Escape

En busca de la fantasía

El Valle de las Hadas queda en Caranavi y ofrece pozas y cascadas naturales, además de la vista de una fauna exuberante.

En El Valle de las Hadas solo se escuchan los sonidos de las aves, del río y de las ramas que se mueven con el viento caluroso. Foto: Marco Fernández

En El Valle de las Hadas solo se escuchan los sonidos de las aves, del río y de las ramas que se mueven con el viento caluroso. Foto: Marco Fernández

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 11 de octubre de 2015

Un rincón para escapar del caos de todos los días. Deja todo y ven a El Valle de las Hadas”, reza el eslogan de este alojamiento en la faja de los Yungas paceños. Javier Orías, propietario del lugar, cuenta que hace 30 años, cuando visitó por primera vez el paraje ubicado en el cantón Incahuara de Khullu K’uchu de la provincia Caranavi, le maravillaron las pozas y cascadas naturales, su fauna variada, además de una vegetación casi intacta de la influencia humana.

Fue así como años después adquirió un terreno para compartir su experiencia con otros visitantes. “La idea era hacer una cabaña lo más rústica posible, para que la gente llegue y se remonte a las épocas de cuando salíamos de día de campo en familia”. Al cruzar el río Coroico, a través de un puente metálico, empieza una experiencia bucólica, pues se atraviesa por un sendero de tierra bañado por hojas secas. A partir de ahí solo se escuchan los sonidos de las aves, del río y de las ramas que se mueven con el viento caluroso. Así, después de 20 minutos desde la vía que comunica con Caranavi, se encuentra un puente colgante que lleva a lo recóndito de los Yungas: El Valle de las Hadas.

Con temperaturas que fluctúan entre los 20 y 30 grados celsius, el alojamiento está ubicado en una meseta con cerca de una hectárea de extensión. En medio está una cabaña con 14 camas estilo camarote, refrigerador, una batería de baños y duchas, “lo necesario para que la gente se sienta cómoda”. 

Javier explica que la intención es que los grupos de amigos o familiares tengan un lugar exclusivo y privado, por lo que se dispone de una cocina amplia y un espacio para parrilladas. A diez minutos de caminata se llega a la primera de las cinco pozas de agua cristalina del río Khullu K’uchu (Rincón de la Codorniz traducido del aymara), que permiten nadar tanto a niños como mayores.

Es el lugar perfecto para observar uchis, kewis, celestinos o tunkis, que son aves de la región. También se puede apreciar ardillas y una variedad de mariposas. Por las noches se puede sacar fotos de orbs, unas partículas redondas y luminosas que aparecen por el efecto de retrodispersión de los flashes en las cámaras fotográficas, que muchos lo asocian con las hadas. De ahí el nombre. Con el fin de que el grupo tenga privacidad se alquila toda la cabaña a 200 dólares por tres noches. La comida tiene un costo adicional de Bs 80 por persona y, si se requiere vehículo para llegar al lugar, el pasaje ida y vuelta cuesta Bs 120.

Para coordinar las visitas se puede llamar a los teléfonos 71535613 y 69786603, o comunicarse a través de Facebook con El Valle de las Hadas. “Es un lugar místico, tranquilo, especial, donde se siente mucha paz, con la presencia de este fenómeno natural”, comenta Javier, quien después de 30 años de haber llegado por primera vez a Incahuara de Khullu K’uchu quiere que más personas sientan la misma experiencia.

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