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Lealtad al cacharro: Los socios del Club Brasilias dicen que el auto es parte de la familia

El motor en la parte trasera y el ruido que genera hacen de este vehículo de Volkswagen un modelo muy especial.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 21 de diciembre de 2015

Danushia, la esposa de Sergio Campos, no estaba de acuerdo con el nombre del Volkswagen Brasilia que acababan de comprar, por lo que se mezclaron en un debate en apariencia interminable, hasta que un día la disputa fue dilucidada por la hija de ambos, cuando se refirió al vehículo como Don Tití. Desde entonces, el coche verde lechuga modelo 1980 se ha convertido en parte inseparable de la familia y en un símbolo del Club Brasilias Bolivia, un grupo de amantes de esta máquina a la que califican de leal.

“Los que tienen coches nuevos me piden que levante mi carcacha de la carretera, pero ni bien pisa el asfalto se hace respetar”, asegura Sergio, y como muestra de su cariño da unas palmadas al capó de su auto, como se lo hace con los amigos de mucha confianza. Si bien Don Tití sufre las consecuencias del tiempo y le falta un poco de pintura, su dueño lo mantiene limpio y le añade adornos y accesorios que le dan cierta personalidad. Como las luces alógenas amarillas que usa para recorrer las rutas paceñas. Ama a su Brasilia.

A principios de los años 70, la empresa Volkswagen estaba sustentada por tres modelos: la peta, la combi y el karmann. Ante este panorama, Leining Rudolph, presidente de la firma de coches en Brasil, se puso como meta construir un auto que sustituyera la producción anterior. Es por ello que para celebrar los 13 años de la creación de la capital del país vecino, en 1973 fue presentado el Brasilia, un vehículo ágil y fácil de manejar, con un motor en la parte trasera muy ruidoso que lo diferencia de los demás. Tal vez esas características han hecho de estos vehículos un objeto apreciado en el continente americano, incluido el país, donde los fanáticos de este singular modelo dieron vida al Club Brasilias Bolivia. Sergio es uno de los 30 socios activos de la agrupación, fundada el 8 de septiembre de 2013 con personas que coincidían en el mismo sentimiento.

“Nos juntamos entre algunos amigos para compartir nuestras experiencias, así es que decidimos ampliar el grupo a todos los que tuvieran su Brasilia”. Rodrigo Zenteno, el presidente de esta organización, recuerda de esa manera a Danilo Machicado, Paul Valenzuela y Fidel Delgado, apasionados por los coches que fueron fabricados hasta 1982.

Rodrigo tiene a su Negra Brazuca, su primer y hasta ahora único auto, el que adquirió hace 15 años, antes de ingresar a la universidad y con el que ha compartido tantas historias que lo considera parte inseparable de su vida. Cuando se le pregunta si lo vendería, responde con un taxativo: “No sale de mi familia”.

En su caso, este apego le fue inculcado por su progenitor. Raúl Mendoza  aprendió a manejar con un Brasilia cero kilómetros modelo 1975 que su padre compró en una importadora. Una vez que el ahora médico formó su propia familia, su economía solo alcanzaba para conseguir un motorizado barato. Y se acordó de la Brasilia: “Parecía como hecho en manualidades; íbamos parchando una cosa, parchando otra, hasta ponerlo bien”. Con el tiempo adquirió otros vehículos, pero Raúl guardaba un deseo que se lo confesó un día a su esposa Carolina: tras jubilarse iría a comprar un Brasilia para pasear los fines de semana. El sueño se hizo realidad hace ocho meses, cuando obtuvo a su Mona, un coche azul plateado con aros y escape deportivos. “Hemos pasado los mejores momentos con mis hijos, hemos viajado a todo lado, incluso nos aventuramos a los Yungas cuando aún no había la carretera asfaltada. Es un auto muy noble”. Esta sensación también es compartida por Daniela Murillo, una de las pocas mujeres en el club y que maneja uno al que bautizó como Brasilia, igual que el nombre del modelo. El vehículo rojo perteneció a su madre, pero como “no lo utilizaba”, decidió quedárselo. “Ni bien aprendí a manejar saqué el Brasilia y desde ese momento no lo suelto”.

Es probable que lo que más le agrade sea la lealtad de los fierros, porque “me han chocado y yo igual seguía manejando. Llega a donde tenga que llegar, a veces rodando, apenas, pero llega. Yo no sé, pero uno lo siente muy noble”. Estos imponderables han hecho que Daniela también sea una entendida en mecánica y que con sus amigas hable del cambio de un cigüeñal o de una correa ventiladora, “pero todos aman a mi Brasilia, porque nos lleva a cualquier parte”. “Prácticamente he nacido en este carro”, asevera Fidel Delgado, vicepresidente del club, acerca de su primer encuentro con este modelo de Volkswagen. Su apego se reflejó cuando consiguió la licencia de conducir y quiso hacer “modificaciones” al coche de la familia, pese a la reticencia de su padre. Un día, en la Feria 16 de Julio de El Alto, Fidel encontró un Brasilia plomo oculto debajo de autopartes usados y repuestos de otros automóviles. Al principio, los dueños se lo ofrecieron en 1.000 dólares. “Si te animas ahorita, llevátelo en 900”. Esa misma tarde retornó con su madre para iniciar la transacción, hasta que finalmente cerraron el negocio en 800.

Desde ese momento, Fidel ha dedicado gran parte de su tiempo a la Leo. Tal es así, que muchas veces prefiere trasladarse en bicicleta a su trabajo con el objetivo de ahorrar dinero y comprar lo necesario para mejorarlo, el fiel compañero con el que incluso ganó competencias de cuartos de milla organizados por la Asociación Paceña de Aceleración y Tuning. “Todos piensan que un auto es fierro y lata, pero con mi papá nos hemos acostumbrado a verlo como parte de la familia”. Fidel llega a creer que su Leo siente celos. “Tenía una chica a quien no le gustaba mi coche y cuando iba a pasear con ella, siempre pasaba algo, se pinchaba la llanta o se rompía el cable del acelerador”. Así es que un día tuvo que elegir. Ahora enamora con Ana, que “siempre se preocupa por la Leo”.

Por otro lado, existen socios del club que tienen afición por modificar sus automóviles de acuerdo con sus gustos personales, como Ariel Apaza, quien reflejó su simpatía por los animés y mangas en su Brasilia blanco, que tiene además imágenes pintadas de las series Le Portrait de Petit Cossette y Tokio Ghoul en los costados y en la parte delantera. Edwin Espinoza tiene en Demian —su Brasilia rojo y negro— un lienzo metálico donde deja volar su imaginación en las modificaciones. De hecho su auto es blanco, pero lo cambió de color por dentro y por fuera para que se transformase en una obra de arte, a la que aumenta detalles para darle su propia personalidad.

Otro ejemplo es un motorizado Volkswagen transformado en buggy, que cuando Ricardo Rivas lo vio por primera vez  “se enamoró inmediatamente”, cuenta su papá Julio, cómplice de la obsesión. Esta agrupación de fanáticos tiene en la actualidad 85 socios en La Paz, 25 en Oruro, 20 en Cochabamba, 15 en Potosí, dos en Tarija y, por ahora, uno en Sucre. Rodrigo explica que para afiliarse a la organización existe la condición de tener un Brasilia, pagar 10 bolivianos para la roseta que los identifica y asistir a las reuniones. Además de los números de teléfono (70534415 - 70549718) y el grupo de Facebook (Brasilias Bolivia, que tiene más de 1.730 miembros), el club cuenta con un número de WhatsApp mediante el cual los socios ayudan a quien tuviese algún problema con su vehículo.

Ésa es una de las razones por las que el auto de Sergio es el más querido por los miembros del club. “Don Tití ya es una leyenda porque se planta en todo lado, entonces él (Sergio) pone en la red dónde se encuentra y le ayudamos a cambiar la llanta. A veces se sale el cable del acelerador o se descarga la batería, debemos ayudar a empujar”, revela Rodrigo. Acerca de su Brasilia, Sergio confiesa que si bien se pensó en la posibilidad de vender a Don Tití, Danushia “le ha agarrado cariño y creo que se quedará por un largo tiempo. Es parte de la familia”.

Breve historia del Brasilia

Brasilia es un vehículo que se produjo entre 1973 y 1983 por Volkswagen do Brasil. El objetivo de este proyecto era fabricar un auto práctico y económico para su uso en los centros urbanos, con más espacio por dentro y manteniendo la robustez de las petas.

En un inicio, la prensa especializada no sabía cómo encuadrarlos, si como una miniperua VW, una mini Variant o un anti Chevette. No obstante, el Brasilia tiene personalidad propia, con líneas rectas y modernas, y un vidrio amplio que permite ver en todas las direcciones.

El coche, que debe su nombre a la capital brasileña, está equipado con un motor de 1.584 cc montado en la parte trasera, refrigerado con aire y con cuatro cilindros opuestos.

Es, además, el segundo modelo Volkswagen en el mundo en ser construido fuera de Alemania —el primero fue el también brasileño SP2, en 1972—.

Como la producción había superado el medio millón de unidades para 1975, se armaron otras 126.000, pues era buscado por jóvenes y familias pequeñas. En 1976 se adoptó el motor para ser alimentado por dos carburadores, que aumentaron su potencia a 65 HP (caballos de fuerza), pero su principal problema era el ruido interior. Si bien se presentaron versiones con acabados más lujosos, nunca se solucionó este problema. En 1978 salió la versión de cinco puertas, que fue más del agrado de los taxistas que de las familias. En 1980 apareció el Brasilia LS, una versión más equipada y con un tablero con más instrumentos. Los asientos son de un diseño más anatómico y con cabeceras delanteras.

En la parte frontal se destacan cuatro faros redondos y luces direccionales integradas en el guardabarros. Su parte lateral es armoniosa y equilibrada. Debajo de la ventana lateral trasera se aprecian grandes tomas de aire para la refrigeración del motor. Mientras que en la parte trasera, debajo del parachoques, una pequeña parrilla esconde el caño de escape.

En mayo de 1980, Volkswagen do Brasil presentó el modelo GOL, un auto más moderno y atractivo, lo que determinó la caída del Brasilia, que terminó su producción en marzo de 1982, después de más de 1 millón de unidades, de las que 950.000 fueron comercializados en Brasil.

En Bolivia se adaptó muy bien a los terrenos del país, tanto así que entre 1975 y 1985 ingresaron más de 176.000 unidades de estos motorizados. El Brasilia fue exportado a Colombia, Chile, Uruguay, El Salvador, Filipinas, Paraguay, Honduras y Nigeria, mientras que en el continente europeo se comercializó en Portugal. La planta de Volkswagen de la población de Palma Sola, en el estado de Carabobo, también produjo este modelo de vehículo.

Características del modelo

• Motor: Refrigerado por aire

• Cilindros: Cuatro cilindros opuestos

• Cilindrada: Entre 1.550 y 1.600cc  

• Carburador: Un cuerpo (una boca)

• Potencia: 60 a 65 HP (caballos de fuerza)

• Tracción: Trasera  

• Consumo: 140 kilómetros con 10 litros

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