Escape

Winston Churchill: ‘Inglaterra y Estados Unidos deben caminar juntos tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz’

Estadista y orador, Churchill fue oficial del Ejército británico, historiador, escritor y artista. También fue Premio Nobel de Literatura.

Winston Spencer Churchill, político y estadista británico. Foto: quotivee.com

Winston Spencer Churchill, político y estadista británico. Foto: quotivee.com

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de enero de 2016

Winston Spencer Churchill (1874-1965) nunca pasó inadverti­do para la historia. Desde sus inicios fue portador de una explosiva combinación de arrojo, rebeldía, crudo pragmatismo y agudo instinto político. Esto le valió, en diferentes momentos, la admiración y la crítica de sus compatriotas, quienes, por un lado, lo veían como un fiel servidor del imperio británico y, por otro, como un hombre capaz de pagar cualquier precio para cumplir con lo que le parecía correcto. En el preciso momento en el que Isaac F. Marcosson, un inquie­to periodista y escritor estadounidense, se presenta ante Churchill, éste se parece más a un ave Fénix que al héroe incuestionable que emergió tras la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras, estaba volviendo a la actividad política luego de uno de los periodos más oscuros de su carrera.

Había llegado a la cima en 1910, cuando durante el gobierno del liberal Henry Campbell-Bannerman fue elegido como ministro de Asuntos Internos; pero un año más tarde, cuando Europa se dirigía expreso hacia la guerra, se transformó en primer lord del Almiran­tazgo. Una vez instalado en el escalafón más alto de la Marina bri­tánica, inició una profunda reforma del andamiaje militar británi­co y allí se encontraba cuando estalló la inevitable Primera Guerra Mundial (1914).

Churchill estaba decidido a meterse en la historia y es por eso que ideó la primera gran invasión anfibia para liberar el paso por el estrecho de Dardanelos, en Turquía, y así bloquear al imperio turco y generar una línea directa con los aliados rusos. Fue un desastre, las tropas británicas perdieron 250.000 hombres y terminaron retirándose casi un año después de iniciada la operación sin haber podido salir de la playa.

La estrella de Churchill se apagó y debió renunciar. Pero, como demostración de que en la política no hay cadáveres, dos años más tarde, Churchill estaba de regreso en el Gobierno, esta vez como Mi­nistro de Suministros (Armamento) y para presenciar la recta final de la Primera Guerra Mundial, nuevamente, desde la primera fila. Marcosson, por su parte, era un experto en el arte de dialogar con grandes personalidades. En el momento de su encuentro con Chur­chill ya había entrevistado a los presidentes americanos Woodrow Wilson y Theodore Roosevelt, así como al primer ministro británico, David Lloyd George, entre otros.

(*) Más información en la edición impresa de La Razón

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia