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Xenarthras: Restos del perezoso prehistórico

El reciente hallazgo de fósiles en Oruro revela la existencia de un animal que podría ser único en su especie y una joya paleontológica.

La Razón / Liliana Aguirre

00:00 / 10 de noviembre de 2013

Hace cinco millones de años, el clima y los paisajes del planeta eran otros, para entonces el altiplano no era frío y los animales que lo poblaban estaban adaptados a esa y otras condiciones.

Entre la fauna se hallaba un ancestro de los perezosos, perteneciente a la familia de los xenarthras. Restos fósiles de este espécimen fueron hallados el 2 de octubre en la provincia Sud Carangas, en el ayllu Yuruna de la comunidad de Chotapata, del departamento de Oruro.

Un cráneo en muy buen estado, que se presume que data de hace más de cuatro millones de años, es la primera pieza de este rompecabezas paleontológico.

“Después de la desaparición de los dinosaurios, Sudamérica se separa de Norteamérica. El sur es una isla y es allí donde comienzan a diversificarse especies de fauna como los xenarthras”, explica Bernardino Mamani, jefe de la Unidad de Paleontología del Museo de Historia Natural, encargado del informe del hallazgo.

El paleontólogo señala que hace cuatro millones de años ocurrió un fenómeno inesperado: la unión de Norteamérica con Centroamérica y el surgimiento del istmo de Panamá. “En esa unión hay un intercambio de fauna. Por ejemplo, la llama no es originaria de Sudamérica, viene de Norteamérica, como los gonfotéridos (especie de elefantes) y los caballos que se quedan aquí como parte de esa transferencia de animales interamericanos”, explica Bernardino.  

Los xenarthras llegaron hasta Alaska, pero son originarios del Sur. “En paleontología podemos hablar de parientes lejanos, la llama y los elefantes eran similares a los actuales, pero con diferente dentadura. Se adecuaban según la alimentación, clima y altura; y los xenarthras estarían emparentados con perezosos, koalas o armadillos”. Los huesos de este herbívoro aún no han sido desenterrados del todo. Gran parte de sus restos todavía están bajo las capas de sedimento en la comunidad orureña.

Marcelino Nina fue quien los encontró es los predios de su familia. Él desenterró el cráneo. Por las características vistas el animal medía de cuatro a cinco metros de la cabeza hasta la cola.

El especialista explica que la pieza está muy bien conservada, a pesar de que fue Marcelino y no un experto el que la manipuló sin tomar las previsiones necesarias para evitar fracturas o deterioro.

“Corrió con mucha suerte al no sufrir daños graves. Para extraer el fósil de la tierra se necesita una serie de químicos para conservar la pieza sin que se haga añicos. Eso es lo que usamos en el trabajo de laboratorio”, explica el paleontólogo y hace notar que uno de los errores cometidos fue la manipulación del cráneo, en la que intervinieron varias personas, lo que causó el deterioro de las partes más delicadas.

Marcelino Nina, quien conversó desde Oruro con Escape, contó que en una visita familiar a los terrenos de su esposa observó costillas semienterradas, entre otros huesos, de un animal que le era desconocido.

“Cuando vi la cabeza, la mandíbula y los dientes me di cuenta de que era un animal de otra época. No se trataba de una mula, un burro o una vaca. Imaginé que estas tierras fueron un paraíso lleno de dinosaurios”, indica a través del teléfono.

Marcelino desenterró la cabeza con sus propias manos y dio a conocer su descubrimiento a la opinión pública.

“Este hallazgo se constituye en patrimonio del Estado boliviano, por eso se le debería poner más atención y cuidarlo en un centro que garantice su óptima conservación”, advierte el paleontólogo del museo.

El proceso correcto para extraer un fósil de la tierra consiste en envolverlo con una especie de escayola —yeso de alta calidad y grano muy fino— o con vendas que se usan en traumatología y papel japonés, que por su resistencia evita daños.

“Hay que inmovilizarlo para que no se quiebre y en el laboratorio se deben usar químicos —que llegan como donación de EEUU— para quitar el envoltorio”, detalla el responsable de esta empresa.

Los polímeros con los que se realiza la inmovilización de las piezas son como un pegamento que consolida internamente los huesos del fósil, para evitar quiebres.

“La paleontología es un trabajo con agujas que consiste en limpiar, consolidar e intentar armar el esqueleto del animal”, indica Bernardino y agrega que son los paleoartistas quienes reconstruyen las imágenes externas de estos animales.

“En función de la mandíbula se le da la proporcionalidad del animal y se reconstruye su imagen para fines de exhibición”. Toda un despliegue de ciencia y arte.

El paleontólogo recuerda que cuando levantó el informe de campo del hallazgo en el lugar observó una serie de vértebras y restos aún dispersos en la tierra. “Se deben sacar esos huesos en bloques y, de esa manera, poder armar el esqueleto dentro de un laboratorio”, anuncia.

“Durante el trabajo interpretativo analicé que a nivel familia es un milodóntilo (especia de los xenarthras) por la forma de los dientes”, precisa el estudioso.

La hipótesis de Bernardino se centra en que en la paleontología de los mamíferos, los dientes son definitivos. Con una esquirla se puede saber el género del fósil.

Una preocupación que expresa es que los restos del milodóntilo aún están en la propiedad de Marcelino. Lo que espera el especialista es que los traslade a un laboratorio para que sea catalogado e investigado por científicos. El poseedor de los huesos aclaró a Escape que entregará la cabeza, públicamente, a las autoridades de la Gobernación orureña para estudiar y conservar las piezas en las mejores condiciones. “Me gustaría que saquen todos los huesos y lo armen, así se podrá ver todo el esqueleto. También (la construcción de) un museo en Oruro para exhibirlo en la ciudad y que no se lo lleven”, precisa.

Según el análisis paleontológico, el cráneo tiene de dos a cuatro millones de años  y lo propicio sería excavar todo el material que está en Chotapata. “Hay que describirlo y ver si tenemos estos fósiles aquí y sino tomar contacto con Chile o Argentina para hacer las comparaciones necesarias”, adelanta Bernardino.

El científico precisa que es necesario saber si hay algún registro similar de esta especie. Aunque se han encontrado restos similares en el norte de Argentina y Chile no descarta que se trate de una nuevo tipo, lo que sería un gran descubrimiento para la ciencia paleontológica mundial.

Bernardino aclara que la mandíbula da señales de que el animal fue lento, pesado, cuadrúpedo y un abuelo del oso perezoso.

Lo que habló con representantes de la Gobernación de Oruro es que se debe hacer el rescate y consolidación de los huesos para que no se deterioren y hacer la determinación taxonómica exacta.

El descubrimiento representa un nuevo registro para la fauna paleontológica y requiere un trabajo minucioso con especialistas y paleoartistas.

“La fase que seguramente interesa a los comunarios de Chotapata es el montaje del esqueleto para que quede en exhibición y se sepa cómo era el animal”, dice.

El científico recalca que los fósiles no siempre están completos y que en éste falta el arco cigomático, sin embargo, sí se puede armar el esqueleto.

El objetivo principal es rescatar todas las partes fósiles. Sin embargo, el futuro de este ancestro del oso perezoso queda en manos del financiamiento que se debe conseguir para esa tarea.

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