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El arca de Walf: Conservar cambiando los hábitos

Un proyecto quiere evitar la extinción de diez especies de animales bolivianos con reeducación y padrinazgo.

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 29 de septiembre de 2013

Podría considerarse a Noé como el primer conservacionista de la historia pues, según la Biblia, evitó la extinción de las especies del planeta, hace miles de años, al meter a una pareja de cada una en una embarcación para salvarlas del diluvio universal. Ahora, no hay amenaza de semejante fenómeno meteorológico a la vista (sí del aumento generalizado del nivel del mar), pero la destrucción de hábitats, la caza furtiva, las tradiciones y las actividades humanas en general hacen peligrar la existencia de varios mamíferos, aves y reptiles en todo el mundo, y en Bolivia la situación no es diferente. Por eso, la organización World Animal Life Foundation (WALF) ha puesto en marcha su propia arca salvadora de una forma muy particular: “La idea es que la gente cambie su comportamiento, no es que la fundación vaya a salvar a los animales. La gente lo va a hacer”, explica la fundadora de WALF, la artista Pancara Iturralde.

El quirquincho andino, el guanaco, el pecarí del Chaco, el perezoso, el jucumari, la paraba barba azul y la barba roja, la  alondra, el delfín de río y la tataruga son los animales elegidos para subir al proyecto Arca de Noé, un Plan Nacional de Desarrollo Sostenible para la Conservación en consonancia con el principio del organismo que lo lleva a cabo: “integrar valores como el respeto y amor por los animales dentro de las prácticas actuales de la sociedad”.

En la primera fase del proyecto, a cada uno de estos animales (salvo la londra, el bufeo, el jucumuari y el guanaco, que formarán parte de la segunda etapa) se le asigna una madrina o un padrino que participa en la campaña de información. El quirquincho está patrocinado por Roberto Mamani Mamani, que ha elaborado prototipos de matracas de madera para luchar contra la costumbre de hacer este instrumento usando cuerpos de armadillos (aunque en Oruro ya hay una normativa que lo prohíbe, la Ordenanza Municipal 31/99); el perezoso tiene como madrina a Guísela Santa Cruz, “porque es cruceño, como ella”, cuenta Pancara, quien ha elegido personalmente a los protectores de cada animal. La tataruga o peta gigante tiene el padrinazgo del guitarrista Piraí Vaca, y al amparo del artista Fabio Zambrana está la paraba barba azul. Aún quedan algunos protectores por definir, en este plan que acaba de empezar y que durará entre cinco y diez años.

Vulnerable : el quirquincho andino. El único que vive en el frío y la altura

El Chaetophractus nationi   o quirquincho andino es el único armadillo del continente que habita en zonas altas y frías. Por ello, tiene más pelo, que tiene un tono entre blanco brillante y canela, dependiendo del ejemplar.

La reducción de los arenales donde habita y la caza para fines tradicionales son dos de las amenazas que lo han puesto en situación de vulnerabilidad, según el Libro Rojo de la Fauna Silvestre de Vertebrados de Bolivia (esas categorías son las que aparecen junto a la foto de cada  uno de los animales).

Vive en La Paz, Oruro y Potosí, además de Argentina y Chile. Se ha reducido en 30% en la última década.

En peligro: la tataruga o peta gigante. Es la tortuga más grande del país

La tataruga es la tortuga más grande del país: puede alcanzar los 60 kg de peso. Se caracterizan por las manchas amarillas que los machos tienen en la cabeza.

Se distribuye por Pando, Beni, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. La comercialización de su carne y de sus huevos (es una rica fuente de proteínas para las poblaciones ribereñas) es el mayor problema que afecta a la Podocnemis expansa, según Conservación Internacional Bolivia. Además, la deforestación de las cabeceras de los ríos y el cambio climático provocan subidas de las aguas de los ríos que inundan los nidos impidiendo la eclosión de los huevos de las petas.

Peligro crítico: La paraba frente roja Hay menos de 1.000 ejemplares

Se puede ver a algunos de los escasos ejemplares de Ara rubrogenys  o paraba frente roja sobrevolar los valles secos interandinos o los bosques semihúmedos de Santa Cruz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí.  Es una especie endémica de Bolivia de la que quedan menos de 1.000 ejemplares. WALF, dentro de su plan, tiene previsto formar a los comunarios para que la conserven, pues está próxima a la extinción. En Singapur hay un aviario, cuenta Pancara, en el que crían tanto a esta especie como a la Barba Azul, pero no se pueden traer a Bolivia porque les cuesta adaptarse. El tráfico ha menguado la población salvaje.

Vulnerable: el jucumari u oso andino Su población mundial está en riesgo

No tiene etapa de modorra, como sus primos del Hemisferio Norte, y tiene 13 costillas, una menos que el resto de los osos. El Tremarctos ornatussiempre, reconocible por las manchas blancas o amarillas alrededor del hocico, los ojos y el cuello, puede alcanzar los 175 kilos de peso, lo que lo convierte en el carnívoro más grande de los Andes Tropicales. La destrucción de su hábitat, la caza furtiva, la captura para tenerlo como mascota y los encuentros casuales con personas están reduciendo su población, no sólo en Bolivia, sino en todo el continente. De seguir así, para 2030 podría estar en la categoría de “En Peligro”.

Peligro/extinta: el guanaco, camélido salvaje. Quedan entre 150 y 200 en Bolivia

Se encuentra en el Gran Chaco, al suroeste del Parque Nacional Kaa-Iya. También se le ha observado en cordilleras de Oruro, Potosí y Chuquisaca, según el Libro Rojo. Hay dos subespecies: Lama guanicoe cacsilensis, que está Extinta en Vida Silvestre, y L. g, guanicoe, En Peligro Crítico.

Es el más grande de los camélidos sudamericanos silvestres. Su pelaje es marrón claro, blanco en la parte interior, desde el cuello, esbelto, a la cola. Pesa entre 93 y 130 kilos. Su cabeza es fina, tiene orejas largas en punta y una hendidura en el centro de los labios.

La disminución de su espacio es lo que la hace peligrar. En su caso, la pérdida de pastizales en el Chaco. También la competencia con otros mamíferos domesticados de pezuña, el aislamiento entre grupos y la cacería. Quedan entre 150 y 200 ejemplares de guanaco en Bolivia. En otros países donde también habita —Perú, Chile, Argentina y Paraguay— no se encuentra en peligro.

Vulnerable: el delfín de río o bufeo. Otra especie autóctona de la que apenas hay estudios y normativas

Aunque su nombre diga que es rosado, lo cierto es que el tono de un ejemplar puede variar bastante respecto a otro: los hay blancuzco-rosados y grises. Tiene una frente saliente y su hocico es alargado.

El bufeo colorado, delfín rosado o bufeo boliviano (Inia boliviensis) es el único cetáceo del país. En Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela hay otra especie, cuyo nombre científico es Inia geoffrensis, del que se creía que el de los ríos bolivianos era una subespecie. Sin embargo, se ha determinado que es un animal endémico de la zona amazónica de Bolivia.

Tiene visión reducida, situación que se torna más grave teniendo en cuenta lo turbias que están las aguas en las que vive. Sin embargo, gracias a un pequeño sistema de emisión de ondas de baja frecuencia, puede moverse perfectamente en busca de peces, cangrejos y otros animales acuáticos. Incluso, en la época en la que los ríos se desbordan e inundan los bosques,  el bufeo se mueve ágilmente entre los árboles.

No hay demasiados estudios sobre este animal, pero se sabe que la polución de las aguas, la construcción de represas e, incluso, los motores de las embarcaciones (que produce contaminación acústica y cuyas hélices los lastiman y matan), así como la caza de este animal son las amenazas que pueden acabar con él, y más teniendo en cuenta que apenas hay normativas que lo protejan.

Peligro crítico: la paraba barba azul. Un ave también endémica con pocos ejemplares

El cuello azul es el rasgo por el cual le dieron su nombre común a la Ara glaucogularis, la paraba barba azul. Hace 50 años que su situación es crítica.

Actualmente,existen alrededor de 300 ejemplares de esta especie endémica que vive en las pampas del departamento de Beni. El tráfico ilegal y la tala de bosque son sus mayores amenazas.

Su tráfico está prohibido en Bolivia desde el año 1984, pero ello no ha impedido que se siga produciendo y, de hecho, desde hace unos años, especialmente desde su redescubrimiento en 1992, “la población de esta ave ha ido descendiendo de manera alarmante”, según Conservación Internacional.  

Mide 85 cm, pesa entre 600 y 800 gramos y se alimenta de diferentes tipos de palmera, aunque especialmente del motacú (Attalea phalerata). 

También anida en estos árboles con su pareja (es monógamo), con la que siempre suele estar. Normalmente, sólo uno de los pichones que cría llega a desarrollarse, por lo que su éxito reproductivo es muy bajo.

Menor preocupación: el perezoso. Al entrar en la ciudad, lo toman de mascota

No se encuentra en situación de riesgo como el resto de animales del proyecto Arca de Noé, pero WALF se ha preocupado por él, cuenta Pancara Iturralde, porque el perezoso (Choloepus hoffmanni) deja su hogar y entra a las ciudades, donde la gente lo retiene como mascota. Por ello, tanto esta organización como la Alcaldía y el zoológico de Santa Cruz de la Sierra, coordinan para ayudar a que este mamífero permanezca en su hábitat.

Está categorizado como Menor Preocupación en la Lista Roja de Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Este animal se distribuye en dos zonas de Sudamérica:  desde Nicaragua hacia el suroeste de Venezuela, y del centro-norte de Perú, pasando por el oeste de Brasil hasta el centro de Bolivia.Vive en bosques tropicales donde se alimenta de hojas, frutos y savia. Por el momento, parece que es el grupo del norte del continente el que está más amenazado por destrucción de su hábitat y por la caza.

En peligro: El chancho chaqueño. Hace cuatro décadas se lo consideraba extinto, fue redescubierto

En 1975 fue redescubierto en el Chaco paraguayo. Hasta entonces, se le consideraba extinto.  Se distribuye por el sureste de Bolivia y norte de Paraguay y Argentina. En total, abarca un territorio de 140.000 km.

Mide entre 1,025 y 1,093  metros de altura (las hembras suelen ser más grandes que los machos), y su peso oscila entre los 30 y 40 kilos. Es el más grande de los cerdos salvajes del país. Su piel es gris, algo más clara en los laterales, y tiene cuatro pares de mamas.

Este animal, cazado habitualmente y con un hábitat en continua destrucción, está en peligro en los tres países. “Hay otros chanchos de monte que se pueden comer”, indica Pancara. Por ello, dentro del Plan Nacional de Desarrollo Sostenible para la Conservación, WALF tiene previsto colocar carteles en las carreteras para informar de que este animal se encuentra en peligro de extinción.

Se alimenta de cactus y de algunas otras plantas pero, a veces, también de carroña y pequeños vertebrados. Es básicamente diurno y vive sólo (de ahí uno de los nombres del Catagonus wagneri) o en grupos de hasta cinco individuos.

No se sabe cuál es la población de chanchos chaqueños en Bolivia y, según el Libro Rojo de los Vertebrados, son necesarios estudios que lo determinen para, así, poder tomar medidas de protección en las que se implicaría a los ganaderos de la zona del Chaco que abarca territorios de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca.

En peligro: la londra o nutria gigante. Un animal sociable afectado por la cacería

Según Conservación Internacional, “es inconfundible por su gran tamaño”: mide 1,8 metros  y pesa entre 24 y 34 kilos. La Pteronura brasiliensis o londra es un tipo de nutria que habita en ríos, pantanos y lagunas tropicales y subtropicales de Venezuela, Colombia, Surinam, Guyana Francesa, Brasil, Perú, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

Pasa tiempo tanto dentro como fuera del agua, normalmente en grupos de 5 a diez individuos. En su dieta hay peces de gran tamaño, serpientes y caimanes pequeños. Este animal de piel oscura, orejas y cabeza pequeñas y bigotes, es muy sociable: conseguir alimento,  asearse y descansar se hace en comunidad. Y le encanta comunicarse: tiene hasta  vocalizaciones diferentes.

El consumo de su carne y de su piel por parte de los pueblos indígenas, así como la caza furtiva para traficar con su cuero y la contaminación minera son los peligros que acechan. Incluso, le afecta la idea que tienen los mineros de que la londra acaba con los peces.

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