Escape

Winston Uzin

Unos pajarillos que decidieron anidar en las plantas de la casa del médico, en la zona norte de La Paz, le han dado una lección de vida que él desea transmitir a niños y adolescentes. Ginecólogo y sexólogo.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 23 de junio de 2013

No tiene hijos, pero sí un montón de ahijados que literalmente han alzado vuelo ante su mirada vigilante. Unos 25 ya que han dejado el nido, aunque algunos vuelvan de vez en cuando para “echarse de menos” de sus padres. Él, como padrino, cuida desde lejos que todo marche bien, pues no se trata de inmiscuirse en la vida íntima de una familia.

Winston Uzin, el ginecólogo obstetra nacido en Potosí y formado en La Paz, Brasil, Estados Unidos, Cuba y Chile, un buen día reparó en que un pajarillo de la especie escribano montesino merodeaba por sus macetas y árboles bonsái.

Cámara fotográfica en mano, tomó algunas imágenes. Poco a poco fue adentrándose en un mundo que encuentra maravilloso, al punto de que tiene listo el borrador de un libro que, es su sueño, ya editado podrá servir para hablarles a los niños y adolescentes sobre planificación familiar, valores y respeto del medio ambiente.

Junto al pajarillo de marras pronto apareció una pajarita y un tercero en discordia. La disputa breve la ganó el primero y la segunda lo eligió para armar el nido.

Entre ambos acarrearon paja, pelos y otros materiales con los que tejieron un hogar. A los pocos días, dos huevos fueron el centro de atención de la pareja. Las fotos muestran cómo ella los calienta y, cuando sale a comer, él cuida de los futuros polluelos. Así nacen, feos, ciegos, sin plumas, y Uzin se permite el humor: la foto fuera de foco tiene una explicación: “Está prohibido tomar fotos de niños desnudos”.

El acarreo de alimento, los picos abiertos desmesuradamente, los polluelos cada vez más grandes, todo está documento. Como el día 14 luego de nacidos, cuando uno de ellos sale del nido y no vuelve. “Tal vez se lo comió un gato o lo atacó un perro, no sé”. El otro, más cuidadoso, esperó a comer por sí solo, volar con seguridad y entonces se marchó.

Y ha habido más huevos que le permiten al también experto en población y desarrollo ver cómo, cuando son tres en esta especie de aves, uno de los polluelos se impone a los otros, acapara el alimento y a veces aquéllos no logran sobrevivir.  

Otro detalle que Uzin ha comprobado es la fidelidad de la pareja. No se separan y son padres amorosos; esperan a que los hijos vuelen para pensar en otra nidada.

“Es una vida ejemplar, de la que se puede aprender mucho como humanos” —opina el sexólogo— y partir de esta experiencia, que vive a diario, le da un nuevo y mejor sentido a la palabra “pajarear”.  

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