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La alegría del silencio

Jóvenes que padecen pérdida auditiva  presentarán en el Teatro de Cámara una muestra de su vida cotidiana.

Los niños y adolescentes levantan las manos en señal de felicidad y victoria.

Los niños y adolescentes levantan las manos en señal de felicidad y victoria. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

14:09 / 26 de junio de 2017

Me preocupa la violencia contra los niños”, comenta una alumna del grupo. “Me encantaría cuidarlos y que los agresores vayan a la cárcel”, agrega, mientras sus compañeros y profesores levantan las manos y las agitan, en señal de aplauso, en un ambiente donde reina la paz, compañerismo y, sobre todo, el silencio. Se trata de un ensayo para la presentación de Sinestesia, performance sensorial que tiene el objetivo de interpelar a la población sobre la vida cotidiana de las personas con discapacidad auditiva.

  • Lenguaje. Dos niños se comunican mediante la lengua de señas antes de empezar el ensayo de la performance. Fotos: Miguel Carrasco

Son 24 menores de edad que no pueden oír pero que, al igual que cualquier otra persona, pueden manifestar sus emociones a través del arte y el movimiento de las manos y el gesto del rostro. “Quisiera que las fábricas no contaminaran tanto”, manifiesta el otro pequeño artista, quien para exteriorizar su preocupación no necesita hablar, sino emplear la lengua de señas, una manera de expresión gracias a la que los sordos se relacionan con su entorno social. Para explicarlo de mejor manera, mientras que con el lenguaje oral la comunicación se establece en un canal vocal-auditivo, el lenguaje de señas lo hace por un canal gesto-viso-espacial.

  • Entusiasmo. Valeria levanta los brazos para demostrar el movimiento de las manos en el baile que están preparando.

Lucha sin ruido

En un ambiente con tonos amarillos y anaranjados, los niños ensayan la obra que presentarán el viernes 23 y sábado 24 en el Teatro de Cámara de La Paz. Se trata de una puesta en escena que apelará a los sentidos. En primera instancia, al público se le hará sentir la privación de la facultad de oír y de ver, con el fin de que imagine cuál sería su reacción ante esta situación. “Queremos que el público se ponga en los zapatos de la otra persona, desde cómo es sentir diferente para desmitificar que sea mala o que cause lástima. En realidad es otra manera de vivir”, comenta Valeria Salinas, coordinadora general del proyecto Sinestesia, quien junto a un grupo de voluntarios jóvenes inició la lucha silenciosa.

Ordenados por parejas, cada uno expresa sus inquietudes delante de los profesores y voluntarios. Pero lo que más llama la atención es que ninguno menciona la carencia parcial o total del sentido del oído. “La educación inclusiva para una persona sorda es compleja porque requiere de alguien que interprete en su propio lenguaje, que es la lengua de señas, toda la enseñanza”, dice Paola Pastor, directora del centro de apoyo para la inclusión Effetá, establecimiento que recibe a estos menores.

  • Euforia. Alejandro disfruta de un twist con sus amigos de la obra ‘Sinestesia’.

Esta fundación tiene como misión ayudar a los niños y adolescentes con sordera para que sean incluidos en las escuelas a través de intérpretes que, a través de señas,  comprendan las lecciones que reciben, hasta que se gradúen en el bachillerato. No obstante, esta contienda de inclusión es complicada, ya que el centro carece de apoyo público o privado, así que apela a las maestras especialistas voluntarias, al respaldo económico del esposo de Paola y la mensualidad mínima que otorgan los padres de familia.

Por esa razón, el centro necesita la colaboración de especialistas en educación, fonoaudiología y en arte. En este último ámbito surgió Sinestesia, un proyecto social de expresión artística alternativa que busca la inclusión en la sociedad de grupos vulnerables —en especial a los jóvenes con discapacidades auditivas y visuales— y la democratización de la cultura.

El grupo —integrado por Valeria Salinas, Carlos Zurita, Alejandra del Carpio y Alejandro Zurita— encontró en Sinestesia el término para explicar lo que pretenden hacer con el proyecto. Sinestesia es una figura retórica que consiste en mezclar sensaciones de sentidos distintos (visión, audición, gusto, olfato o tacto). “Es como tomar café y decir que tiene sabor a naranja o componer una canción con colores”, ejemplifica Valeria.

  • Mensaje. Profesores de la fundación Effetá y facilitadores de Sinestesia forman la frase: “Todos pueden hacer teatro”.

En este caso se trata de que los estudiantes expresen sus sentimientos mediante el lenguaje de señas y la expresión corporal que otorga el teatro. En el aula, llega la pausa durante el ensayo para jugar un poco, entonces Alejandro crea una imaginaria pelota pesada que lanza a todos lados, con el objetivo de que los chicos desarrollen su imaginación y además se diviertan. “Es menester tener esa alegría, porque queremos que los chicos disfruten, más allá de dar la estrategia comunicacional o capacitarlos para que sean actores o actrices”, comenta el facilitador en artes escénicas que recurre a las señas para hacerse entender. El mismo problema tiene Alejandra, por ello se inscribió a cursos de lenguaje de señas para explicarles cómo será Sinestesia, actividad artística en la que los estudiantes mostrarán cómo transcurre su vida cotidiana, manifestarán sus esperanzas para el futuro y, al final, presentarán una coreografía de danza.

Por esa razón retoman el ensayo, cuando los cuatro facilitadores ensayan los pasos que presentarán en la obra. No es necesario escuchar música para tener ritmo, menos todavía para disfrutar el baile. Por ejemplo, cuando el facilitador muestra con la mano el número uno, sus estudiantes empiezan a bailar twist; cuando hace la señal de dos se mueven con los pasos de un vals. Cada uno lo disfruta al máximo, con risas ahogadas por el silencio.

  • Frenesí. Los facilitadores y los menores de edad preparan la coreografía que presentarán en el Teatro de Cámara el 23 y 24 de junio.

Carlos considera que los jóvenes tienen problemas de relacionamiento social y timidez, lo que se acrecienta con la incapacidad de escuchar. Por ello, “trabajar en teatro es una forma de desarrollar la autoestima, la expresión y las habilidades sociales de los chicos”, justifica. “Los hemos hecho vulnerables nosotros, porque al no saber la lengua de señas ni poder hablarles ni entenderles los dejamos incomunicados. Nosotros ponemos la barrera y nosotros debemos romperla”, sostiene Valeria, quien baila tinku y salsa junto con sus alumnos. La primera etapa del proyecto Sinestesia —financiado por la Embajada de Suiza en Bolivia a través de Solidar Suiza— terminará con la puesta en escena de la performance los días mencionados en el Teatro de Cámara (c. Genaro Sanjinés esq. Indaburo, con funciones a las 19.30 y 20.30); pero la intención es ampliar este trabajo con más especialistas y más apoyo económico, por lo que reciben propuestas en el muro de Facebook Proyecto Sinestesia y en el teléfono 72086028.

Compartir el ensayo con este grupo le hace dar cuenta a uno que para ser felices no es necesario tener todos los sentidos, sino desarrollar los que existen, y que la lengua de señas es como dominar otro idioma, que la sociedad debe aprender para evitar la discapacidad.

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