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Con el alma joven

Personas de la tercera edad tienen otra opción de ser felices con la Fundación Envejecimiento Activo y Saludable.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos / La Paz

23:00 / 11 de julio de 2018

Cuando el amor llega así, de esta manera, uno no se da ni cuenta; el cauca reverdece y el guamanchito florece y la soga se revienta. En el momento en el que Elvira Castedo empieza a escuchar la cumbia Caballo viejo, casi de inmediato se incorpora de la silla, se acomoda delante de sus compañeros y repite los movimientos que enseña su profesor de bailoterapia. De izquierda a derecha, de adelante para atrás, con movimientos pendulares de los brazos o haciendo remolinos con las manos, es una de las que más se divierte en el curso que le hace sentirse joven otra vez.

La psicóloga Elizabeth Crespo consideraba que las personas de la tercera edad debían vivir de manera plena y ejerciendo todos sus derechos, por lo que creó (hace más de cinco años) la Fundación Envejecimiento Activo y Saludable.

De manera paralela trabajó como docente en la Universidad del Adulto Mayor de la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Fue en aquellas aulas donde conoció a Ana María Jiménez —conductora del programa de televisión 60 y más, que prefiere que la llamen Pochita—, quien cuando recibió la propuesta de apoyar en las actividades de la fundación aceptó con mucho agrado. Después de un inicio complicado por obtener especialistas y estudiantes, en tres años lograron sus objetivos, con clases que bautizaron como abueloterapia. “La autora de este proyecto ha promovido que a los adultos mayores se les dé un lugar, que se les apoye, que no se queden solos”, recuerda Pochita.

No obstante, Crespo murió en agosto de 2016, por lo que las actividades fueron suspendidas durante un tiempo. Su legado debía continuar, así es que la organización fue retomada por Estefanía Besares —hija de la fundadora—, quien desde la dirección y con el apoyo de Pochita se encarga ahora de que no falten cursos en las aulas ubicadas en Sopocachi.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), los adultos mayores representaban el 8,1% del país en 2012, pasarán a ser el 9,5% en 2020 y llegarán al 11,5% en 2030, una tendencia que muestra el inicio del proceso de envejecimiento de la población boliviana. “Cuando somos mayores cuesta asumir la función de ser abuelos, por eso queremos que conozcan cuáles son sus derechos y deberes de acuerdo con la Constitución Política y se empoderen en la sociedad”. Desde que llega a la fundación, Pochita se ocupa de que las personas de la tercera edad estén ocupadas en algo. Por eso propone, entre otras actividades, la visita a edificios representativos de El Alto o un viaje a los Yungas. “Es bueno que estén activos, que se dediquen a escribir, a pintar o que hagan ejercicios”. Es por esta razón que la fundación ofrece clases de memoria, fisioterapia, yoga, tejido, bailoterapia, conectividad y redes sociales, psicología, cocina saludable, literatura, inglés, mantelería, pintura, porcelana fría y arreglo floral, además de psicología de la vejez.

Con el fin de lograr estos objetivos se ha conseguido la colaboración de profesionales conocidos, como Margaret Hurtado en el área de psicología, Ana María Seoane en las charlas sobre historia o Carmen Bounder para las clases de pintura. En cambio, Clara Durán asumió la función de profesora de tejido por casualidad, cuando comentó a una amiga de fisioterapia que sabía tejer. Ahora dirige el trabajo de 11 damas que pasan una hora y media de charla amena, risas y manejo de agujas para elaborar prendas para sus seres queridos.

Mercedes Varela ha sido profesora de secundaria, pero ahora no se hace problema en ser alumna. Vestida como motociclista de los años 80, asegura que después de jubilarse no pensó en quedarse en casa, sino que eligió conocer amigos y estar ocupada. “A pesar de ser mayor me siento joven, porque así siento que está mi corazón”.

“Hace 10 años que me botaron de mi trabajo, por eso me dio una depresión tremenda”, cuenta Dunia Chávez, quien desde hace más de un año asiste tres veces a la semana a bailar salsa, ballenato y cumbia. “Carezco de gracia al bailar porque llegué tarde a la repartición de orejas, pero hago todo mi esfuerzo y me siento viva”. “Es complicado llegar a la tercera edad. La sociedad hace que en un momento sintamos que ya no servimos, aunque todavía tengamos las fuerzas y la inteligencia para trabajar”, dice Eugen Fuchs, quien llegó a la fundación como acompañante de Dunia y ahora es un fanático de las clases de baile.

Javier Fernández —profesor de Educación Física que trabaja con los adultos mayores desde hace 15 años— sabe que debe empezar sus clases de bailoterapia con fuerza; por ello, enciende la radio y pone Caballo viejo, canción que le encanta a doña Elvira, quien no duda en dar aullidos de felicidad mientras iguala los pasos.

Mientras bailan, Elvira, Dunia, Eugen y sus demás compañeras irradian mucha energía por sobre las canas y algunas arrugas. En ese momento, Pochita afirma que su mejor salario es conseguir que la Fundación Envejecimiento Activo y Saludable ayude a generar alegría en estas personas que tienen muchas ganas de disfrutar, otra vez, de sus mocedades.

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