Escape

Willy Kenning: El sueño de tocar el cielo

Después de escalar todas las cumbres bolivianas de más de 6.000 m, el fotógrafo cruceño pisó la cima del Aconcagua.

La Razón / Carlos Orías

00:00 / 14 de abril de 2013

Para algunos, los 50 son esa etapa curva de la vida, en forma de hamaca, en la que deciden relajarse y admirar el paisaje de lo que han logrado. Para Willy Kenning, de 54 años, se trata de un periodo de desafíos para ver qué tan alto se puede llegar. Literalmente.

Es algo que viene haciendo desde hace varios años. Entre 2004 y 2006, Kenning escaló todas las cumbres de Bolivia de más de 6.000 metros de altura.

Fue el primer boliviano en lograrlo y la serie de desafíos quedó retratada en su libro de fotografías 6.000+. Pero el 5 de marzo estuvo parado sobre el techo de América, la montaña más alta del continente, el Aconcagua, a 6.962 metros sobre el nivel del mar.

“La satisfacción que me queda es saber que soy mejor, mi espíritu es más fuerte, que me he templado en las nieves y en las rocas, me acerqué al cielo sin miedo”, anotó para sí mismo el día que pisó la cima del Aconcagua y después compartió con quienes siguieron su aventura en Facebook.

Escalar era un sueño de juventud, de sus años de adolescente al pie de los Andes en Argentina. La fotografía fue la primera de sus realizaciones de vida. Trabajó intensamente entre Bolivia y Argentina, pero después de 13 libros publicados, empezó a mirar de nuevo hacia las cumbres.

En 2011, con el desafío del Aconcagua planteado, empezó su preparación física. “Soy medio tardío”, reconoce en entrevista con La Razón, pues empezó a dedicarse al montañismo a los 45 años. Así que aceleró el paso y, como parte del entrenamiento, en 2012 escaló el Huayna Potosí por la pared sur y el Chachacomani por el oeste.

Como andinista que ya tiene varias cumbres en su haber, considera que el Aconcagua no es “la más linda, ni tampoco la más difícil”; pero es la más alta del continente y ése era el principal aliciente, así que decidió emprender la escalada “como una manera de hacer algo importante”.

Subir el Aconcagua es una empresa que demanda mucha resistencia. “No es una montaña que requiera demasiada técnica”, explica Kenning, pero sí estado físico para caminar tramos de hasta 25 kilómetros con casi 30 kilos de equipo sobre la espalda. Es en definitiva una aventura larga y cansadora, que demandó 13 días, entre el 21 de febrero y el 5 de marzo.

El principal riesgo durante el ascenso es la intensidad de los vientos. Con menos frustración ahora que completó la hazaña, Kenning recuerda que estando en el campamento más alto, a 5.500 metros, él y sus guías tuvieron que pasar una noche bajo vientos de hasta 160 kilómetros por hora, por lo que al amanecer debieron empacar y descender unos 1.200 metros a fin de esperar a que el clima cambie.

Para seguir después de un revés como ése es crucial tener resistencia física, pero esa condición no se sostiene sin el apoyo de una buena preparación mental. “La montaña es el triunfo de la mente sobre el cuerpo. Lo que la montaña produce en mí es ese sabor único que deja en mi corazón: renueva la fe en mí mismo”, escribió.

La “ventana del clima” se mostró cerrada una sola vez durante todo el ascenso, pero significó cinco días de retraso en el plan inicial. “Estábamos decididos a ir hacia la cumbre desde el campamento de los 5.500 metros, pero el clima nos obligó a reprogramar el tiempo de viaje y la logística de la comida, además del cansancio de cargar equipo para un tramo extra”.

Los contratiempos climáticos durante una escalada asimismo pueden significar el final prematuro de la aventura. “El Aconcagua también es una montaña cara”, dice Kenning en referencia a los casi $us 10 mil que demandó la escalada y que le fueron provistos por sus auspiciadores (Banco Mercantil Santa Cruz y Tigo).

Más allá de esas preocupaciones y con la adrenalina fluyéndole por el cuerpo durante buena parte de la travesía, Kenning llegó al día de encarar la cumbre sumido en un mar de ansiedad.

Sobre el último sueño antes de iniciar el tramo hacia la cima, escribió en sus notas personales: “Casi no pegué un ojo durante toda la noche y la madrugada. Los nervios están de punta y la ansiedad me carcome. Si es que dormí algo, lo hice de a ratitos y sin dejar de pensar en mi día”.

El paisaje alrededor es magnífico: montañas, nieve, roca y cielo. Pero el paisaje interior condensa el momento del desafío personal que contrasta con el esfuerzo físico empleado en cada paso y con la suerte que han corrido otros andinistas. Y todo entra por los ojos. “Los últimos 300 metros antes de la cima son bastante duros, físicamente muy exigentes”, explica en la entrevista. “Vas viendo a gente que fracasó, que tiró la toalla y se quedó tendida en el camino, cien metros por debajo de la cumbre. Es una subida muy dura”.

Kenning caminó los restantes 200 metros hacia la cima con pasos cortos y medidos que le permitían ahorrar el poco oxígeno que sus pulmones captaban del aire. Pisó la cumbre casi sin peso extra, a excepción de una cámara fotográfica y las banderas de sus auspiciadores. Pasó menos de media hora a 6.962 metros de altura antes de emprender el descenso.

Pero no sólo faltaba oxígeno y el termómetro marcaba 20 grados bajo cero: “Hay un problema con las sensaciones; estás trabajando y no tenés mucho tiempo para meditar. Estás documentando que llegaste, así que no tenés tiempo para disfrutar”. Más allá de una foto con su guía, Roberto, no quedó tiempo para más.

Al regresar escribió a manera de confesión: “A 7.000 m me fue difícil pensar y mi plan original se vio frustrado por mis limitaciones. Quería hacer esto o aquello, quería mirar al cielo y agradecer, quería pensar en mis hijos, quería una foto así o asá...”.

El torrente de emociones lo alcanzó al empezar el camino de regreso: “Poco puedo decir de lo que siento. Cualquier cosa que diga queda pequeña con respecto a mis sensaciones. No siento que algo las represente con justicia. Así que se los digo de manera sencilla: qué grande carajo, lo logré…!!!”. “Una vez más, viví el sueño…”.

Un sueño que puede repetirse en poco tiempo más. Willy Kenning se ha planteado dos nuevos desafíos de altura que implican aterrizar en otros continentes: escalar el monte Kilimanjaro (5.895 m) y coronar el monte Everest (8.848 m).

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