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Wálter Cabezas

Dedicado a la docencia desde hace más de 30 años, el profesor realizaba redadas en su automóvil en busca de los alumnos ‘chachones’ para llevárselos al colegio y dar parte a sus padres. Enemigo de los tilines.

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre

00:00 / 22 de diciembre de 2013

Este profesor es de los de la vieja guardia, de aquellos que alguna vez dio un jalón de orejas o un coscorrón a sus alumnos, seguro de que estas acciones podrían reencaminarlos.

El chuquisaqueño buscaba educar a gente de bien y eso lo llevó a recorrer tilines, por las mañanas, en busca de aquellos estudiantes que faltaban a clase y capturarlos en el acto para llevarlos al aula.

“Me llegaba información de quiénes faltaban y dónde estaban, entonces me subía al auto y no dudaba en ir a buscarlos y reflexionarlos”, rememora el profesor de Química y Biología, quien llegó a ser director de diversos colegios y fue un enemigo acérrimo de los tilines.

Sin embargo, aunque Wálter impartió clases con una visión tradicional de la enseñanza, rompió esquemas desde el momento en el que pidió a sus alumnos que lo traten de tú a tú y se destierre el usteo.

“Siempre he buscado acercarme a los jóvenes, ayudarles, que aprendan y que sean hombres y mujeres de bien, por eso me gustaba que me llamen por mi nombre”, cuenta.

La decisión fue cuestionada por algunos de sus colegas que la tacharon de descabellada, sin embargo, el cariño de los alumnos demostró que su decisión fue acertada.

“Ahora que estoy jubilado, es satisfactorio encontrarme con alumnos que me saludan en la calle, que me quieren, y verlos bien”.

El cariño de sus pupilos le llega también a través de sus hijos, quienes conectados a las redes sociales reciben saludos de personas que están fuera del país y que recuerdan con mucho afecto a Wálter.

A sus 75 años, el educador disfruta de paseos y caminatas. Viudo hace un par de años, guarda con mucho amor fotografías de su esposa, al igual que bonitos recuerdos.

“Ella era potosina y nos conocimos estudiando para maestros”.

Pero Wálter es de esas personas que tienen mucha energía y su pasión por enseñar nunca mermará.

“Tengo mi nieta de 13 años, ella es la luz de mi vida y a ella y a sus compañeritos les explico Química cuando lo precisan”, relata emocionado. No descarta seguir impartiendo clases a jóvenes porque, como él dice, la enseñanza es su mayor pasión, además que siente que se aburre si no comparte sus conocimientos.

“Lo que más recuerdo es que entraba a los cursos dos veces a la semana a hablarles a los chicos para que sean agradecidos con sus papás y valoren el esfuerzo que ellos hacían para que estudien”, reflexiona.

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