mar).

“La wallunk’a es como celebrar haber estado en compañía de nuestros abuelos y nuestras abuelas, que han venido del vientre de la Madre Tierra”, recalca. Por ello, en esta fiesta de reencuentro de la vida con la muerte, el ambiente se llena de taquipayanacus, que además de hacer referencia a los difuntos se interpretan coplas de coqueteo entre varones y mujeres.

“El juego es una oportunidad para que se exprese el coqueteo por parte de las cholitas, que deben intentar alcanzar los canastos con frutas y flores con sus pies mientras son mecidas por dos pretendientes, al mismo tiempo que entonan coplas picarescas. Luego de conseguir el canastillo deben bailar entre parejas al son de la orquesta de instrumentos vallunos: acordeón, charango, guitarra; cuecas y huayños”, explica el blog de Uywana Wasi, organización cochabambina que tiene como objetivo el desaprendizaje personal y reaprendizaje comunitario tomando como base las sabidurías ancestrales.

La wallunk’a se celebra todo el mes de noviembre en los valles del país, por ejemplo en Apote, comunidad del municipio de Tiquipaya, donde Uywana Wasi llevará a cabo hoy una wallunk’a para recobrar las tradiciones antiguas, como las canastas tejidas y las t’antawawas.

“Lo que queremos es recuperarla tal como se hacía antes, por eso la participación de las mujeres es muy importante, no solo para elaborar la chicha, sino para que ellas nos cuenten cómo era antes”, explica Díaz, quien seguramente se colgará en el columpio para recibir el apoyo de la gente y, principalmente, pasar por estos planos de la vida y la muerte.​

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