Escape

Yasser Ríos

Dijo que sería cocinero y que aprendería en la mejor escuela. Dejó su matrícula en la universidad y se fue a Lima. Aprovechó sus vacaciones en La Paz para hacer una pasantía en el restaurante Gustu. Aspirante a chef

La Razón (Edición Impresa) / Gemma Candela

00:00 / 16 de marzo de 2014

Yasser Ríos López no sabe por qué le gusta cocinar pero sí que le encanta comer. Y bien. Tal vez fue por eso por lo que mandó “al diablo”, como él dice, su matrícula en Marketing y Logística. “Pensé que si iba estudiar gastronomía, tenía que hacerlo en el mejor lugar”, cuenta este chico nacido en La Paz hace 20 años. Conoció la famosa escuela Le Cordon Bleu. Ir a formarse a la sede parisina era demasiado costoso y, entonces, se enteró de que había “sucursal” en Lima.Sin embargo, entrar no fue tan sencillo como hacer un huevo frito. Primero, su madre no estaba de acuerdo con que dejara la universidad para ser cocinero. En cambio, asegura, ahora es la que está más emocionada en la familia.

Poco a poco, Yasser fue acercándose a su meta: entrar a Le Cordon Bleu. Y lo hizo paso por paso, como en la escalada deportiva, la cual este aprendiz de chef conoce desde los diez años. Desde siempre le había encantado trepar a los árboles.  Luego comenzó a practicar en serio y llegó a competir. “Podría dejar de comer pero no de escalar”, asegura. Por eso, aunque le falta tiempo, de vez en cuando, sube alguna pared.

Tras pasar tres pruebas, logró entrar a la escuela en marzo de 2012. Lo cuenta tomando un café en la zona Sur de La Paz, antes de ir a Gustu, donde aprovechando las vacaciones, está haciendo una pasantía.

Una de las cosas que más le ha costado aprender es la escritura con chocolate. Tanto practicaba en casa que el dueño del primer departamento donde vivió le prohibió usar la cocina. Y tuvo que ensayar sobre su cama, impregnando su cuarto de un olor dulzón durante días. Pero logró dominar la técnica.

Cuando termine sus estudios le gustaría viajar. Quiere regresar de vacaciones a Estados Unidos, donde terminó el bachillerato. “Es como en las películas: llegas a la escuela y eres un don nadie”. Además, no sabía el idioma. “Al tercer mes pasó algo mágico: soñé en inglés”. Lleva consigo un recuerdo de aquel tiempo: la marca de una raspadura en la mano que se hizo jugando fútbol americano.

Sabe que volverá a Bolivia. Ya tiene fichado un mirador que hay en Sucre, en el que le gustaría abrir un restaurante diferente aunque, dice medio en broma, Claus Meyer, el promotor de Gustu, se le adelantó. Pero él tiene la cabeza llena de ideas para “jugar” con la cocina nacional. Quizás esté predestinado a que le vaya bien, como al chef danés; su padre lo bautizó con ese nombre en honor a Yasser Arafat, el líder palestino.

Ilustración: Martín Elfman

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