Escape

Zeta tras las cámaras

La serie ha cambiado no sólo a los protagonistas de la serie, también a guionista y dibujantes

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 22 de abril de 2012

Marcelo Bazán se cuida de no bajarse fuera de la parada de transporte público. Tiene una gran responsabilidad porque los niños lo reconocen por la calle y lo llaman: “¡Zeta! ¡Zeta!”. No puede permitirse contradecir los principios de comportamiento cívico que muestra en la miniserie de Cultura Ciudadana producida por Imagen Propia, porque todos saben que él es el héroe cebra que lucha contra el caos de la ciudad de La Paz.

El público espectador conoció a Clara, Nina, Lucas, Margarita y compañía y, por supuesto, a Zeta, en septiembre de 2011. Todos despidieron a finales de octubre, con los vecinos de San Rosario concienciados de que de ellos depende la solidez de su barrio, pero con el héroe entristecido por las palabras de Nina: “No sirven (las cebras). La gente no va a cambiar”.

El 19 de marzo regresaron a la pequeña pantalla, a la radio y al cómic y, después de ver, en el principio de la Zegundita, a Zeta a punto de arrojar la toalla (la cabeza de cebra, realmente), el joven paceño se reafirmó en sus convicciones y decidió que Nina se ponga en sus zapatos.

A punto de terminar este segundo acto, dos de los actores, la guionista y los dibujantes aseguran que sus personajes se han metido en sus vidas y les hacen comportarse de forma más responsable (casi siempre). “Creo que en el fondo sí existía un Zeta en mí, aunque no descubierto”, asegura Marcelo, actor desde los siete años. Fue a los ocho cuando empezó a trabajar con la cineasta Verónica Córdova (Di buen día a papá) en documentales, cortos... “Ella me ha visto crecer artísticamente” y por eso cree que lo “premió” con este papel.

La fusión entre el personaje de la ficción y Marcelo no se quedó en el plató. Cuando los niños lo ven por la calle y le preguntan si su vida es como muestra la serie, él sigue interpretando. “No tengo por qué cortarles la magia y decirles ‘No, yo soy actor’”.

A la actriz, ex Teatro de los Andes, Erika Andia (Clara) también le pasa. La gente la para y le cuenta los problemas de su barrio para que vaya a resolverlos con su sartén en la mano, como si fuera la presentadora de televisión (o la de la radio, para este otro formato) a la que interpreta.

Un día fue al mercado a comprar y le pidió a la vendedora que le descontara algo del precio. “Y si no le rebajo, ¿sartenazo”, le respondió la mujer. El personaje, como a su compañero de rodaje, también le ha cambiado. “Yo antes no cruzaba por la línea de cebra”, reconoce Erika.

“Como eres imagen y la gente te reconoce, intento hacerlo siempre”.

Nuevos temas: tráfico y vialidad

La Zegundita tiene, como la primera sesión, ocho capítulos, que fueron rodados en sólo seis días a base de 12 horas de trabajo, cuentan los dos actores. Las jornadas eran todavía más largas para el equipo técnico. No por eso califican como duros aquellos días, todo lo contrario. “Ha sido muy interesante como actriz”, asegura Erika. Sobre todo la primera temporada, ya que la llevó a investigar: habló con damnificados por los megadeslizamientos del año pasado, para poder meterse en el papel de Clara, quien pierde la casa en tales circunstancias. Y, como ella, Erika piensa que hay aspectos de la ciudad que se pueden mejorar.

“Estamos haciendo esto para dar un mensaje”, explica la productora y guionista, Verónica Córdova. Si el eje central de la primera temporada fueron los riesgos de La Paz, la segunda aborda otros dos aspectos problemáticos: el tráfico y la vialidad.

El mensaje, aseguran tanto la guionista como los actores, está llegando a la gente. Sobre todo a los niños, en opinión de Marcelo, quien lo sabe muy bien. Aunque, cuenta, también ha tenido alguno que otro choque con gente que, tal como la escéptica Nina, le dice al superhéroe que el proyecto de Cultura Ciudadana no sirve para nada, que la gente no cambia. Pero él sabe que ésta es una misión a largo plazo y que los resultados no son inmediatos: “Estamos formando generaciones”. De la misma opinión es Erika-Clara, quien afirma convencida: “Es necesario concienciar a la gente”.

En el periodo de investigación que hicieron tanto la guionista como los actores antes de la filmación de los episodios, se entrevistó a varios de los educadores que cada día tratan de que se cumplan las normas viales bajo un traje blanco a rayas negras. Además, todo el equipo fue cebra por un día. La idea era dar más presencia a estos personajes en la serie, pero la experiencia dio la vuelta a la segunda temporada, a tan sólo dos semanas del rodaje. En un principio se iba a contar la historia del mentor de Zeta, el que lo introduce al mundo de los educadores. Pero, al final, 200 cebras acabaron metidas en el plan de rodaje en el último momento y la historia, ya lo hemos visto, gira en torno a ellas. Incluso, hay una aparición casi mística de Katia Salazar, la “Mamá Cebra”. Para Marcelo, la experiencia de ponerse la cabeza y el traje rayados “es dura, porque así es como ves la intolerancia de la gente” en directo.

La Zegundita comenzó en octubre, cuando Verónica anotó sus primeras ideas, pero poco a poco, porque ella no trabajaba de corrido. Y asumió como la única guionista, al contrario de la primera parte, en la que trabajó un equipo (había que dar vida a todos los personajes). Luego vino el borrador, que revisó y reescribió con el director, Fernando Vargas. Finalmente, el rodaje comenzó poco antes de Carnaval.

Para la televisión hay un grupo de entre  30 y 35 personas moviéndose por toda La Paz, “tratando de explotar la belleza que tiene esta ciudad”, explica la productora. El uso de efectos especiales es una de las novedades de la segunda temporada. Se ha utilizado la técnica chroma key (inserción croma) para las tomas donde los dos protagonistas se meten en la visión del mundo de Zeta.

Y, para complementar el mensaje, está la historieta, que aborda el tema desde el punto de vista de Nina, la joven de la que Zeta está enamorado, pero que es muy negativa. En el cómic se trabaja a cuatro manos, bajo la dirección de Joaquín Cuevas. Román Nina, Óscar Zalles y Salvador Pomar hacen el equipo —que éste último autodefine como “de ensueño”—, en cuyo  currículum destaca, por ejemplo, la creación del corto animado La abuela grillo.

Cada uno de ellos es un eslabón de una cadena de trabajo.“Yo adapto la historia de la tele para el cómic”, explica Cuevas, guionista y director. Él tiene la temática y las escaletas (las guías para la filmación de los episodios) y trabaja paralelamente al equipo de cine, aunque la versión final se ultima cuando los capítulos ya están terminados.

El siguiente es Román Nina. “Yo me encargo de los fondos”. Con el guión que le envía Joaquín, él compone los escenarios sobre los que se van a situar los personajes, utilizando elementos de la ciudad. “La Paz tiene que mostrarse tal cual es”. Si en la primera sesión se trataba de un barrio imaginario que simbolizaba cualquier zona de las laderas, ahora la acción se sitúa en el centro, y la urbe ha de ser reconocible. No usa fotografías para ello. “A mí me encanta caminar”, afirma. Y ésa es su forma de trabajar: va a los sitios y lo que ve lo plasma en los escenarios para pasarlos al siguiente eslabón, Óscar Zalles. Sobre aquéllos, él diseña a los personajes.

En colores y en vertical

Todo está en blanco y negro, hasta que llega a Salvador Pomar. “La ciudad es un poco monocromática: los techos de las casas, o los ladrillos, y la gente igual, viste muy formal, digamos, no usa colores chillones”. Él hace uso de diferentes pigmentos para crear contrastes y dar personalidad a cada escena. En la segunda temporada, el hecho de que Nina vea el mundo desde el punto de vista de Zeta ha cambiado el uso de los colores. Incluso, desde el domingo pasado, el formato del cómic es vertical en vez de horizontal, siguiendo la premisa del dibujante estadounidense Frank Miller, quien dice que la ciudad necesariamente es vertical, explica Joaquín. Él es el que, por último, pone el texto y arma el cómic. Todo el proceso de elaboración de esta segunda tanda ha durado alrededor de un mes, aunque se hacen arreglos hasta última hora.

Estos cuatro dibujantes acabaron metidos en el proyecto gracias a Verónica, quien contó la idea a Joaquín y lo invitó a formar parte de ella. El dibujante llamó a su equipo y ¡manos a la obra!

También ellos están influidos por el espíritu de Zeta. “Ahora sí puedo decir que espero a que el semáforo esté en verde o en rojo para pasar o no la calle”, dice Román. A Joaquín no le ha cambiado tanto; “Siempre reniego”, y lamenta que no hay parada para el transporte en gran parte de la ciudad. Román lo reconoce, pero añade: “Puedes decir: ‘Bajo en la esquina’, no donde sea”.

En la primera temporada, la Dirección de Cultura Ciudadana contaba con financiamiento total por parte de varios organismos internacionales. En esta ocasión, costea en solitario la difusión de Zeta: aparición en televisión y radio, y distribución del cómic con tres periódicos, entre ellos La Razón. En total, son Bs 400 mil, según el director del área, Sergio Caballero.

Los capítulos de televisión y los de radio (El sartenazo) se estrenan cada lunes, y los cómics salen viernes y domingo, según el periódico. En la página de la serie en Facebook pueden verse los episodios el viernes anterior a su estreno en los canales. Los capítulos pasados también pueden seguirse en Youtube. Hay quienes han dejado sus comentarios en este sitio. Los hay contrarios a la serie, que arguyen que ese presupuesto debería destinarse “a paliar los problemas de La Paz”. Sin embargo, tanto la guionista, los actores como los dibujantes coinciden en que el tomar el minibús donde no se debe o botar basura sobre los sumideros, “son cosas que un muro de contención no va a cambiar”, en palabras de Verónica. La reflexión es la manera más eficaz.

Todavía quedan dos episodios para que acabe la Zegundita. Y habrá una tercera, porque todo acto dramático tiene tres actos, argumenta la guionista. No está clara la temática, incluso puede que surja una cuarta temporada... Es que hay demasiado por lo que Zeta debe seguir luchando.

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