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El cómic se adelantó a snowden. Crítica eligió al mejor de 2013

El dataapocalipsis no lo desveló Snowden. Lo contaron meses antes Marcos Martín, Montsa Vicente y Brian Vaughan, pero sus lectores pensaron que era un cómic de ciencia ficción. Quizás por eso The private eye, la historieta que se descarga gratuitamente (o con una oferta libre) en internet, ha sido designada por la crítica estadounidense como una de las mejores del año pasado.

La Razón Digital / Javier Martín, El País

00:00 / 16 de febrero de 2014

El dataapocalipsis no lo desveló Snowden. Lo contaron meses antes Marcos Martín, Montsa Vicente y Brian Vaughan, pero sus lectores pensaron que era un cómic de ciencia ficción. Quizás por eso The private eye, la historieta que se descarga gratuitamente (o con una oferta libre) en internet, ha sido designada por la crítica estadounidense como una de las mejores del año pasado.

“Lo mejor de The private eye es la forma en que te tortura con lo que significa vivir en un mundo hiperconectado”, escribía el medio especializado Kotaku para justificar su elección entre los mejores de 2013. “Sus personajes se mueven en un mundo en el que guardar secretos es una obsesión porque la gente vive en un dataapocalipsis donde toda la ropa sucia es pública en internet”.

Medios y páginas web como USA Today, The Verge, Kotaku y The Hollywood Reporter han elegido entre las obras más destacadas del año el cómic creado por los ilustradores catalanes Martín y Vicente, y el estadounidense Brian V. Vaughan, guionista de la serie televisiva Perdidos y ahora productor ejecutivo de la serie Bajo la cúpula, versión de una obra de Stephen King. Vaughan es también coautor de los cómics de culto Y, el último hombre y Saga.

La trama de The private eye (el ojo privado) se desarrolla en el año 2076 en Estados Unidos, donde todo y todos son espiados. Un indiscreto paparazzi y un detective privado al margen de la ley son los protagonistas de este mundo de ciencia ficción que unos pocos meses después de su primer capítulo se convertiría en realidad con las revelaciones de Edward Snowden sobre la NSA. “Creo que dimos en el clavo con el argumento”, explica Martín en su estudio barcelonés. “Quizás por ello, la gente que se descarga el cómic es de una miscelánea diferente al del circuito del cómic tradicional. Hemos visto que hay mucho profesor, mucho universitario y periodista”.

The private eye solo se distribuye por internet, gratuitamente y sin protección alguna para su copia. El lector paga la voluntad y si lo desea.  La historia, pensada en diez capítulos, se inició en marzo. “Pensamos que si la cosa iba medio bien llegaríamos al tercer capítulo”. Los creadores acaban de publicar el quinto.

La media de pago es de algo más de dos dólares (1,4 euros) por descarga y la ratio pago/descarga es de unos 50 centavos de dólar (36 céntimos de euros) por visitante único. El primer capítulo fue el más descargado, “pero también el que menos gente pagó, apenas la mitad. Ahora hay menos descargas, pero paga el 80%”. Al margen de su experimento sobre una nueva economía, la obra ha conseguido el reconocimiento de la crítica.

En estos cinco primeros capítulos, el cómic se ha ido traduciendo a cinco idiomas (inglés, español, catalán, portugués y francés). “Hemos tenido ofertas para traducir a todo tipo de idiomas, del griego al malayo; pero aparte de la dudosa demanda real en esas zonas geográficas, luego he de rotular las palabras y no tengo tiempo; la prioridad es publicar las historietas”. Los tres trabajan ya en el sexto capítulo. “El resumen de nuestra experiencia es que el modelo funciona”, añade Martín. “Aunque es posible que no ganemos tanto como lo hubiésemos hecho de publicar el cómic con una editorial como Image, sí estamos ganando más de lo que lo haríamos en cualquiera de las dos grandes, Marvel o DC”.

Los lectores de los países anglosajones son los más generosos, “de largo”, puntualiza Martín. Estadounidenses, ingleses, canadienses y australianos; españoles y brasileños se lo descargan mucho, pero aflojan poco, y eso que la web admite pagos desde un centavo de dólar.

La página solo cambia cuando se recibe una nueva entrega del cómic, es decir, una vez cada dos meses, aproximadamente. “Estamos pensando en acoger a otros autores y en añadir más recursos, pero no somos ni empresarios ni editores como para dedicarnos a buscarlos'. Martín rechaza cualquier intención de que The private eye se imprima en papel, “la difusión exclusivamente digital es parte de la originalidad del proyecto”, dice, pero sí que habrá recuerdos tangibles.

La cuarta pata del equipo es el informático, también español, José María Sánchez de Ocaña, diseñador de la web y con experiencia en el comercio electrónico, pues es el fundador de IberGour. Desde enero han puesto a la venta láminas del cómic a 20 dólares (14,6 euros) o de 50 (36,6 euros) en el caso de una edición numerada (solo 100 ejemplares) firmada por los autores.

The private eye se acabará en 2014, pero después no se sabe qué pasará. “Ni nosotros lo sabemos; creo que es parte del encanto. No hay fecha de salida de un nuevo capítulo, ni siquiera seguridad de que salga. Son los lectores los que impulsan el proyecto. Si les gusta y pagan, continuará; y si no, es que no merece la pena”. Martín garantiza que llegarán a los diez capítulos previstos, aunque desecha la posibilidad de que haya una impresión final con un The private eye completo.

“En un año en el que ha sido imposible ignorar la realidad del estado de vigilancia”, finaliza la crítica de Kotaku, “este título te hace pensar sobre el uso de tu navegación y de tus redes sociales de la peor forma posible”.

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